Amor hacia el cielo

ICAL
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Amor hacia el cielo - Foto: miriam chacon

Eutimio Montero levantó hace un cuarto de siglo en Pino del Río (Palencia) el mayor obelisco de España, un homenaje a su esposa fallecida, que se ha convertido en lugar de visita obligada

Yo siento que estoy con ella. Que la tengo al lado de casa. Siempre hemos sido uno solo y se lo merecía. Cada día estoy más satisfecho por haberlo hecho». Eutimio Montero sube las escaleras del basal del patio de su casa, en Pino del Río, en Palencia. Con mucho cuidado para sortear la nieve caída en los últimos días y evitar un viento que corta la cara con cierta violencia, se posiciona delante de algo que asombra en tierras de Castilla y León: un obelisco, que con 45 metros es el más alto de España.
Un gran pináculo de cemento blanco y su revestimiento en mármol destaca en toda esa zona del valle del Carrión. Es visible desde cualquier punto. Una figura de San Pedro, patrón de la localidad, preside el paraje desde lo más alto, junto a una lámpara que añade dificultades cuando ha de ser cambiada. «Pero lo más importante es ella. La quería y la quiero mucho». Se refiere Eutimio a la escultura de Concha, su mujer, casi a tamaño real, que se ubica en la parte baja del obelisco y que la talló un escultor de Barcelona, donde ambos han residido desde los años 60: «Está ilustrada a la perfección. Es de arcilla y la consiguió perfecta, genial. Me emociono cuando la veo».
Simbólicamente mima y acaricia una talla que pesa 700 kilos. Lo hace siempre que acude al pueblo, cuyos vecinos «están encantados», pues no en vano se ha convertido en lugar de visita obligada. Ahora, con unos románticos 45 metros hacia el cielo, como titularía el escritor romano Federico Moccia, Eutimio envía un claro y sentido mensaje a su mujer, a la que le ruega que le espere allí arriba.
Montero ordenó levantar este elemento funerario, habitual de la Antigua Roma, a una empresa madrileña en 1993, cuando falleció su esposa, originaria también de Pino del Río. «El obelisco me relaja, me hace sentirme junto a ella. Es mi tranquilidad…», se despide, amablemente, un hombre eternamente enamorado.