«Siento un profundo respeto por esta Diócesis de profundas raíces cristianas»

I. Pascual / Burgos
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Fidel Herráez Vegas toma posesión en una multitudinaria misa en la Catedral, arropado por 4 cardenales, 40 obispos, 450 sacerdotes, religiosos, familiares y representantes de todos los estamentos

En primer término Carlos Amigo y Rouco Varela seguidos de Fidel Herráez, Renzo Fratini -con el báculo- y Gil Hellin, camino del Altar Mayor. - Foto: Miguel Ãngel Valdivielso

 
 
La Diócesis de Burgos ya tiene nuevo pastor. Ayer, en una Catedral engalanada para la ocasión y en una multitudinaria eucaristía, Fidel Herráez Vegas recibió el báculo de manos de monseñor Renzo Fratini, nuncio de Su Santidad en España, y lo hizo asegurando sentir un «profundo respeto al llegar a esta Diócesis de antiquísima historia y de profundas raíces cristianas». Pero no solo eso, desde esa humildad que le caracteriza, según quienes le conocen bien, añadió verse «indigno y pequeño», pero preparado. «Dios me ha conducido hasta aquí para ser un humilde eslabón más de la cadena apostólica, y apoyado en Él, en la comunión de la Iglesia y en vuestra oración, vengo a insertarme en la corriente fecunda de esta iglesia diocesana, viva y generosa que ha dado a la iglesia copiosas vocaciones y numerosos misioneros», aseguró.
El nuevo arzobispo afirmó que no trae ningún plan pastoral preconcebido, sino que pondrá todas sus energías en impulsar el que ya ha dejado en marcha su predecesor, Francisco Gil Hellín, después de 13 años de servicio en Burgos. Sí reconoció que podrá este año el acento en anunciar con palabras y obras la misericordia del Señor e invitó a todos a hacer de «la Iglesia de Burgos una casa y escuela de misericordia, sensible y atenta a quienes más nos puedan necesitar, a los ancianos, a los niños, al dolor de nuestros hermanos en cualquier situación de pobreza, de enfermedad, de soledad y de carencia de Dios».
Esos fueron algunos de sus principales mensajes pronunciados en la homilía, no sin antes haber realizado una larga lista de saludos y agradecimientos, comenzando por el propio nuncio de Su Santidad, a quien pidió que haga llegar al Papa Francisco su agradecimiento por la confianza que ha depositado en él, a los cuatro cardenales presentes en la ceremonia, Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid; Carlos Amigo, arzobispo emérito de Sevilla; Antonio Cañizares, arzobispo de Valencia, y, de modo especial a Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, «de quien recibí la ordenación episcopal y quien ha sido para mí, a lo largo de 20 años de estrecha colaboración como obispo auxiliar, maestro en amor a la Iglesia y en celo evangelizador», manifestó. No faltó tampoco el saludo al resto de arzobispos, obispos, religiosos, fieles y a todas las autoridades política, civiles y militares presentes, así como a sus familiares desplazados hasta Burgos, momento en el que tuvo un recuerdo especial para su madre, que ya anciana no ha podido estar presente en su toma de posesión; en definitiva a todos cuantos le arroparon. También feligreses llegados de su Ávila natal y de Madrid donde ha ejercido hasta ahora su apostolado.
 Ytodo ello en una homilía que se prolongó durante 30 minutos, pero que estuvo precedida de momentos intensos hasta la propia toma de posesión y de todo el simbolismo que un acto eucarístico de esa envergadura lleva implícito y cuyo guión se desarrolló a la perfección, tanto dentro como fuera del templo catedralicio.
Porque fuera, en la plaza de Santa María, Fidel Herráez, acompañado del nuncio de Su Santidad, Renzo Fratini, fue recibido con música a cargo de distintas comunidades religiosas. Era las 12,00 del mediodía, la hora del Ángelus, y ambos atravesaban la puerta de la Seo burgalesa para ser recibidos por el administrador apostólico, Francisco Gil Hellín, y las autoridades de la ciudad, el alcalde de la ciudad, Javier Lacalle y el presidente de la Diputación, César Rico, entre otros. Después fue presentado al colegio de consultores -único órgano de gobierno de la Diócesis que no cesa con la llegada del nuevo arzobispo- y al Cabildo catedralicio. Fue el presidente de éste, Juan Álvarez Quevedo, quien le ofreció a besar una reliquia del Lignum Crucis y el agua bendita, con la que Fidel Herráez, bendijo a los fieles congregados.
El aún arzobispo electo, seguido de la comitiva, visitó la capilla del Santo Cristo de Burgos, permaneciendo unos minutos en adoración y preparación para la eucaristía, para después dirigirse hacia la sacristía mayor donde se revistió con los ornamentos sagrados para celebrar la eucaristía. Mientras tanto, obispos, sacerdotes, religiosos, autoridades y fieles habían ido ocupando sus lugares, unos en el alta mayor y otros en los laterales y resto del templo.
La procesión hacia el presbiterio salió del claustro alto y en su camino hacia la nave central, Fidel Herráez, ya ataviado con la mitra, alba, la casulla y el cíngulo propios del cargo, fue saludando a los fieles congregados a lo largo del recorrido con gestos de la mano, la cabeza y una amplia sonrisa, acompañado de los miembros del Cabildo, el colegio de consultores, los obispos concelebrantes, el administrador apostólico y el nuncio que portaba el báculo. La música a cargo del Orfeón Burgalés daba aún más realce al acto ya de por sí solemne.
Una vez en el presbiterio y tras haber venerado el altar, Gil Hellín fue el encargado de dar la bienvenida a Fidel Herráez a la «Iglesia de Burgos». En su intervención hizo una reflexión de la rica historia de la tierra burgalesa y el «peso» que ha tenido durante siglos un arzobispado como el de la Diócesis de Burgos. «Dios te entrega esta rica y variada realidad para que apacientes en ella a sus corderos», subrayó el anterior arzobispo. 
Por su parte, el nuncio Renzo Fratini dio las gracias a Gil Hellín «en nombre del Santo Padre» por la entrega «generosa» durante 13 años a «una Diócesis tan querida» como la de Burgos, mientras que a Herráez Vegas, también le agradeció su trabajo en la Diócesis de Madrid, para añadir que ahora «el Santo Padre le confía esta porción del pueblo de Dios. Finalmente, Fratini le ‘dejó’ en manos de Santa María la Mayor para que «le ayude y le conforte en su misión pastoral».