La automoción urge un plan de choque "cuanto antes"

G. ARCE
-

Las principales fábricas de componentes están al 20% de su capacidad productiva y laboral, prevén seguir aplicando ERTE y coinciden en que no recuperarán la normalidad en 2020. La salida pasa por incentivar la compra de vehículos en España y Europa

Foto de archivo sobre la actividad en la planta burgalesa de Edscha, ubicada en el polígono de Villalonquéjar. - Foto: Luis Lopez Araico

En torno al 14% del empleo que genera la ciudad de Burgos está directamente vinculado a la fabricación de partes, piezas y accesorios para el automóvil y se estima que el 10% del Producto Interior Bruto (PIB) provincial descansa sobre este sector. El pasado año, exportó por valor de 472 millones de euros, siendo el resto de Europa su principal mercado.
Todos los proveedores industriales locales, tanto los de primer nivel Tier-1 (los que abastecen de componentes a las fabricas ensambladoras de coches) como los de segundo nivel Tier-2 (los que suministran a los fabricantes de componentes) pararon en seco el pasado 14 de marzo y hoy,  64 días después, apenas han recuperado un 20% de actividad, dependiendo los casos, y continúan aplicando ERTEs a buena parte de las plantillas.

El escenario es «muy complejo» e «imprevisible», coinciden los cinco directivos de esta industria entrevistados (2.800 empleos en conjunto). Unánimemente, ya descartan el regreso a la normalidad durante este año y auguran una costosa recuperación.

La preocupación es alta ante la tormenta perfecta sin precedentes que está cayendo. La crisis del coronavirus irrumpe en pleno proceso de transformación de estas industrias hacia un nuevo escenario en el que impera la conectividad de los vehículos, la reducción de emisiones contaminantes y la evolución hacia nuevas formas de movilidad (coche eléctrico, autónomo o compartido, entre otras fórmulas).

La pandemia ha paralizado temporalmente unas ventas de coches que ya estaban en descenso en los últimos meses. Y no solo en España sino en toda Europa, el destino del 80% de lo que se fabrica en Burgos y en el conjunto del país.

Todos entienden que estamos ante una circunstancia excepcional -de origen sanitario- pero temen que si antes de la alarma había incertidumbres a la hora de la compra de un coche, ahora éstas se multiplican hasta el extremo por el deterioro sufrido en las economías familiares durante el confinamiento y las dudas en torno a los cambios que se avecinan ante una nueva realidad marcada por las precauciones sanitarias.

La evolución de la pandemia y la pronta aparición de un antiviral  serán determinantes para que una parte importante de la industria y el comercio local (concesionarios) recupere la normalidad perdida en marzo.

Nadie esconde que hay problemas en las grandes industrias de componentes locales, pero también, y muy especialmente, entre las más pequeñas de segundo nivel, mayoritarias en Burgos. Todas ellas dependen de unos proyectos que pueden perder o verse mermados en un previsible escenario de recortes y ajustes de la producción. Si el sector adelgaza -temen- empezará por los últimos eslabones de la cadena, reflexionan algunos de los empresarios implicados. Para Burgos sería un problema grave.

renove. «Estamos ante una crisis de confianza y necesitamos planes de choque urgentes para recuperarla», insisten los directivos consultados. El futuro inmediato, añaden, pasa por planes de inversión que incentiven la compra de coches y, por extensión, la renovación del parque automovilístico nacional y la reducción de emisiones con los nuevos motores más ecológicos. «El tiempo es clave en este sentido», advierten.

Preocupan los mensajes que solo potencian el uso de la bicicleta o la eliminación de los coches de las calles. Impulsar la compra de automóviles, insisten, es apoyar a un sector tractor del resto de la industria, es generar impuestos para la arcas públicas y empleo en uno de los sectores con más capacidad innovadora y exportadora. La automoción es la clave de futuro junto con el turismo y la alimentación.

Es más, argumentan, lejos de penalizar el uso del coche particular, éste se ha convertido en un espacio de protección saludable y todo hace aventurar el aumento de su uso frente al transporte público.
optimismo. Pero si algo positivo se ha sacado de esta crisis ha sido la capacidad de reacción y transformación tecnológica de la industria de la automoción local ante necesidades sanitarias urgentes y sin precedentes.

En un periodo récord de tiempo se han readaptado líneas de producción para fabricar mascarillas y pantallas de protección, confeccionar batas y equipamiento para cubrir las necesidades puntuales del personal sanitario. Asimismo, se han organizado iniciativas para donar material sanitario.

Esa capacidad de adaptación «ejemplar», razonan, se ha convertido en un excelente laboratorio de pruebas para afrontar el reto de la industria 4.0, más inmediato que nunca.
Hay un factor más de esperanza. La voz única de todo el sector, grandes y pequeñas industrias y también sindicatos mayoritarios. Todos entienden que es un industria clave para España y para Burgos en particular, de cuya recuperación dependerá el futuro económico de la nueva normalidad tras  la crisis de la covid-19.