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«Esto supera todo lo que había soñado de los Juegos»

ÁLVAR ORTEGA
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Marta Fernández regresa de su aventura paralímpica en Tokio convertida en la sensación nacional gracias a sus tres medallas, una de cada metal. Su historia es un ejemplo dentro y fuera de las piscinas

Marta Fernández regresa a Burgos convertida en la sensación nacional gracias a sus tres medallas en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. - Foto: Alberto Rodrigo

Triple medallista paralímpica, doble campeona europea, poseedora de un récord del mundo y abanderada en la ceremonia de clausura que despidió los Juegos de Tokio. De esta manera, y en apenas cinco meses y dos competiciones internacionales, Marta Fernández ha construido una trayectoria inalcanzable para el común de los deportistas, una muy similar a las que tienen el tiempo y la experiencia como su mejor aliado. Sin embargo, la nadadora burgalesa de 27 años, que nació con parálisis cerebral, solo acaba de saltar al estrellato.

Todavía no es consciente de que su nombre ya ha quedado escrito en los libros de historia del deporte burgalés.  No ha tenido tiempo para asimilarlo. «No era consciente de que iba a ir a unos Juegos siquiera, imagínate ahora. Estoy en una nube», expresa tras haber superado un vuelo de más de 13 horas partido desde Tokio con dirección Madrid. Esto, sumado a la decena de carreras en las que participó en menos de ocho días, dejó a la nadadora sin un ápice de energía. 

«Yo me encontraba muy bien de forma, pero es que ha sido una locura nadar tanto en tan pocos días. La piscina era una pasada, la piscina más perfecta en la que he competido jamás. Se me hacía pequeña. Era el escenario ideal», recuerda sobre el lugar donde protagonizó actuaciones también perfectas.

Fruto de ello, volvió de la Villa Paralímpica con tres preseas. La primera de ellas, la conseguida en los 50 metros mariposa, donde fue segunda logrando la nueva mejor marca de la historia (40.22 segundos) en su categoría (S4) en una final repleta de rivales de categoría S5 (un grado menos de discapacidad). 

«Ese récord del mundo lo veía muy lejano. Qué va, pensaba. Pero cuando nadé el relevo a mariposa  pensé... estoy preparada. Aún así, estaba muy nerviosa. El día anterior estaba histérica en la competición de Luis Huerta, con quien entreno siempre. Pensé que si me ponía así, en mi carrera no sé qué iba a hacer, pero no pasó. Fue por poco. Estoy muy contenta de haberlo conseguido», rememora sobre su primer éxito en la piscina paralímpica.

Solo cuatro días después, Marta Fernández despejó todas las dudas existentes. La emoción le invadió cuando se proclamó campeona paralímpica en los 50 metros braza con un  espectacular tiempo de 58.21 segundos.

«Lo veía muy complicado». «Lo veía muy complicado. Pensé que las rivales se habían reservado en la serie de clasificación. Para nada», afirma siendo consciente de que ella dio todo cada una de las veces que compitió. «En unos Juegos no te puedes reservar porque ahí se reúne el más alto nivel. Si lo haces te puedes quedar fuera de la final». Pero no fue así, y cuando selló el triunfo no se pudo contener. «Fue pura emoción. Rompí a llorar. Pensaba en que me estaba viendo llorar toda España», expresa.

Por último, y a modo de colofón, la nadadora burgalesa optó por nadar en el estilo libre a mariposa. Fue la única que no lo hizo a braza, y aún así se llevó el bronce, único metal que le faltaba.

«Corro más a mariposa. Soy la única que nada más rápido así, por eso fui a por todas con lo que tenía. Al acabar me acordé de mi entrenador, de mis padres, de mis hermanos, mis sobrinos. Y de mis amigos que están día a día. Una parte de cada medalla es de todos ellos», conmemora en referencia a su último metal conquistado.

Demasiadas barreras superadas en muy poco tiempo. Marta Fernández no es consciente todavía de que, en su debut, ha sido la deportista española más laureada. No es tan extraño entonces responder a por qué fue la abanderada nacional en la ceremonia de clausura.

«Ser elegida fue un sorpresón. Es un honor representar a tu país, llevar la bandera en la ceremonia de clausura, representar a todo el equipo que hemos estado allí luchando», subraya sobre una despedida que sirvió como broche perfecto pese a la ausencia de público. «El ambiente es increíble. Antes de competir ya me enamoré de los Juegos. En la ceremonia de clausura he de confesar que tenía a todos los españoles detrás gritando como locos. No se vio por televisión toda la guerra que dieron», añade entre risas antes de hacer público su próximo deseo: «Ojalá llegar a  París 2024 para disfrutar de unos Juegos con público».