Terrazas llenas frente a sillas y mesas apiladas

ADRIÁN DEL CAMPO
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Aranda de Duero inicia la desescalada con imágenes contrapuestas: mientras la mayoría de bares de la zona centro aún no ha abierto, los que sí lo han hecho disfrutan de una clientela con ganas de calle

Alfonso, Luis y Pepe celebran su primera caña. - Foto: A. del Campo

La imagen que dejó el estreno de la fase 1 en Aranda de Duero fue muy dispar. Mientras en algunas calles, la mayoría, todo parecía estar igual que el domingo, con gente paseando pero con los bares todavía cerrados y las mesas y sillas apiladas a la puerta; en otras zonas, las menos pero las más llamativas; las terrazas devolvían la vida a una ciudad que pierde gran parte de su esencia con la hostelería cerrada. En unos pocos metros de paseo era fácil encontrar las dos postales contrapuestas, mesas y sillas encadenadas frente a otras ya colocadas en la calle y llenas de gente.

En la zona centro de la villa, la de mayor presencia de negocios de hostelería, lo habitual era encontrarse con los establecimientos cerrados. La mayoría de los locales de esta zona decidieron, al menos ayer, seguir cerrados. Unos empujados porque todavía ven apresurado abrir, otros porque nadie les asegura que puedan cubrir gastos con media terraza y otros porque están ultimando detalles para adaptarse a la nueva normalidad. Nueva realidad que, de momento, en su caso significa una atención más cuidadosa en cada detalle que aumenta los tiempos de servicio.

Mientras muchos bares del centro no habían subido la verja, por ejemplo ni uno solo de la plaza Mayor, los que sí abrieron sus puertas, no literalmente, porque aún no se permite tomar nada en el interior de los locales, tuvieron una gran acogida. Las terrazas abiertas estaban prácticamente llenas y a la hora del vermú costaba encontrar una mesa libre. Los camareros casi no daban de sí para atender y limpiar y volver a limpiar, mientras en las mesas las escenas eran de alegría, de comentarios, de "¿cómo has pasado estos días?" y de bromas y vacile.

Entre amigos. Alfonso, Luis y Pepe eran tres los clientes que sobre las 13.00 horas habían tenido la suerte de coger mesa en la única terraza abierta de la plaza de Hispanidad. El encuentro de estos tres amigos fue casual, como esas rondas de cañas que se alargan sin saber por qué. Primero llegó uno, que sin pensarlo se sentó en la terraza para aprovechar la mañana de sol y el estreno de la fase 1, al poco rato apareció por la plaza otro de los amigos y se sentó en la mesa, y así ocurrió con el tercero. Con la caña en la mano y echando la vista atrás, a los dos últimos meses, Alfonso tenía claro qué destacar: "Ha sido un poco complicado, pero es lo que hay. Hay que hacerlo así por el bien de todos. Lo de las terrazas es lo de menos, lo importante es que estemos los tres hoy aquí".

Luis es hostelero y remarcaba la necesidad de que se vaya recuperando la actividad, sobre todo por la cantidad de gente que depende del sector servicios. Él tiene un restaurante y no ha podido abrir todavía porque no tiene terraza, cuando se permita, en la siguiente fase, levantará la verja esperanzado en llenar ese 40% del aforo que le permite la ley. Mientras las palabras no paran de brotar, todos quieren hablar tras meses confinados y los debates pendientes se retoman sin esfuerzo, Alfonso lanza un mensaje de cautela: "Hay que tener cuidado, que la gente tampoco se venga muy arriba, porque el virus sigue aquí".

El primer café. En otra calle del centro de Aranda, Maite también es de las que no ha querido esperar y desde la primera mañana en fase 1 disfruta de su café de bar junto a dos de sus amigas. "Es la primera vez en muchos meses y estoy muy a gusto, lo único que la mascarilla entorpece un poco", declara. Esta vecina de Aranda reconoce que "es una situación distinta a la de antes", pero remarca que es "agradable reencontrarte con las amigas". Maite reconoce que a pesar de estar en una terraza, hasta ahora no había salido ni a pasear porque "personalmente" le "ha dado miedo salir, quizá por la edad o no sé por qué".

Si a Luis, en la anterior terraza, una cerveza entre amigos le sabía totalmente diferente a tomarla en casa, "donde pareces un alcohólico bebiendo solo", declaraba entre risas, a Maite, en esta otra mesa, le ocurría algo similar: "Este café sabe diferente, porque el que me tomo en casa me lo tomo yo sola haciendo la comida y las camas y aquí me lo tomo hablando con mis amigas, así que un café totalmente diferente, muy agradable".

Desde el otro lado de la barra, el dueño del bar Tierra y Mar, Manuel Carmona, cuenta que los dos meses cerrados han sido "duros" pero no más de "una piedra en el camino". El hostelero lanza un mensaje de optimismo y de ganas, afirmando que ahora toca adaptarse, cumplir con toda la normativa marcada desde las autoridades y extremando más si cabe la limpieza en todos los ámbitos. Además cree que este nuevo reto puede ayudar a mejoras en los negocios. Un ejemplo es su caso, donde la venta online de productos alimentarios le ha ayudado a sobrellevar los meses de parón. Sus primeras horas de apertura las ve positivas, con clientes y hasta con una visita de sanidad, la cual superó con éxito.

Así, entre mascarillas que nunca se bajan, las de los camareros, y otras que se quitan y se ponen, las de los clientes, es la nueva normalidad que se dibuja en las calles de Aranda, donde, cómo era de esperar, el buen tiempo y las ganas de reencontrarse con amigos llenaron las pocas terrazas abiertas.