Del sensor de color al almacén automatizado

I.M.L.
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Del sensor de color al almacén automatizado

Un alumno del CIFP Santa Catalina se alzaba con el primer premio en el encuentro nacional de robótica Malakabot, gracias a su diseño integral de un prototipo de sistema de almacenaje

En los centros formativos de antaño, el libro impreso y las lecciones en clase eran todas las herramientas para aprender una profesión que, después, se tenía que llevar a la práctica en la vida real. Los avances educativos están permitiendo que los alumnos de hoy en día salgan con un título bajo el brazo y un montón de experiencias propias que les acercan al día al día en una empresa o industria. Este es el caso de la nueva filosofía de aprendizaje que practican en el módulo de electrónica del CIFP Santa Catalina de Aranda de Duero y que, poco a poco, están implantando en otras disciplinas.

Esta nueva forma de enseñar busca replicar al máximo lo que puede ser un día en una industria. «La filosofía de aprendizaje por retos, en vez de dar la lección, planteas un objetivo y ellos lo van desarrollando, y hemos comprobado que es una buena forma de que ellos aprendan, más allá de la innovación en el aprendizaje», explica Francisco Javier Zanfaño, jefe de Estudios, Calidad e Innovación en el CIFP Santa Catalina, que insiste en que «si aprendes así, cuando hagas mantenimiento en una empresa, al menos no te va a asustar cualquier reto que se te plantee, más que si te centras solo en la teoría, porque ya sabes montar, atornillar, programar y llevar a cabo un proyecto completo».

Más allá de las calificaciones de final de curso, los buenos resultados de esta filosofía de aprendizaje se están dejando notar en las competiciones nacionales a las que acuden. Este curso, en el Malakabot, un encuentro de robótica y programación que se celebra en el Politécnico Jesús Marín de Málaga, el proyecto ganador fue el de Sergio Briongos, estudiante del Ciclo Formativo de Grado Superior de Mantenimiento Electrónico.

Su trabajo partía de una base. «El proyecto consistía en un brazo robótico y una cinta transportadora, a partir de ahí podían dejar las piezas donde quisieses», relata como punto de partida. Pero no quiso quedarse solo en este paso. «A ello le añadí yo un sensor de color para clasificar las piezas, y me las iba dejando en su sitio», añade. No contento con eso, perfeccionó su proyecto. «Pero pensé en replicar un almacén como los que puede haber en una industria, puse una estantería un puente grúa, primero se envía la información del color y después se coloca donde corresponde en la estantería», explica como resumen de su creación, en la que se ha encargado del diseño, montaje, programación, impresión 3D y puesta en marcha.

Más allá de ver que su proyecto funcionaba, en el feria de Malakabot pudo comprobar que su idea era buena. «Por allí pasaron desde niños de 5 años, que venían en masa, hasta gente de empresas y profesores, yo intentaba explicárselo a todos para que lo entendiesen, a pesar de los nervios, pero fue muy enriquecedor», confiesa Sergio Briongos, que saldrá del centro con una formación global y completa.