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La chica de la curva estuvo en Burgos

R.P.B.
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El ufólogo e investigador español de lo desconocido por antonomasia, J.J. Benítez, recoge en su último libro un increíble episodio registrado en Burgos en los años 60

Una autoestopista desapareció súbitamente entre Burgos y La Aguilera - Foto: Eugenio Gutiérrez

Cuenta J.J. Benítez que fue un día de marzo de 1980 cuando conoció a quien habría de contarle una historia asaz increíble. «Una historia asombrosa», en palabras de quien se ha pasado más de la mitad de su vida entre misterios, tratando de abundar en lo desconocido. Con 75 años, el periodista, investigador y ufólogo que experimentó entre los 70 y los primeros 80 sus años de mayor éxito, lleva los últimos tiempos publicando los hallazgos y experiencias de toda una vida al filo de lo incomprensible.En la última obra, 'Mis primos' (Editorial Planeta), recoge un episodio acaecido en Burgos; concretamente, la experiencia que vivió uno de sus informantes entre la capital castellana y la localidad ribereña de La Aguilera en mayo de 1966, en un viaje que le llevó de la Cabeza de Castilla a la capital de España. Los amantes de lo inverosímil estarán más que familiarizados con el tema, leyenda urbana por antonomasia: lo que aquel tipo llamado José Máñez Ramos le contó a Benítez cuadra con el fantasmagórico relato de 'la chica de la curva'.

«A la salida de Burgos empezó a lloviznar. Y cuando me había alejado un kilómetro, más o menos, apareció una señora en la cuneta de la derecha.Hacía autostop». Así arranca el relato recogido por Benítez. El informante explicó que la mujer le dijo que se había quedado sin dinero y que su destino era Aranda de Duero. No llevaba equipaje, salvo un bolso negro. Según la descripción que le hizo a Benítez, era una joven de ojos azules con el pelo rubio, corto; vestía cazadora y pantalón, arremetido en las botas. Todo de color negro salvo un pañuelo lila.Sobre el pecho, «un medallón con un diamante». Se mostró silente, lacónica frente a las preguntas del conductor. «La noté muy rígida.No me miraba al responder.Sólo miraba a la carretera.Y respondía con monosílabos».

Quizás para relajar un poco más el ambiente, José Máñez Ramos le ofreció un cigarrillo que la joven aceptó. «Pero la vi fumar de forma mecánica. No tragaba el humo y aspiraba muy seguido. Sostenía el cigarro con la izquierda y con dos dedos: el pulgar y el índice. Pensé que era una enferma mental. Entonces, por continuar con la conversación, pregunté: '¿Sabe usted los kilómetros que hay entre Burgos y Aranda?'. Y ella, sin mirarme, respondió: '81'».Al cabo comenzó a oscurecer según el relato del informante. Fue entonces cuando apareció una luz en lontananza. «Volaba muy baja y pasó por encima del auto.Pensé que estábamos cerca de algún aeródromo». Según el testigo, era una luz blanca e intensa, «como un faro de diodo». 

El conductor admitió que se asustó cuando la luz volvió a aparecer , en esta ocasión muy cerca del vehículo, obligándole a frenar por el resplandor y el temor. «Aquello me descompuso. Y terminé parando el coche.Pensé que nos matábamos. Y en ese momento miré hacia el asiento del copiloto. ¡Santo Dios! ¡La mujer había desaparecido! No tenía explicación lógica.Me froté los ojos durante segundos.Además, los seguros del coche estaban echados». Le contó Máñez a J.J.Benítez que orilló el coche en el cuneta, que salió del vehículo, que caminó un rato por la calzada y junto a unos viñedos, ya muy cerca de La Aguilera. Pero ni rastro de la misteriosa mujer. 

La historia de Máñez no terminó ahí. El estrambote es de traca. Unos pocos años después de aquel enigmático episodio en tierras burgalesas, se hallaba el interfecto trabajando en Algeciras cuando una tarde recibió en su empresa de alquiler de coches, Avis, una llamada del hotel Reina Cristina en la que una clienta reclamaba un vehículo. Allí acudió presto nuestro protagonista con el fin de que ésta le aclarara qué tipo de coche deseaba. «Era una mujer de unos treinta y cinco años, alta, rubia y con los ojos especialmente azules.Me llevé un susto de muerte. ¡Era la mujer que hacía autostop en la carretera de Burgos a Aranda! Vestía también de negro, con un pañuelo al cuello. Y en el pecho colgaba un medallón, con un diamante. ¡Era ella!».

En esa ocasión, relató Máñez, la extraña mujer hablaba en inglés. Solicitó un vehículo, requirió que estuviera en el hotel a una hora determinada y le apuntó al empleado de la empresa de coches de alquiler que cuando llegara diera aviso a la habitación 81. Al día siguiente, puntual, el informante le contó a Benítez que su desconcierto fue mayor cuando en el hotel le dijeron que no había ninguna habitación con el número 81. Que allí no se había alojado ninguna esbelta mujer rubia. Eso sí, en la recepción le hicieron entrega de un sobre a su nombre.Contenía 50 dólares americanos y una nota manuscrita que decía: 'Gracias 81'. «Entonces recordé cuando pregunté a la mujer que llevé el coche entre Burgos y Aranda si conocía la distancia existente a lo que ella respondió con gran seguridad: '81'»...

Ovnis en valle Urbión. El libro del ufólogo e investigador recoge en otro capítulo un fenómeno de avistamiento en Santa Cruz del Valle Urbión acaecido en 1957. Según un informe de la Comandancia de la Guardia Civil de Burgos, el asunto fue investigado y remitido al gobernador civil de la época. La cuestión fue la siguiente: varios vecinos de Santa Cruz -María del Pilar Peña, María Alarcia, Hipólito Díez (párroco) y Timoteo Alarcia- en días diferentes de aquel año de 1957, observaron exactamente el mismo fenómeno: una especie de circunferencia de gran resplandor en el interior de la cual se formaba una suerte de aspa con haces de luz intensa. En el testimonio de todos los vecinos, aquella singular forma luminosa desaparecía al cabo de unos pocos minutos. «Todas las personas que figuran en la presente nota son de buena conducta moral, pública y religiosa, de gran sensatez, de carácter serio y de crédito», destacaba la nota informativa remitida por el Instituto Armado al gobernador civil.