Atención Primaria frena la pandemia en los geriátricos

A.G.
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Este nivel asistencial acudió 'al rescate' de las residencias al principio de la crisis y desde entonces las atiende 24 horas al día de forma presencial y telefónicamente

Dos enfermeros entran en una residencia de ancianos de la Junta - Foto: Alberto Rodrigo

La directora médica de Atención Primaria, Paz de la Torre, se incorporó a la Gerencia de Atención Primaria de Burgos el 1 de marzo procedente del Hospital Clínico de Valladolid. Apenas diez días después explotó la crisis sanitaria del coronavirus y reconoce que aún sigue impactada por la capacidad de adaptación que ha visto en los profesionales: "Estoy impresionada por la elasticidad que han demostrado, cambiando sus horarios de trabajo, su ubicación en algunos casos… pero, sobre todo, por su actitud de colaboración". La técnica de salud María José Pereda coincide con su compañera y como ejemplo pone que muchas trabajadoras de las unidades ahora cerradas al público (fisioterapia, salud bucodental, unidad mamográfica...) se han ofrecido poniéndose a disposición desde el principio "para lo que hiciera falta".

De la Torre y Pereda forman parte del grupo consultor creado en la Gerencia de Atención Primaria para organizar el trabajo con el objetivo de aplacar las consecuencias de la pandemia en las residencias de ancianos, uno de los focos de mayor morbilidad y mortalidad por covid-19, pero también en otros centros de atención a personas con discapacidad y adicciones y en comunidades religiosas. En él están, además, la directora de Enfermería de Primaria, Itziar Martínez; Ana Ruiz, del Equipo de Soporte de Atención Domiciliaria; Rafael Marín, del servicio de Hospitalización a Domicilio del HUBU; la trabajadora social Laura Miguélez y el internista Juan Francisco Lorenzo. 

En los primeros días de la alerta la Consejería de Sanidad ordenó la creación de estas estructuras que se han llamado Equipo Covid Residencias y que han contenido la pandemia atendiendo a los geriátricos con una actividad que va desde la formación de los sanitarios de esos centros y la priorización de ancianos y trabajadores a la hora de la realización de los test, hasta la sustitución allí cuando ha sido necesario de médicos y enfermeras, atención telefónica de lunes a domingo y presencial  a demanda, acceso a los medicamentos hospitalarios que han evitado hospitalizaciones y los riesgos que conllevan y la puesta a disposición de un teléfono 24 horas para resolver dudas. 

Tras la constitución de este grupo, y para llegar a todos y cada uno de los 164 centros sociosanitarios de la provincia, se estableció en cada centro de salud un ‘miniequipo’ con  trabajadora social, médico y enfermera, que llaman a diario a las residencias para conocer la situación de los enfermos y acuden a atenderlos si es necesario. Ese control se ha realizado también todos los fines de semana -este ha sido el último al descender la presión asistencial- desde las instalaciones de la Gerencia con el apoyo, si había que ir a ocuparse de los ancianos, de coches conducidos por voluntarios de Cruz Roja. 

"Lo primero que hicimos fue acercarnos a las residencias para conocer cuál era su situación real y ver si se estaba separando bien a los pacientes, si  había EPI ... Lo que nos encontramos fue un cierto caos pero porque al principio nadie estábamos preparados para esto ni nadie teníamos claro nada. Luego, se ha ido reconduciendo la situación", señala la directora médica, que indica que una de las primeras labores, de la que se ha ocupado la Enfermería, fue la realización de test tanto a los residentes como a los trabajadores para poder hacer la sectorización de aquellos que hubieran dado positivo, es decir, de aislarles para cortar el contagio. Cerca de 15.000 se han realizado en todo este tiempo y ahora se siguen haciendo para conocer la evolución de los pacientes.

¿Cuál ha sido, a juicio de estas expertas, la razón por la que unas residencias han estado muy afectadas y otras no tanto? Influyó el hecho de que al principio no hubiera test, que no se separara a los pacientes positivos, el desconocimiento -"en febrero se estaban diagnosticando gripes"- y la escasez de personal: "Algunas lo vieron venir y se blindaron. También influyen los tamaños y la ubicación, en el medio rural hay menos afectados, quizás porque tenían menos trasiego de personas, así como el hecho de que no contaban con la estructura adecuada para hacer frente a una pandemia como esta".  

Tratamiento hospitalario en las residencias para evitar traslados. Una de las herramientas del trabajo del Equipo Covid-Residencias de Atención Primaria ha sido el asesoramiento permanente a través de un teléfono 24 horas al otro lado del cual está desde el principio el internista Juan Francisco Lorenzo, quien afirma que en los primeros momentos lo que le trasladaban desde las residencias era miedo y desconfianza. La praxis hasta entonces había sido que si un anciano enfermaba iba directo al hospital pero dadas las circunstancias, con la alta ocupación que registraba el HUBU y para evitar los riesgos inherentes a un traslado y a un ingreso, se decidió ofrecer el mismo tratamiento que en el hospital.

"Se propuso que una medicación hospitalaria como es la hidroxicloroquina, un antimalárico utilizado por pacientes con enfermedades autoinmunes que se vio que funcionaba contra la covid-19,  se pudiera poner en las residencias y se aceptó, por lo que se pusieron en contacto las farmacias del hospital y de Primaria y los mayores han tenido en sus residencias el tratamiento que hubiera recibido en el hospital. Así, se han evitado muchos ingresos", explica Lorenzo, quien matiza que esto no ha sido óbice para que a quien ha necesitado otro tipo de tratamiento hospitalario se le haya ingresado. 

Los geriátricos le consultan a Lorenzo todo tipo de problemas que presentan los mayores -incluso de madrugada- y él cuenta que ha intentado transmitir desde su experiencia, sobre todo, "la necesidad de anticiparse, es decir, de actuar cuando se está viendo que una persona empieza a estar mal y no esperar a que se ponga más grave".