Un millar de menores reciben cada año atención psiquiátrica

Angélica González
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Los diagnósticos más frecuentes se engloban dentro de la patología que los expertos califican de leve: ansiedad, depresión, TDAH y trastornos del comportamiento. Psiquiatría proyecta abrir un hospital de día y de camas para menores en el HUBU

Lo que llaman los expertos patología mental leve es lo que más llena las consultas de Psiquiatría y Psicología Infantil: hiperactividad, ansiedad, depresión y trastornos del comportamiento. - Foto: Valdivielso

Aunque la atención a la salud mental de los menores está en Burgos bastante bien organizada -dicen sus propios profesionales que constituye, en este sentido, una isla con respecto al entorno de la comunidad autónoma- y cuenta con un equipo independiente, que funciona con mucha autonomía y con un nivel de eficiencia «altísimo», según palabras de su responsable, Jesús de la Gándara, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Burgos (HUBU), se está trabajando en un proyecto para que en un plazo que va no más allá de 2020 se termine de organizar. El objetivo es que el Equipo de Salud Infanto Juvenil que existe en la actualidad se constituya en una sección propia dentro del servicio de Psiquiatría y que se cuente con todos los niveles asistenciales: desde el ambulatorio hasta los de hospital de día y hospitalización.
La atención ambulatoria se presta en las consultas ubicadas en el Hospital Divino Valles pero no hay hospital de día para niños y adolescentes y los que precisan un ingreso tienen que trasladarse a Valladolid, donde se encuentra la única unidad de hospitalización para menores que hay en toda Castilla y León, que tiene apenas diez camas, lo que en muchas ocasiones provoca listas de espera o que se busque como solución provisional para los casos urgentes la utilización de los recursos para adultos.
«El Equipo de Salud Mental Infanto-Juvenil está funcionando cada vez mejor pero no tenemos aún una coherencia en toda la asistencia, que va desde la puerta de entrada al sistema -que son las consultas externas- a la salida, que son la hospitalización o el hospital de día. Desde el año pasado estamos trabajando para completarlo con la anuencia de todos nuestros responsables. Ya tenemos todo bastante bien resuelto pero tiene que pasar a ser oficial, con su nombre -sección de Psiquiatría y Psicología Infantil- su dotación de puestos de trabajo, etc.», explica De la Gándara, cuyo objetivo es consolidar un equipo similar al de los adultos. Para ello, prevé la creación de un espacio de hospitalización en el HUBU -convenientemente separado de la zona de adultos, con una entrada y una decoración diferenciadas y unas pocas camas- y de un hospital de día infanto-juvenil. Este último recurso es el más perentorio: «El problema que tenemos es la demanda ambulatoria de las familias porque la hospitalización es más puntual. Lo que hay que resolver es la asistencia en modelos de centro u hospital de día que hagan compatible la asistencia clínica con el funcionamiento normal que tiene que tener un niño. La filosofía que nos mueve es que las familias de Burgos que tienen niños con problemas psiquiátricos reciban aquí toda la atención».
Hasta ahora, a muchos de los que necesitan un recurso diurno se les ofrece el Aula Terapéutico-Educativa (AUTE) que se puso en marcha en el Divino Valles en 2017 en colaboración con la Dirección Provincial de Educación. Este espacio tiene como objetivo ayudar a la recuperación de los menores con problemas mentales graves que les dificultan una escolarización normalizada. Los pacientes para quienes este recurso no es adecuado pero que aún así necesitan de un hospital de día -que cada vez son más, según la psiquiatra infantil Rocío Gordo- utilizan el de adultos con las adaptaciones necesarias.
También para ingresar a niños y a adolescentes se utilizan en ocasiones las camas del servicio de Psiquiatría del HUBU, que están pensadas únicamente para adultos, aunque se contempla en estos casos el acompañamiento familiar. «Hemos padecido mucha lista de espera, a veces de meses, porque las plazas de Valladolid no son muchas y son para toda la comunidad autónoma, por lo que si hemos tenido que ingresar con urgencia, por ejemplo, a un chico de 15 años lo hemos hecho en Burgos, no quedaba otro remedio», indica Gordo. Entre 2008 y 2018 ingresaron en Burgos 140 menores (incluidos los de la Unidad de Referencia de Trastornos de la Conducta Alimentaria de Castilla y León, que está en el HUBU) mientras que a Valladolid fueron 19. La ausencia de plazas y la urgencia han sido las razones de esta diferencia numérica pero también la negativa de las familias a trasladarse a otra ciudad.
Este equipo, que da servicio a toda la provincia -incluidas Aranda y Miranda, que no disponen de recursos específicos-, está compuesto por tres psiquiatras, dos psicólogos, una enfermera, una trabajadora social a media jornada y una administrativa. Allí, además, rotan periódicamente psicólogos (PIR), psiquiatras (MIR) y enfermeras (EIR) en formación. Todos ellos se ocupan de las consultas externas, a las que llegan anualmente un millar de familias nuevas con menores que son derivados desde las consultas de Pediatría de Atención Primaria por presentar algún tipo de problema psiquiátrico, psicológico o emocional.
Los diagnósticos más frecuentes fueron -en datos de 2018, pero  similares al de otros años- problemas de estado de ánimo (depresión), ansiedad y trastornos del comportamiento, que se engloban dentro de  lo que el psicólogo Xosé Ramón García Soto y la psiquiatra infantil Rocío Gordo denominan patología mental leve y que supone el 57,4% de los casos nuevos que se vieron ese año. ¿Cuáles son las razones por las que un menor tiene ansiedad o depresión? García Soto asegura que las mismas que los mayores: «Las problemas con la autoridad, con el cumplimiento de las obligaciones y con la relación con los iguales son las tres grandes fuentes de conflictos y enfermedades. Para adultos y para niños». El resto de la casuística se engloba dentro de la patología mental grave, en la que lo más frecuente son trastornos del espectro autista, retraso mental y trastornos del comportamiento alimentario y que supuso el 12,3% de los casos. El grueso de los pacientes del Equipo de Salud Mental Infanto-Juvenil tiene entre 6 y 15 años.
menos ‘CÓDIGO Z’. El 30,3% restante de los casos se quedaron sin diagnóstico por ser consultas en las que no se detectó ninguna patología psiquiátrica: «Dentro de este grupo se incluyen tanto las sospechas de patología que finalmente no se confirmaron -que supone el 20% de los casos- como lo que no fueron propiamente enfermedades mentales sino situaciones que alarman a las familias como puede ser un divorcio o dificultades de relación con los compañeros, y que ahora están en el 10%», precisó Xosé Ramón García Soto.
Las circunstancias que favorecen el contacto con los servicios sanitarios sin ser estrictamente problemas sanitarios se denominan en las clasificaciones psiquiátricas ‘Código Z’ y hace unos tres años llegaron a suponer para los profesionales del Equipo de Salud Mental Infanto-Juvenil de Burgos hasta el 40% del volumen total de trabajo. A esta situación se le se puso coto actuando de forma coordinada con Atención Primaria, ya que este nivel sanitario es el principal derivador de pacientes a Psiquiatría a través de las consultas pediátricas: «Llegamos a tener lista de espera -reconoce Rocío Gordo- y nos preocupaba mucho que un adolescente deprimido tuviera que esperar tres meses porque nos derivaban con la misma urgencia un problema psicosocial. Por eso creamos un grupo de trabajo mixto, que fue oficializado por la gerencia del hospital, y nos propusimos el objetivo de que la derivación de los niños fuera lo más ajustada posible a través de cuatro protocolos: de coordinación, de casos de trastorno de déficit de atención e hiperactividad mal derivados, de problemas psicosociales y una guía de recursos a los que pueden acudir las familias». Estas medidas surtieron el efecto deseado y en la actualidad no existe lista de espera.