La estética infla las nuevas burbujas comerciales

A.M.
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Entre 2017 y lo que va de 2018 han abierto 21 salones de belleza, la mayoría centrados en el cuidado de uñas. También han levantado la persiana una decena de clínicas dentales y hay otras seis en obras

Eso de emprender abriendo un bar con la capitalización del paro ya no se estila. Lo habrá, claro. En un país en el que hay una barra funcionando por cada 350 habitantes (exactamente la misma media que la capital burgalesa), lo habrá. La restauración de barrio ha sido la burbuja tradicional de la apertura de negocios a pie de calle, sobreviviendo incluso a la prohibición de fumar en los bares. Ya saben, aquello que iba a ser la hecatombe y que ahora agradecen incluso -muchos de- los fumadores.
Por la acera contraria camina el riesgo, aquellas personas que se atreven a innovar, hacer algo verdaderamente diferente y ofrecer una alternativa hostelera o comercial que acabe encontrando en la diferencia o especialización una vía de sostenibilidad a largo plazo. Hay comercios muy arraigados consagrados al cómic, a la venta de zapatillas de andar por casa, la dispensa de imaginería religiosa o la comercialización de guías turísticas -de próxima clausura por jubilación-, por citar ejemplos. Entre lo uno y lo otro, las burbujas.
Las modas, fiebres o tendencias suelen ser consecuencia de algún avance tecnológico. Los videoclubes, los comercios de telefonía móvil o las tiendas de cigarrillos electrónicos ejemplifican esos impulsos de efímera prevalencia. Otras no. Otras responden a razones de tipo social, económico o cultural. O incluso legislativo, como ha sucedido con el despliegue de multitud de salas de apuestas por toda la ciudad. Sea como fuere, cuando se manifiestan tienen un impacto en el paisaje urbano a través del alquiler o compra de locales y su incidencia en el mercado.
La nueva fiebre son los salones de estética, que en la mayoría de los casos se dedican al cuidado de las uñas, aunque también pueden ofrecer otros servicios o incluso compatibilizar estos trabajos con los de peluquería. Es la burbuja por excelencia: según los expedientes recopilados por la Concejalía de Licencias del Ayuntamiento de Burgos, entre 2017 y lo que va de 2018 han abierto 21 de estos salones. Están repartidos por toda la ciudad, pero en algunas zonas, como el centro histórico, la concentración es notable.
El siguiente negocio más replicado en las aperturas tramitadas ante el Ayuntamiento en los tres últimos años es el de las clínicas dentales. Tocó techo en 2016 con una decena de estrenos, a los que se han sumado otros seis entre hasta 2018. Hay al menos otra media docena en obras. En 2017 se rebasó la barrera de los 100 centros dentales en la capital burgalesa (alcanzaron los 101), lo que significa un crecimiento superior al 20% en el último trienio.
El Colegio de Dentistas de Burgos ya ha explicado con anterioridad que la causa está en el elevado número de universidades que ofrecen estos estudios, lo que está nutriendo de titulados jóvenes a las franquicias, que en no pocas ocasiones los contratan como autónomos por un porcentaje mínimo sobre el coste que tiene cada intervención para los pacientes. Es uno de los negocios que sí tiene un impacto directo sobre el mercado de los locales comerciales. Las franquicias buscan espacios amplios, céntricos y a pie de calle, y eso es caro.
Según recoge el Anuario Estadístico del Mercado Inmobiliario Español editado por Acuña Asociados actualizado y editado hace escasos días, la demanda de locales comerciales en Burgos es «alta y en recuperación», registrando una subida interanual del precio del 1% y dejando el precio medio de compra en 1.250 euros por metro cuadrado (10,53 euros de media por metro cuadrado en el caso del alquiler). La variación anual es más alta en el caso de las oficinas (+1,4%), un mercado de «demanda alta y en fuerte recuperación». El mismo estudio señalaba hace exactamente dos años que la demanda de locales era «muy baja» y estaba «estancada».
Tampoco pasan desapercibidos los ocho centros de fisioterapia que han abierto en los últimos 14 meses. El caso es similar al de los dentistas, aunque con menos precariedad laboral. La mayoría de los fisioterapeutas (más de 350 en Burgos) trabajan como autónomos y en ocasiones lo hacen en varios lugares diferentes. Ese régimen horario acaba siendo una carga que muchos tratan de evitar abriendo sus propios negocios, que por otro lado no requieren una gran inversión material y tampoco estar en las ‘millas de oro’ de las capitales, sino en los barrios.