Puesto fijo para Delibes

G.G.U.
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Santa María del Campo, localidad en la que el escritor abrió más de 15 temporadas de caza, inauguró ayer en su honor el busto que preside el jardín homónimo. «Desde algún lugar, mi padre lo celebra», agradeció su hija Elisa

Elisa Delibes, cuarta de los 7 hijos del escritor, subrayó «cuánto amaba» su padre a Santa María del Campo. - Foto: Alberto Rodrigo

Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo, Con la escopeta al hombro o Las perdices del domingo son algunos de los libros en los que Miguel Delibes habla de Santa María del Campo, localidad burgalesa en la que durante décadas disfrutó de su pasión por la caza y que ayer le homenajeó con la inauguración de un busto que encargaron para el jardín que le han dedicado, de nuevo en agradecimiento al amor que el carismático escritor castellano manifestó tanto por el pueblo como por sus habitantes, algunos también inmortalizados en sus páginas.

En bronce y en actitud pensativa, Delibes parece observar sobre su peana el paso de las horas en el que fuera uno de sus lugares de regocijo preferidos. Así lo recalcó su hija Elisa, presidenta de la Fundación Miguel Delibes y representante ayer de la familia junto a una de sus cuñadas. «A mi padre, un ser depresivo, le ilusionaba oír hablar de Santa María del Campo», dijo Delibes, destacando que solo la evocación del municipio en el que abrió más de quince temporadas de caza era suficiente para que le cambiara el semblante, sobre todo cuando ya era incapaz de acompañar a la cuadrilla de los domingos.

Elisa Delibes, cuarta de los siete hijos del escritor, admitió que ayer era su segunda visita a ese pueblo al que su padre y sus hermanos Adolfo, Juan y Germán eran -y son- tan aficionados y, de hecho, utilizó unas palabras de este último para explicar por qué. En concreto, leyó unos párrafos de la descripción de Santa María del Campo que el tercero de los hermanos Delibes redactó para el tomo cinegético de las Obras Completas. Así explicó el interés de ese «pueblo perdicero» que «frecuentamos más de quince temporadas completas», en convivencia con cazadores oriundos, otros de Burgos y un grupo francés. En concreto, ellos solían apostarse en el Cuartel del Arroyo Madre, donde los jóvenes Delibes no solo perfeccionaron sus habilidades para abatir perdices, sino que hicieron amistad con los lugareños. «Ahora sé que, desde algún lugar, en alguna parte, mi padre celebra esta decisión», concluyó Elisa, entre los aplausos del concurrido público, la mayoría recién salido de misa.

En el parque de Delibes también se homenajea a las corporaciones democráticas. En el parque de Delibes también se homenajea a las corporaciones democráticas. - Foto: Alberto Rodrigo

Entre los asistentes estaba el autor de la escultura, el palentino Sergio García, quien explicó a este periódico que dedicó tres meses de trabajo a la obra, inspirada en una fotografía del autor. «Hice unos bocetos en miniatura a partir de varias imágenes, que luego presenté a la Corporación. Escogieron esta, que también es la que más me gusta a mí porque es muy representativa de Delibes, con el ceño fruncido y el rostro serio, austero, como era el», dijo García, que como base del busto ha añadido unos libros, también de bronce, «para romper la composición de un torso convencional». Como remate de la pieza -«con la que he disfrutado mucho», recalcó - el palentino dio un tono madera, que se oxida menos que la habitual pátina verde.

Para terminar, el párroco bendijo -profusamente- la escultura y una de las vecinas leyó un texto de Delibes, aunque el temporal de viento quitó sentimiento al momento, porque en ocasiones era imposible entender lo relatado.

Al acto oficial sobre Delibes sucedió la inauguración del monolito dedicado a las corporaciones democráticas, dado que ayer se cumplían 40 años de la presentación de la primera candidatura. Así lo recordó el alcalde, Dositeo Martín, quien tuvo palabras para los anteriores corporativos, y muy especialmente, para la exalcaldesa, Beatriz Cantero, que fue la promotora del homenaje a Delibes.