La UCI libera Anestesia de críticos con coronavirus

G.G.U.
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En Cuidados Intensivos ya solo hay tres enfermos graves por la covid-19 y se tratarán en el espacio original del servicio. La Unidad de Reanimación se desinfectará para atender postoperatorios otra vez

Los hospitales de la provincia han necesitado tres meses para volver a la situación previa a la pandemia por coronavirus; después de semanas de crecimiento exponencial, ha vuelto la calma. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

El HUBUcerró ayer uno de los muchos capítulos de la pandemia de coronavirus en Burgos al completar el repliegue de la UCI: los pacientes críticos por complicaciones de la covid-19 que quedaban en la Unidad de Reanimación (más conocida como REA) de Anestesiología fueron trasladados y ya solo hay 3 enfermos muy graves por la infección del SARS-CoV-2, que serán tratados en el espacio original de la Unidad de Cuidados Intensivos (pero separados de los demás). Con este paso, que se produce justo tres meses después del ingreso del primer crítico por coronavirus, la REA podrá dedicarse de nuevo a su cometido habitual: el cuidado de las personas recién operadas que necesitan atención de los anestesistas durante más de 24 horas. Para ello, primero tendrá que limpiarse y desinfectarse.
El 7 de marzo se tuvo constancia del primer caso crítico de coronavirus en el HUBU y, desde entonces, ha habido más de un centenar de personas con complicaciones tales a causa de la infección como para requerir cuidados intensivos. La UCI del complejo asistencial de la capital es única para toda la provincia (ni el Santos Reyes ni el Santiago Apóstol disponen de unidad de este tipo) y también ha atendido a pacientes derivados desde Soria, por lo que en las semanas de crecimiento exponencial de contagios llegó a tener hasta 55 pacientes infecciosos al mismo tiempo. Es más del doble de la capacidad original de la UCI (26 puestos), por lo que enseguida necesitó ‘extenderse’ por otros espacios del hospital con respirador y capacidad para prestar la ventilación mecánica que estos enfermos necesitaban.
Así, primero se ocuparon camas de Anestesiología (de la Unidad de Recuperación Postanestésica, URPA y de la REA) y después, cuando anestesistas e intensivistas funcionaban como servicio único, se acordó la conversión de varios quirófanos en puestos UCI. Fueron los últimos días de marzo y los primeros de abril, cuando, tal y como estaba previsto, se alcanzó el pico de ingresos en la provincia. A partir de ese momento, la presión empezó a bajar y hacia el 23 de abril ya fue posible liberar puestos de la URPA y aumentar la capacidad quirúrgica del hospital, que durante toda la pandemia redujo la actividad de los quirófanos a las cirugías oncológicas más apremiantes y a las urgencias.
A continuación se dejaron libres de críticos los quirófanos ocupados y el 11 de mayo el HUBU empezó a operar patología no urgente en una decena de especialidades. Esa programación ha ido aumentándose cada semana, con el objetivo de que en julio se pueda trabajar al mismo ritmo que antes del estallido de la pandemia.
Algo que se tendrá que compatibilizar con la atención de las nuevas infecciones por coronavirus que se compliquen y, también, con posibles rebrotes. Así, aunque el personal está centrado ahora en sacar adelante a sus, por ahora, tras últimos pacientes infecciosos críticos, se trabaja con la vista puesta en el futuro inmediato. Solo de esa manera se podrá garantizar una respuesta rápida, que asegure la posibilidad de compatibilizar los dos circuitos de entrada de pacientes: con y sin covid-19.