«Nosotros transportamos a los verdaderos héroes»

L.M.
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Los conductores de autobús prestan un servicio esencial en tiempos de pandemia, especialmente para las personas que están en primera línea de lucha contra el coronavirus. Nunca antes habían conducido en una ciudad tan vacía

Juan Carlos Rodrigo lleva 28 años al volante de un autobús urbano. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

Resulta curioso que los autobuses urbanos hayan cambiado de bando en su batalla con el tiempo. Cuando la pandemia no era el centro de nuestra vida, lo hacían contra un reloj que tenía sometida a gran parte de la sociedad. Vivíamos una constante carrera en la que no se podía perder ni un minuto, y los conductores tenían que apresurarse en llegar a su destino a su debido momento. Ahora, han tenido que templar el ritmo para conseguir lo contrario. En unas calles desiertas, los profesionales del transporte público también están pendientes del horario, pero para no llegar antes y dejar en tierra a personas que pueden necesitarlo. Los usuarios son, por lo general, los que están en primera línea en la lucha contra la covid-19. Sanitarios, farmacéuticos, trabajadores sociales... Son los viajeros de unos vehículos que probablemente no vuelvan a ser los mismos. 
Las rutas y las dinámicas son prácticamente las de siempre, pero la sensación es muy diferente. Juan Carlos Rodrigo, que lleva 28 años al volante, la describe como «extraña» pero a la vez muy significativa, porque son testigos de la «paralización de la ciudad». Es algo, prosigue, «que no había visto nunca y no creo que alguien en el servicio lo haya conocido». Porque no solo Burgos está vacía, también lo están los autobuses y las paradas. 
«Las únicas que viajan son personas que lo necesitan porque trabajan en los hospitales y centros de salud, gente que cuida a los demás, los que tienen que ir a otros barrios a comprar porque allí no hay supermercados. Son los verdaderos héroes», ensalza Rodrigo, quien asegura sentirse «orgulloso de llevarles porque en parte les estamos ayudando a que su labor sea lo mejor posible». 
Estar en la calle y ser parte del engranaje que aún mantiene con vida una minúscula parte del municipio les ha permitido darse cuenta de la importancia de muchos oficios, cuyos protagonistas también son usuarios del transporte urbano. «Personal de limpieza, que tanto esfuerzo está dedicando para que, por ejemplo, las comunidades de vecinos estén en perfectas condiciones. También los que trabajan en los supermercados y que asumen un riesgo. De una manera diferente, pero están cuidando a la gente», recalca el veterano conductor. 
El autobús, señala, «es una gran familia». Eso significa que con el paso del tiempo se establecen una serie de relaciones entre los profesionales y los viajeros. «Con el paso del tiempo conoces la vida y las rutinas de muchas personas. Los que llevamos varios años, por ejemplo,  hemos conocido a tres generaciones de la misma familia». Esto les sirve de consuelo, de punto de apoyo en unos días tan duros. «A veces comentamos cómo nos va a cada uno, la forma que lo estamos viviendo». 
La parte triste de ese trato tan cercano vendrá cuando comencemos a despertar de este mal sueño. Cuando al transporte dejen de subirse los de siempre, unos por miedo, otros porque, lamentablemente, ya no estarán. «Estamos pendientes de si personas a las que habitualmente llevas para que jueguen a las cartas o a hacer algún recado estén bien. Sin querer, eso también te afecta», lamenta Juan Carlos. Desde el servicio, mantienen la esperanza y desean volver a ver a toda la gente que está en el hospital de vuelta en el autobús. «Hay compañeros que han estado en esa situación o que han perdido a seres queridos. Solo esperamos que todo el mundo se recupere». 
Puede que la normalidad, esa que el Gobierno ha calificado de ‘nueva’, vuelva a la vida de los autobuses en un tiempo prudencial, pero todo habrá cambiado. «Verlos llenos otra vez va a costar mucho. Es posible que ni siquiera lleguemos a conseguir meter a tantos usuarios como antes», vaticina Rodrigo. Tendremos que convivir con nuevos pasajeros, como las mamparas, y también rutinas de separación e higiene. Pero eso es algo, opina, «que va más allá de nuestro oficio y va a ser una cuestión social».