El chico de la Gran Dolina llega al MEH

Angélica González / Burgos
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La escultura de Homo antecessor completa la Galería de los Homínidos, cuyas piezas han sido realizadas por Elizabeth Daynès

Así se puede ver ya a Homo antecessor en el MEH. - Foto: Ángel Ayala

Que la figura de este preadolescente con aire melancólico haya llegado a la Galería de los Homínidos del Museo de la Evolución Humana -lo hizo ayer- no ha sido fácil. Un hueco vacío le llevaba esperando casi cuatro años y solo la paciencia y las buenas artes de los responsables del MEH y de los yacimientos lo ha hecho posible. Y es que para que Elizabeth Daynès, la paleoartista responsable de las esculturas hiperrealistas de cada una de las especies, se pusiera con el proyecto fue necesario prácticamente hacer encaje de bolillos: «Ella siempre trabaja en base a los restos esqueléticos más completos que existan, de manera que le den datos de todo tipo. Ha sido una labor compleja y de muchas conversaciones convencerle con los datos que ofrecían los restos; bien es cierto que se han ido encontrando estos años y que después de la investigación han ido proporcionando lo que ella consideraba fundamental: las proporciones corpóreas, la altura, la forma del cráneo...».
Así lo explicaba ayer Aurora Martín, responsable del museo, durante la presentación en sociedad de la pieza de Homo antecessor que le faltaba a la Galería, «uno de los recursos que más interés tiene para los visitantes porque pueden ver la evolución de los homínidos desde australopithecus  hasta rhodesiensis». Martín dio las gracias al codirector de los yacimientos José María Bermúdez de Castro, porque su labor de asesoramiento científico -«y su paciencia e interés y capacidad de convicción», en palabras de Martín- ha sido fundamental para la llegada del chico de Gran Dolina, un niño de entre 10 y 12 años.
Bermúdez de Castro reconoció que la labor no había sido difícil porque los, aproximadamente, 160 restos que se conservan de Homo antecessor están muy fragmentados debido al canibalismo de la época: «Los que mejor están son los que han dado lugar a esta escultura; se trata del maxilar número 69 y del frontal número 15 que suponemos son del mismo individuo y tenemos la suerte de haber encontrado una mandíbula femenina, muy pequeña, que no es del mismo individuo pero articula muy bien con el maxilar. Con estos restos se puede hacer una buena reconstrucción del cráneo y es con lo que ha trabajado Daynès, que tenía reticencias por no tener el cráneo completo».
Además, se ha contado con los dibujos del dibujante y anatomista Mauricio Antón, que ha realizado la reconstrucción de la cabeza del homínido. El resultado del trabajo ha sido, a juicio de Bermúdez de Castro, «satisfactorio», en una figura, cuyo coste ha sido de 30.000 euros y que, a diferencia de las otras, se ha realizado sin vello corporal «para poder ver los aspectos anatómicos fundamentales de la especie».