El crimen de Ana Belén sigue sin fecha de juicio tras 2 años

R.C.G.
-

La fase de instrucción se ha dilatado más de lo esperado porque se han recabado infinidad de pruebas. Si se comprueba que hubo violencia de género previa se agravaría la pena para Agustín Herrero, que permanece desde el asesinato en prisión

El crimen de Ana Belén sigue sin fecha de juicio tras 2 años - Foto: Ruth Laguna

Los primeros días de octubre se cumplieron dos años del asesinato de Ana Belén Jiménez, un crimen que conmocionó a la sociedad mirandesa. Su cuerpo fue encontrado en un coche aparcado en las inmediaciones de la Casa de Cultura con evidentes signos de violencia. Horas más tarde fue detenido su marido, quien tras pasar una noche en el calabozo, acabó confesando los hechos.
Desde entonces Agustín Herrero está en la cárcel pero todavía no se sabe el tiempo de condena ya que el juicio ni siquiera tiene aún fecha para su celebración. Los motivos por los que se está dilatando tanto el proceso radican en que la fase de instrucción ha durado mucho más de lo previsto, primero por competencias entre administraciones ya que el asesinato se produjo en la localidad alavesa de Turiso, en la que residía la pareja, pero el cadáver se encontró en Miranda, y sobre todo porque se han recabado infinidad de pruebas para determinar con la máxima exactitud lo sucedido en aquella trágica mañana. Aunque se esperaba que Herrero se sentará en el banquillo de los acusados a lo largo de este año, los plazos ahora no están tan claros. Lo que sí se sabe es que la sentencia corresponderá a un jurado popular.
Desde la asociación clara Campoamor de Vitoria, que se personará en la causa como acusación popular al margen de la acusación particular que le corresponde a la familia de la víctima, se intenta demostrar que el asesinato se produjo dentro de un contexto de violencia de género y maltrato psicológico habitual en el ámbito familiar. Si lo consigue supondrá un atenuante que agravaría la pena para Herrero, y el colectivo ya ha manifestado su intención de pedir la máxima condena por lo que solicitará la prisión permanente revisable.
La investigación policial llevada a cabo los días posteriores al crimen ya permitió encontrar pruebas que le vinculaban con el asesinato de su mujer, de la que se estaba separando. Además de su confesión, en el coche en el que fue hallada la víctima se encontraron más indicios, y en el posterior registro a la vivienda se encontró el arma homicida con el que golpeó la cabeza de Ana Belén. También se analizaron las cámaras de seguridad de la estación de servicio de la N-I ya que Herrero era propietario de un lavadero en la zona y se ha querido comprobar sus movimientos tanto el día de los hechos como en las jornadas previas que aporten más datos para reconstruir la escena, así como evidencias de que tenía premeditado el crimen. De hecho antes de acabar con la vida de Ana Belén, se le atribuyen tres brutales agresiones cometidas en la ciudad y que generaron una psicosis entre los mirandeses en el conocido como caso del ‘loco del martillo’ ya que un desconocido atacaba a sus víctimas con un objeto contundente y las dejaba inconscientes.
Según las tesis policiales Herrero pretendía desviar la atención para que cuando asesinara a Ana Belén, su muerte se enmarcara dentro de una ola de agresiones extrañas y las sospechas no recayeran sobre él. Sin embargo pocas horas después de aparecer el cuerpo, los agentes ya detuvieron a Herrero en su puesto de trabajo en la fábrica de Mercedes. La estrategia no había dado el resultado esperado ya que el visionado de las cámaras del barrio de Anduva le sitúan en la zona en los momentos previos a los que se cometieran los ataques del ‘loco del martillo’, lo que agrava su situación penal. Por ahora desde su detención permanece en la prisión de Nanclares de Oca.
Ana Belén Jiménez tenía 44 años cuando fue asesinada y trabajaba en un colegio de Rivabellosa, acompañando a los menores en la ruta escolar del autobús. Su muerte causó un gran impacto tanto en la pequeña localidad de Turiso, donde era muy querida, como en Miranda por ser el caso de violencia machista más brutal de los últimos años junto a la desaparición de Marisa Villaquirán.


Las más vistas