Vivar descubre la tumba del cura Juan de Porre

I.P.
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Vivar descubre la tumba del cura Juan de Porre - Foto: Alberto Rodrigo

La parroquia decide dejarla visible en el lugar donde se ha hallado al realizar obras en el templo, a los pies del altar mayor. Se protegerá con un cristal y se iluminará

Vivar del Cid tiene otro héroe además de Rodrigo Díaz; se trata del sacerdote Juan de Porres, cuya tumba estará a partir de ahora al descubierto y protegida con un cristal, rescatándola así de la oscuridad en la que permanecía hasta ahora. Se sabía que bajo el suelo de madera del templo dedicado a SanMiguel, el patrono del pueblo, había tumbas, ya que estos enterramientos han sido habituales en los inmuebles religiosos, pero lo que destaca en este caso es que la sepultura identifica al personaje, con la grabación de su nombre, fecha de fallecimiento, en 1669, y el escudo familiar sobre la piedra.
Desde 1605 estuvo la familia del cura en Vivar, ya que mientras ejercía el ministerio, un hermano se vino a vivir también casándose con una vecina de un pueblo cercano,  con lo que las raíces de los Porres han permanecido para siempre en la zona. Juan de Porres, licenciado universitario llegó a Vivar desde el norte de Burgos; incluso siendo párroco de la cuna del Cid vivió 10 años en Madrid, porque tenía un cura a media ración que le ayudaba en los oficios, cuenta el actual párroco, José Luis López.
Juan de Porres fundó en el pueblo el hospital de Santa Marta, al lado de la casa parroquial, hoy desaparecido. También se debe a él la creación del ‘Arca de la Misericordia’, un maestrazgo sobre cien fanegas de trigo para siembra y ayuda a los necesitados, de tal manera que en el pueblo siempre se disponía de esa cantidad para ayudar a los que lo precisaban. Fue también mecenas del arte porque costeó el retablo de San Miguel y dejó su herencia a la parroquia. Por la transcendencia de su labor en la localidad, que permaneció durante tres siglos, se ha decidido que su tumba quede expuesta donde ha aparecido, a los pies del altar mayor, protegida con un cristal e iluminada, añade López Fernández.
Además de la de Juan de Porres, en el templo se localizan otros siete sepulcros que seguirán en su sitio al no tener la importancia de la del mecenas local.
Estos hallazgos han salido a la luz al iniciar el proyecto para cambiar el suelo del templo, una labor que llevan a cabo desinteresadamente un grupo de media docena de vecinos -algunos especializados en trabajar la piedra y en albañilería- del pueblo, capitaneados por el párroco, que abrió la iglesia al culto en el año 1996 después de que permaneciera cerrada durante dos décadas.
El proyecto de mejora del templo era una necesidad tras el deterioro constante de la tarima del suelo, resquebrajada totalmente, lo que constituía ya desde hace tiempo un peligro para los feligreses por la inseguridad al pisar, reconoce el propio cura. Con el levantamiento del suelo de madera, quedó al descubierto la piedra, aunque cubierta de yeso en su mayor parte, y la tumba de Juan de Porres, planteándose en ese momento, por parte de la parroquia y el Diócesis la disyuntiva de aprovechar o no esa piedra que, añade el sacerdote, no estaba bien en todo el conjunto del templo. La decisión que finalmente se ha tomado es mantener un pavimento elevado de carácter mixto de piedra caliza y madera, es decir, se mantendrá la piedra limpia en la zona del presbiterio, mientras que en el pasillo central y la entrada se colocarán bloques de plaqueta y en las zonas que están ocupadas por los bancos, se instalará madera nueva.
Pegados a los muros del templo, se podrán rejillas para ventilar el pavimento y evitar  humedades. Y es que la humedad ha sido el gran problema del templo, porque toda la piedra estaba recogida con una lámina de tres a cuatro milímetros de yeso y las vigas que cruzaban todo el templo estaban también sobre yeso, con lo que la humedad subía a la tarima, que se había resquebrajado. «Los tacones de las mujeres, cada vez que venían de boda, hacían nuevos agujeros; con cada boda se rompían ocho o diez tablas», concreta el sacerdote, que quiere tener finalizadas las obras, con un coste de 16.700 euros, para el día 25 cuando empiezan las comuniones.