La derecha cerca a Sánchez en un debate que constata el bloqueo

Leticia Ortiz (SPC)
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El socialista no aclara si pactará con los separatistas, pero también se aleja de Iglesias, que ofrece una nueva coalición. Casado y Rivera se enzarzan en varias ocasiones buscando convencer al centroderecha, mientras que Abascal rehúye las batallas

La derecha cerca a Sánchez en un debate que constata el bloq - Foto: Juan Carlos Hidalgo

Cuando uno de cada tres ciudadanos se mueve entre la abstención y la indecisión a apenas cinco días de la cita con las urnas, el único debate a cinco de la campaña se presentaba ayer como clave para que los candidatos tratasen de ganarse el favor de esos españoles que aún no tienen claro si votarán el domingo y, en caso de hacerlo, a quién. 
Y es que al contrario que el pasado 28 de abril, donde los líderes de los grandes partidos se vieron las caras en dos ocasiones, en este 10-N se la jugaban a una carta. A pesar de ello, fue un encuentro un tanto descafeinado, con cada candidato intentando encontrar su sitio, pero evidenciando ciertas tendencias ya vistas en las últimas semanas: el líder del PP, Pablo Casado, y el de Ciudadanos, Albert Rivera, se enzarzaron en multitud de ocasiones, buscando rascar votos del centroderecha; el aspirante de Podemos, Pablo Iglesias, con esa imagen menos crispada que ya mostró en abril, intentó vender la coalición a un candidato socialista, Pedro Sánchez, que hizo oídos sordos al ofrecimiento para mantener un perfil de estadista, anunciando distintas medidas que aún no había lanzado en campaña; y el novato en estas citas, el presidente de Vox, Santiago Abascal, evitó el cuerpo a cuerpo con el resto de aspirantes (salvo los enfrentamientos a cuenta de la Memoria Histórica) para centrarse en desgranar las medidas de su partido. El ganador, al final, fue el bloqueo político al que parece estar destinado de nuevo el país tras la cita del domingo.
El debate, organizado por la Academia de la Televisión, arrancó con una pregunta para cada participante que Vicente Vallés y Ana Blanco, moderadores del evento, centraron en la situación que vive España por la no formación de Gobierno. Sánchez fue señalado por el resto de aspirantes como el gran culpable de la repetición electoral y el líder del PSOE se descolgó exigiendo que, en caso de que no se consigan acuerdos después del próximo domingo, se permita gobernar a la lista más votada. No hay que olvidar que todas las encuestas vaticinan un triunfo socialista en las urnas.
Las intervenciones iniciales dieron paso al bloque de cohesión de España que, a pesar del intento de Iglesias de poner el mundo rural en el centro del debate, se centraron en Cataluña. Fue Rivera el primero que buscó un golpe de efecto al mostrar un trozo de granito del suelo de Barcelona utilizado para agredir a los agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, culpando al presidente del Gobierno en funciones de los disturbios. Un argumento que respaldaron Casado y Abascal en sus turnos de palabra. Precisamente, el líder del PP puso contra las cuerdas al socialista por primera vez en el debate al cuestionarle en varias ocasiones si consideraba que Cataluña es una nación. La pregunta, que ya le hizo la popular Cayetana Álvarez de Toledo a la socialista Adriana Lastra en el encuentro de portavoces del pasado viernes, se quedó en el aire. No fue la única cuestión sobre Cataluña que Sánchez evitó contestar. Así, Casado y Rivera unieron fuerzas un rato más tarde para interrogar al secretario general de Ferraz sobre si tiene previsto pactar con los independentistas para repetir como inquilino de La Moncloa. Rehuyó la respuesta el socialista, que se limitó a culpar al PP y a Cs de la repetición electoral por haberse negado a abstenerse en su votación de investidura.
En este primer bloque, Sánchez avanzó que si gana las elecciones recuperará en el Código Penal la penalización de referéndums ilegales. El anuncio se le volvió en contra, ya que los candidatos de la derecha le recordaron que fue el PSOE el que eliminó en 2005 los castigos por celebrar consultas de autodeterminación.

Enfrentamientos cruzados

Durante el bloque de medidas económicas, los candidatos comenzaron a soltarse y se vieron los primeros enfrentamientos fuertes y cruzados, no solo entre los partidos de derechas y de izquierdas sino entre los candidatos de los propios bloques. Así, Rivera atacó a Casado por la corrupción pasada del PP, lo que llevó al líder popular a pedir al naranja que no intente darle lecciones porque Cs, pese a ser un partido nuevo, ya ha tenido casos de corrupción en Arroyomolinos y Valdemoro (Madrid). «No sea cutre», le espetó el catalán, que le recordó que su partido ha sido protagonista de la Gürtel o el de los papeles de Bárcenas. 
Por su parte, el candidato socialista aprovechó para anunciar que, en caso de llegar al poder, creará una Vicepresidencia económica que tendrá al frente a una mujer, la actual ministra en funciones Nadia Calviño. Asimismo, avanzó que si gobierna creará un Ministerio para la lucha contra la despoblación y el reto demográfico. Los anuncios no le sirvieron a Sánchez para evitar los ataques de la derecha. Casado, por ejemplo, recordó que las medidas que promete el PSOE en su programa costarán al año 1.000 euros más de impuestos a cada español.
Por su parte, el líder de Vox atacó el gasto de las autonomías y pidió elegir entre éstas o crear empleo y bajar impuestos. Una postura «incoherente», según Rivera, que le recordó que él trabajó en un «chiringuito autonómico» del que cobraba 80.000 euros «por no hacer nada».

El ‘toque’ de ana blanco

La parte de política social e igualdad se abrió con Ana Blanco haciendo un reproche, muy celebrado en las redes sociales, a todos los candidatos: «Me van a permitir que haga una referencia a la foto de este debate, con cinco candidatos y ninguna mujer presente. Supongo que hablarán ahora de paridad, pero, en este momento, esta no es una foto de igualdad».
La reforma de los delitos sexuales en el Código Penal y de la ley de violencia de género fueron los dos grandes temas en los que los candidatos se enzarzaron. Iglesias, como ya hiciera en abril, atacó a Casado por su postura tibia sobre el consentimiento. «Solo sí es sí», le espetó. El candidato popular le replicó que «Unidas Podemos no va a dar lecciones al PP» sobre violencia de género ni sobre «esos energúmenos de «las mal llamadas manadas» que, en su opinión, deberían llamarse «jaurías». 

Por su parte, Sánchez reclamó a PP y Ciudadanos que se desmarquen de Vox porque lo que la «ultraderecha» quiere es acabar con la ley de violencia de género. Abascal se defendió recordando que esta normativa no ha servido para reducir el número de mujeres asesinadas y recalcó que, aunque ningún candidato lo diga, desde el caso de la manada de Pamplona se han producido más de 100 casos de este tipo en los que el 70 por ciento de los imputados son extranjeros. 
franco. La corrupción y la Memoria Histórica, que salieron a reducir en el bloque de calidad democrática, desataron a los candidatos que, casi una hora y media después del inicio del debate, subieron el tono en la parte más violenta dialécticamente del debate.
Todo se calentó cuando el aspirante de Vox le reprochó al del PSOE que, en lugar de traer a España la concordia y la reparación de las víctimas, se haya dedicado a reabrir viejos odios y dividir con la exhumación de Franco en un momento en el que lo que más necesita el país es la unidad frente a los separatistas. «La dignidad, la justicia, la reparación y la memoria es cerrar heridas», le interrumpió Sánchez. En ese momento, pidió la palabra Iglesias para preguntar «¿qué pensarían en Alemania si alguien dijera que ojalá uno pudiera reivindicar a su abuelo de la SS y otro a su abuelo judío que murió en un campo de concentración». «Mi abuelo no era de la SS ni de nada que se le pareciera», replicó Abascal a Iglesias y le advirtió que ni él ni Sánchez le van a dar lecciones de defensa del orden constitucional porque es el único de los candidatos que «se ha jugado la vida en el País Vasco».

‘Minuto de oro’

Tras un último bloque sobre política internacional anodino, en el que solo la promesa de Sánchez de traer a España al expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, huido de la Justicia tras el referéndum ilegal del 1-O, se salió de lo esperado, llegó el minuto de oro de los candidatos. Abascal repasó los puntos importantes de su programa antes de acabar con un «¡Viva España!»; Rivera se apropió del «sí se puede» de los morados para mostrar su confianza en que los españoles pueden cambiar las cosas; Sánchez se vendió como un hombre de Estado; Casado pidió el voto para formar un «Gobierno para todos»; e Iglesias, el encargado por sorteo de cerrar el debate, cedió su espacio para leer el testimonio de una joven votante.