Una fe inquebrantable

L. Montes
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La rotura del mástil del Santísimo Cristo, que provocó su caída y partió el brazo y parte de la cruz del lado izquierdo, no impidió que la procesión saliera a la calle. Protección Civil atendió desvanecimientos y a costaleros por golpes

Todo iba según lo ensayado desde hacía varios meses. Minutos antes de las ocho de la tarde, los cofrades de la Real Hermandad de la Sangre del Cristo de Burgos y Nuestra Señora de los Dolores sacaron la réplica del Santo Cristo de Burgos de la iglesia de San Gil Abad. Con paso firme, y acompañados por el gentío y la música de cornetas y tambores, dejaron atrás el Arco de San Gil y la trasladaron hasta el trono, a los pies de la escalinata -actualmente en obras- donde se iba a izar para conmemorar el 75 aniversario de la refundación de la entidad, pero el mástil no resistió el empuje desde abajo y quebró a la altura de la base.
La talla se precipitó hacia delante, golpeando a varios costaleros en la cabeza y los hombros. Un silencio sepulcral se adueñó del ambiente. Rápidamente se recuperó el brazo izquierdo y el mástil de ese mismo lado, que fueron seccionados al instante, así como la corona de espinas, que se partió en dos y salió disparada. Entre las lágrimas, impotencia y el susto muy presente, los cofrades retornaron la imagen corriendo a la iglesia. Mientras tanto, miembros de Protección Civil atendieron a un integrante de la banda, que sufrió un desvanecimiento.También actuaron para prevenir posibles ataques de ansiedad entre los presentes. Cuando todo el mundo daba la procesión por suspendida, y aún entre lloros y caras largas, la talla, a hombros de los cofrades, volvió a hacer acto de presencia.
La procesión se celebró por el recorrido previsto, cargada con una emoción pocas veces vista. Los cientos de burgaleses que se acercaron a observarla respondieron con aplausos las lágrimas de los porteadores, que llevaron la imagen a hombros.Uno de los más afectados, y que recibió un golpe en la cabeza, no dudó en reincorporarse al paso pese a tener una herida tapada mediante una venda.

Una fe inquebrantable
Una fe inquebrantable - Foto: Patricia González
alcance inmediato. El suceso rápidamente se difundió a través del teléfono móvil y las redes sociales. Apenas habían transcurrido unos minutos cuando los vídeos fueron pasando de burgalés en burgalés, lo que provocó más interés por uno de los pasos más importantes de la Semana Santa de la ciudad.