"Sin vacunas, los niños pueden morir de sarampión"

B.G.R.
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Amplia entrevista a Adolfo García-Sastre, catedrático de Medicina y Microbiología e investigador burgalés experto en gripe y otros virus. Hoy será investido Doctor Honoris Causa por la UBU

"Sin vacunas, los niños pueden morir de sarampión" - Foto: Luis López Araico

Es profesor en el departamento de Microbiología  de la Escuela de Medicina Monte Sinaí de Nueva York, además de director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes dependiente del primer centro. Viaja con frecuencia a su tierra natal, de donde partió hace 28 años con la intención de estar solo dos en Estados Unidos. Considera que la ciencia no conoce fronteras y que lo único que necesita es medios para poder desarrollarla. Su amplio y destacado currículum como investigador le ha llevado a ser miembro de la Academia Estadounidense de Microbiología, de la Sociedad Internacional de Vacunas o de la Real Academia de Farmacia de España, entre otras entidades. A estos y otros muchos reconocimientos sumará hoy el de doctor honoris causa por la Universidad de Burgos, justo un mes después de que lo hiciera la bioquímica Margarita Salas.
Su primer honoris causa y en su casa. ¿Qué siente?
Mucha ilusión, emoción y un gran honor que espero compartir con familiares y amigos.
¿En algún momento de su vida se imaginó que con 54 años iba a tener el máximo reconocimiento del mundo académico?
No, nunca me he planteado eso. Siempre he ido casi día a día, estudiando al principio y luego investigando, intentando seguir hacia delante... Y llega un momento en el que parece que no ha pasado el tiempo y es un gran honor poder mirar hacia atrás y decir que tengo una bonita carrera de investigación. He tenido también mucha suerte durante toda la carrera y he podido hacer lo que realmente quería, además de contar con muchas personas que me han ayudado en todo lo que he logrado hacer. He trabajado mucho y me gusta lo que hago.
Quedan muchos años por delante.
Sí (risas). Tenemos que intentar sacar las nuevas vacunas de la gripe, que no va a ser fácil. Pero eso también es bonito. Cuando uno llega a un momento en la carrera investigadora en el que notas que lo que has hecho, que los frutos que salen, pueden dar lugar a un impacto el salud, como una nueva vacuna o antiviral uno siente una gran satisfacción.
En su caso y al contrario de lo que se dice, es profeta en su tierra...
La verdad es que Burgos me ha tratado muy bien desde el principio. Me invitaron al Congreso de Virología que se celebró en el año 2013 como un ponente estrella.
Lleva afincado en Nueva York desde 1991. ¿Se fue con la intención de no volver?
Me fui pensando en que lo normal es que volviéramos en dos años. Me marché con mi mujer, que había terminado la licenciatura en Biología y yo había concluido la tesis. Conseguí un trabajo posdoctoral en Nueva York con la idea de estar dos años y luego, si había alguna posibilidad, volver a España con becas de reincorporación o contratos. La verdad es que tuve un contrato con la Universidad de Salamanca que estuvo vigente durante casi tres años. Lo que pasa es que llegó un momento en el que había que decidir si volvíamos o no y mi mujer había empezado a hacer la tesis. Era muy difícil encontrar trabajo en investigación para dos personas y en el mismo sitio y, como las cosas eran más sencillas allí, decidimos quedarnos.
¿Y sigue ahí la posibilidad del regreso?
Es difícil, pero por otro lado Nueva York está muy cerca de España. Por mi laboratorio pasan muchos españoles y la ciencia es internacional. Lo más importante es que tengas las herramientas y que te den lo que necesitas para poder investigar. Una vez que tienes eso, da igual que estés en Nueva York, España, Alemania o Australia. Tienes un grupo de investigación que es internacional y yo me considero casi como un laboratorio español en Nueva York.
¿Cómo se siente tratado un científico en Estados Unidos?
Hay mucha presión y competitividad para lograr publicar. Estamos siempre trabajando para intentar conseguir dinero y para poder seguir investigando. La diferencia que hay con España es que allí sí que hay dinero. Existe mucha competencia para conseguirlo, pero si uno se esfuerza, tiene suerte y lucha puede lograrlo, mientras que aquí es mucho más difícil porque hay muy poco dinero.
¿Qué le dicen sus colegas españoles en este sentido?
Están todos muy descontentos, algunos defraudados... Tengo gente en mi laboratorio que tenía casi un puesto de investigación en España pero debido a que no le pudieron hacer la plaza permanente o que no logró encontrar trabajo regresaron y están trabajando conmigo. Es muy difícil ser investigador en España.
Ahora que estamos en precampaña, los políticos se afanan en prometer la recuperación del talento que se marchó. ¿Es esto posible?
Lo que se necesita ahora mismo es no tanto recuperar a los que nos hemos ido fuera, como lograr mantener a los que están dentro, que son muy buenos. Están luchando por cuatro euros para poder seguir manteniendo su laboratorio. Si se pone dinero para la ciencia debería dedicarse a afianzar y ayudar a los que están ahora mismo en el país.
¿Por qué aquí no se toma en serio la investigación como sí que ocurre en otros países?
Por algún motivo no se ha considerado prioritaria la ciencia y la investigación como otras cosas, quizá por obtención de votos o lo que sea, pero el caso es que no se le ha dado la prioridad que sí que se ha dado en otros países como Estados Unidos, Alemania o Inglaterra.  
Está especializado en el estudio de la gripe con el objetivo de conseguir una vacuna universal. ¿En qué punto estamos?
Estamos en momentos muy optimistas porque hay nuevas ideas, entre ellas las que estamos desarrollando en mi laboratorio en colaboración con otros, que no se han probado y espero que se prueben en los próximos años. Tienen muy buenos resultados preclínicos, es decir en modelos de animales donde funcionan muy bien y dan protección contra cualquier cepa que conocemos ahora mismo del virus de la gripe. El desafío es llevar esos estudios a la clínica y probar si esos métodos funcionan también en humanos. Los ensayos clínicos en humanos son muy laboriosos, costosos y llevan muchos años. Si uno quiere probar que una vacuna contra la gripe protege durante diez años, uno tiene que hacer estudios de seguimiento durante ese tiempo de un grupo grande de vacunados para demostrar que los casos son menores que los que se dan en gente vacunada con las actuales. Posiblemente, sean menos años si mientras trabajamos con ellos averiguamos cuál es el mecanismo de protección de las vacunas, de tal forma que podamos medir algo que nos diga que esta persona está protegida sin necesidad de esperar a ver si es infectada o no. Incluso con ello se tarda por lo menos 6 años en probar si estos métodos de vacunación funcionan, además de mucha financiación y trabajo.
¿Se puede hablar entonces de plazos para esa vacuna?
En seis años sabremos si estos nuevos métodos de vacunación funcionan y empezaremos a tener una idea de si estamos cerca de una vacuna universal contra la gripe. De todos modos, si al final no funciona esa vacuna universal, lo que sí que va a haber son mejoras en la forma de vacunarnos contra la gripe. La mayor parte de las que hay ahora son fruto de  una tecnología que se desarrolló hace 40 años, funcionan pero no todo lo bien que podrían y existen métodos ahora mismo para poder mejorar la capacidad de protección de las vacunas estacionales.
¿Qué supondría?
Esa vacuna universal supondría olvidarse de tener que vacunarse todos los años. Hacerlo una vez en la vida y no tener que preocuparse de si hay infección o no por el virus. Nos asustamos cuando vienen pandemias o cuando hay años más duros, pero la gripe mata a mucha gente y esperamos que eso se pueda acabar con una buena vacuna.
El HUBU registró el año pasado 83 casos de gripe grave, complicados con otras patologías, de los cuales ocho acabaron en fallecimiento. ¿Cómo interpreta esa cifra?
Hay que multiplicarlo por el número de personas que hay en el mundo. Si ha habido ocho al año en Burgos y ahora sumamos el resto de las provincias de España y de países, esos ocho casos se multiplican en una cantidad bastante importante y si se pudieran prevenir, es un ahorro de sufrimiento y de personas que perdemos.
¿Por eso es tan importante la vacunación?
La vacunación es muy importante porque no solo previene o reduce la posibilidad de tener una infección o que si la tienes sea severa, pero el otro efecto es que se reduce la capacidad de transmisión. Es decir, no solo diminuye la capacidad de que tú tengas la enfermedad sino también de que tú la transmitas a otras personas, que en algunos casos pueden tener unas condiciones en las que la vacuna no funciona bien porque son inmunosuprimidos.
¿Por qué ya no se oye hablar de gripe aviar?
Porque quizá nos hemos acostumbrado un poco. Nunca he sido de los que pensaban que la gripe aviar iba a ser la que saltaría a humanos y causar una pandemia, eso nunca se puede predecir. Sigue habiendo gripes aviares, pero son casos localizados en distintos lugares del mundo, afortunadamente no en España, que causan problemas todavía en aves. Hay casos de humanos que siguen siendo infectados, sobre todo en Asia y África, pero pocos. El virus sigue cambiando y en cualquier momento puede darnos una sorpresa. Lo importante no es decir que hay años que puede causar más o menos problemas. La gripe es algo que siempre existe y pandemias va a haber siempre. La última no fue muy severa y la siguiente que tendremos, si no logramos sacar antes vacunas que logren pararla, de nuevo estaremos sin saber cuánto será de severa o no. Con ser 5 veces más severa que la estacional, causaría ya un gran número de problemas debido a que los hospitales no tienen el número de camas necesario para acoger a las personas que enferman, habría muchas más muertes y estaríamos otras vez hablando de por qué y qué hemos hecho contra la gripe.
Últimamente aparecen brotes de sarampión o paperas. ¿A qué se debe?
A que no se vacunan. Por desgracia ha habido falsos rumores de que la vacunación puede dar lugar a efectos secundarios adversos y hay mucho escéptico y mucha información que no es adecuada en internet. Eso da lugar a que grupos de gente decidan que es mejor no vacunarse porque tiene riesgos y si tienes una vida sana, normal y equilibrada, no vas a tener una enfermedad como la del sarampión, lo cual no es verdad. La vacunación es lo mejor que existe para poder evitar el sarampión, no hay otro método de prevención.
Como experto en virología, ¿qué les diría a esos padres que se niegan a vacunar a sus hijos?
Que sus hijos se pueden morir de sarampión. Esta enfermedad es igual que la gripe, normalmente no mata a una persona, pero hay casos que, no sabemos por qué, puede causar la muerte. No solo eso, sino que también están poniendo en riesgo a otros niños que pueden estar contacto. Es responsabilidad como padres y como miembros de la sociedad el poder usar las medidas que se necesitan para prevenir que sus hijos puedan tener una enfermedad mortal. Son medidas seguras y está comprobado que las vacunas no causan esos efectos adversos.
¿Cree que las autoridades deberían hacer algo al respecto, como ha ocurrido en un condado de Nueva York en el que se ha prohibido que los niños no vacunados acudan a espacios públicos?
Las medidas que se pueden tomar sin causar la disrupción social son un problema político. Aquí los más perjudicados son los niños, que son los que padecen el sarampión y son los que no van a la escuela. Entonces, no sé exactamente cuál es la mejor solución pero tenemos que tomarla conjuntamente como sociedad. Hay distintas medidas que se pueden adoptar para intentar promover la vacunación, pero lo importante es no olvidar que los niños no son los culpables, sino que los culpables de lo que pasa son los padres.
Volviendo a su carrera científica, ¿de qué logro se siente más orgulloso?
Me gusta trabajar en vacunas, en intentar mejorarlas, en agentes oncolíticos, con los que intentamos desarrollar nuevos tratamientos contra el cáncer, pero lo que más ilusión te produce es cuando realizas un experimento y descubres algo nuevo, nueva biología. Son momentos muy bonitos en la carrera de un investigador y son los que te hacen seguir trabajando.
¿Qué queda de aquel niño al que los Reyes Magos le trajeron un microscopio?
Todavía está ahí. Sigo viviendo la afición de coleccionar insectos, a pesar de que lleno mi casa y la de mis padres de cajas... El niño sigue ahí.