El Brexit se hace esperar

M.R.Y
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Londres y Bruselas prolongan la agonía y retrasan la fecha del divorcio británico hasta, al menos, el 12 de abril, siempre condicionada a que haya un acuerdo

El Brexit se hace esperar - Foto: STEFAN WERMUTH

Treinta y tres meses después de su votación, la hora del Brexit había llegado. Desde aquel 23 de junio de 2016, en el que un 51,9 por ciento de los británicos votó a favor de salir de la UE, el Reino Unido ha estado preparando su divorcio de la Unión Europea, que tendría que haberse hecho efectivo el 29 de marzo de 2019. Pero, lejos de convertirse en una realidad, cada vez hay más dudas alrededor de una salida que se ha convertido en una historia de nunca acabar. 
Han sido más de dos años de intensas negociaciones entre Londres y Bruselas, durante los que la nación británica ha vivido una crisis política inédita en su Historia reciente y una división que continúa a día de hoy.
Y es que el retraso en la fecha de la ruptura no ha hecho sino alargar la incertidumbre en un país donde cada vez son más las voces que abogan por revocar el mandato del plebiscito de 2016 y dar una nueva oportunidad a la Unión Europea. Unas voces que llegan desde las calles, porque en el Parlamento de Westminster existe esa postura, pero también la de una salida abrupta, es decir, sin acuerdo, y la de buscar un consenso que pueda hacer que el divorcio sea lo más llevadero posible.
Sin embargo, ese consenso se antoja complicado. El Tratado de Retirada firmado por el Gobierno de May y los Veintisiete el pasado noviembre no gusta a los diputados británicos, que lo han tumbado ya en dos ocasiones. Y una alternativa a ese acuerdo fue rechazada por los parlamentarios el pasado miércoles -se presentaron hasta ocho opciones-.
Así que el futuro es poco alentador en el Reino Unido, que tiene ahora la pelota en su tejado, después de que la UE diese tres fechas: el 12 de abril -si no se aprueba un pacto-, el 22 de mayo -si el acuerdo ha recibido previamente luz verde en la Cámara- o el 30 junio, que era el día que pidió la premier -siempre con la condición de que, entonces, los británicos voten en las elecciones europeas de finales de mayo-.
La propia May ha decidido sacrificar su puesto a cambio de recibir el respaldo de su partido al documento. Pero el aval de los tories es insuficiente, ya que no cuentan con mayoría en los Comunes y dependen de otras formaciones, que parecen haber optado por llevar al límite al Gobierno y al país.