Un nuevo mirador se asoma a los Montes Obarenes en Tobalina

A.C.
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Un nuevo mirador se asoma a los Montes Obarenes en Tobalina

La labor desarrollada por el taller de formación y empleo en cinco despoblados del Valle y su entorno ha seguido mejorando el atractivo de la Ruta de los Pueblos de los Sentidos.

El Valle de Tobalina cuenta con unos paisajes espectaculares y mimbres suficientes para atraer al turismo de naturaleza. El Ayuntamiento quiere darles forma y una vez más ha apostado por la recuperación de pueblos deshabitados que ya inició en 2017. Un segundo taller de empleo, financiado por el Servicio Público de Empleo de Castilla y León con una ayuda de 69.643 euros, ha formado a ocho alumnos en trabajos forestales durante los últimos seis meses y ha descubierto un poco más la belleza de Plágaro, Villanueva del Grillo, Imaña y Barredo. Entre ellos ha creado la Ruta de los Pueblos de los Sentidos, dotando a cada uno de una vegetación y arbolado ligados a la vista, el tacto, el oído, el olfato o el sabor. El resultado tardará en descubrirse hasta que vaya creciendo lo plantado, pero para disfrutar de la vista si quedará concluido esta semana un mirador en el monte Pereita.

A 825 metros de altura, este nuevo balcón se asomará al Valle de Tobalina para dar a los senderistas y amantes de la naturaleza la oportunidad de observar los Montes Obarenes y una buena parte de sus localidades. El mirador contará con un panel informativo y señalización para poder llegar a él. El acceso se podrá realizar desde dos puntos, uno por el camino que nace en Cormenzana, muy cerca de Quintana Martín-Galíndez, y va hacia la Cueva de la Mora, o por el camino que nace justo enfrente del acceso a Parayuelo y que permite llegar por un camino llano de 5,5 kilómetros hasta el mirador. Antes de encontrarlo habrá que superar un pequeño bosquete, que va a quedar señalizado. El premio tras la ruta está garantizado.

En Plágaro, el taller de empleo ha apostado por el olor con plantas aromáticas, como la lavanda, la menta, el romero o los lilos que rodean la iglesia de San Pedro. En Villanueva del Grillo se sabe que hubo numerosos frutales. De hecho se conserva aún el guindo que plantó junto a la iglesia de San Martín Obispo, su último poblador José Ramón, quien abandonó la localidad en 1966. Ahora el solitario guindo está acompañado nada menos que de otros 120 árboles, que si logran salir adelante, llenarán el pueblo de moras, cerezas, grosellas, ciruelas, arándanos, castañas, nueces o manzanas. En Villanueva del Grillo, el primer taller de empleo pudo descubrir el templo y el acceso principal, pero en esta nueva fase la maleza ha desaparecido de buena parte de la localidad y se vislumbran las nueve casas que conservaba en 1950.
En total, el proyecto ha acondicionado y eliminado las plantas que se habían apoderado de todo en 6 hectáreas de terreno. El trabajo ha sido arduo e incluso se han recuperado algunos muros de mampostería para dignificar el aspecto de los pueblos y mejorar su seguridad. En Barredo ha continuado la labor de desbrozado junto a la iglesia de la Asunción y los arroyos de Ranero y La Morica. El murmullo de su caudal invita a disfrutar del sentido del oído, mientras que a Imaña, la ruta le adjudica el sentido del tacto para disfrutar de los restos del antiguo molino,  o sus nogales centenarios, robles y quejigos.

El trabajo ha sido intenso, aunque hay que dejarlo brotar y crecer. En los despoblados se han plantado más de 1.500 especies arbustivas y arbóreas, 200 de las cuales están a lo largo de 10 kilómetros de la senda que une estos pueblos deshabitados. De ellos han salido 6.000 metros cúbicos de matorral destinado a biomasa, suertes de leña y quemas controladas. Cada vez hay más luz sobre los lugares que antaño tuvieron vida y que ahora muchos turistas y visitantes vuelven a recorrer.