"No hay nivel de infectados para la inmunidad de rebaño"

I.M.L.
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El gerente del Hospital de los Santos Reyes, Evaristo Arzalluz, repasa la gestión de la pandemia en el ámbito hospitalario ribereño

"No hay el nivel de infectados para la inmunidad de rebaño"

No relajarse. Esa parece la máxima que rige el trabajo en el Hospital de los Santos Reyes de Aranda de Duero, tras dos meses en los que se ha estado al borde del colapso asistencial pero que se ha salvado la etapa crítica con una intensa colaboración, del personal, instituciones y sociedad en general. El gerente del centro hospitalario, Evaristo Arzalluz, comparte con Diario de Burgos su visión de lo ya pasado y de lo que aún está por venir. 

A las puertas de los dos meses del estado de alarma, ¿cómo definiría la actual situación en el Hospital de los Santos Reyes?

Después de los peores momentos, a finales de marzo y de la fase de tensa espera que ha supuesto abril, podemos aventurar que ahora, en mayo, estamos con la actitud de iniciar la desescalada, aunque siempre con un ojo puesto en posibles repuntes.

¿Cuándo empezó a atisbar que los contagios iban a afectar a la actividad asistencial hospitalaria?

Fuimos los primeros en tomar medidas. El 2 de marzo tuve que ir al Hospital Donostia, de San Sebastián, y vi lo que estaba pasando allí y las medidas que estaban tomando. Eso me puso en la realidad: éramos una isla, pero quedaba poco tiempo.

A la vuelta reunimos a los médicos y directores de las residencias y acordamos unas medidas urgentes. Más tarde me enteré de que algunos pensaron que estábamos locos por tomar medidas que en aquél momento parecían drásticas pero que luego tomó todo el mundo.

En esos momentos iniciales, ¿qué medidas acertadas se tomaron?

Nos guiamos por dos ideas-fuerza: tenemos que ir un paso por delante del virus y tenemos que ir todos unidos. Para ello hay que proteger a nuestro personal y hay que dar la mejor atención a los pacientes. Se prohibieron las visitas de representantes, de familiares, se cerró la cafetería, se suspendió la actividad programada, consultas y operaciones. Se formó un grupo de coordinación con Ayuntamiento, Protección Civil, Cruz Roja, Bomberos, Policía Nacional y Local, Guardia Civil. Se formó otro grupo con directores de las 17 residencias de ancianos, que nos preocupaban mucho, cosa que luego se demostró acertada, y con Atención Primaria.

¿Se ha contado en todo momento con elementos de protección para los trabajadores del hospital?

Sí. Desde el primer momento se reagrupó todo el material de protección y se confió a las supervisoras de enfermería su administración. Luego comenzamos a recibir donaciones de empresas y de particulares. Y, salvo algún caso puntual, en ningún momento ha faltado protección.

Por ahora, porque esto no ha acabado. Ahora mismo, por ejemplo, estamos escasos de batas. Nuestra obsesión ha sido proteger al personal, porque si nosotros caemos no hay sustitutos. Y también para no contagiar a los pacientes no infectados. 

¿La creación de la nada del hospital de convalecencia supuso tanto alivio como parece?

Fue como trabajar con red. Hay que situarse en aquél momento, a finales de marzo. Estábamos desbordados, con 50 infectados ingresados, con casos muy agudos de pacientes jóvenes que bruscamente empeoraban, con traslados de pacientes críticos al HUBU que, por cierto, nos ha ayudado mucho. La progresión de la pandemia era brutal. Y no podíamos recurrir a nadie porque a nuestro alrededor estaba todo todavía peor: Burgos al norte y Madrid al sur. Y Segovia y Soria no digamos.

¿Cómo valora la experiencia de gestionar dos centros hospitalarios?

Al principio padecimos todos de insomnio y ansiedad. Pero la respuesta del personal fue espectacular. El doctor Hernández Roscales asumió la gestión del hospital de convalecencia junto con la supervisora de enfermería Begoña Palomo, y eso supuso una tranquilidad enorme. 

El equipo humano del hospital de convalecencia, con incorporaciones de médicos MIR, estudiantes y profesionales con mucha experiencia ¿fue un acierto?

Fue una experiencia maravillosa. Se pidió la colaboración de todos los especialistas, que se prestaron a ello. El servicio de Salud Mental lo reservamos para la atención psicológica de pacientes y sanitarios. En cuanto a las enfermeras, se pidió la colaboración de algunas próximas a la jubilación, que ahora que ya ha pasado lo gordo reconocen que sintieron miedo pero están felices de haber participado en la experiencia. Y luego están los jóvenes, los MIR, las enfermeras con la carrera recién acabada, como aquella de la foto del ángel, las auxiliares, los celadores. Ha sido conmovedor, la verdad. No tengo palabras.

Mientras, en el Santos Reyes, ¿cómo se organizaron en la etapa de mayor número de hospitalizados?

Cada servicio presentó un ‘plan de contingencia’, que consistía básicamente en formar equipos estancos para que no se contagiaran todos los miembros de un servicio a la vez. Cuando unos entraban a trabajar, otros salían. Así, si un equipo caía, quedaba el otro. Medicina Interna, con su jefe de servicio al frente, el doctor Cancelo, lideró la atención de los ingresados, con los cardiólogos y digestólogos a su disposición, sin dudarlo, a pesar de que son facultativos jóvenes con hijos pequeños. Se organizaron turnos de 12 horas y reforzaron guardias de Interna y Urgencias, doblando el personal.

Todos los trabajadores renunciaron motu proprio a sus permisos, reducciones de jornada, etc. El servicio de atención al usuario y las fisioterapeutas se ocuparon de la humanización de los ingresos, haciendo de puente con las familias, transmitiendo mensajes a través de los teléfonos móviles.

¿Han tenido muchos momentos críticos?

Sí, sobre todo a finales de marzo y principios de abril. Comentaba un directivo que veía el hospital de convalecencia lleno, con las 170 camas ocupadas, y con dificultades para evacuar los de cadáveres. Suena muy crudo, pero en aquél momento las cosas se veían así.

¿Qué ha descubierto de la plantilla, para lo bueno y para lo malo?

No recuerdo nada malo ahora. Sí recuerdo, en cambio, muchos detalles que calificaría de heroicos. Yo diría que ha aflorado en todos nosotros la vocación, ese compromiso más allá de un trabajo remunerado por un salario. Haces cosas que no se pagan con dinero. Una médica se contagió porque al atender a un paciente demenciado, éste le arrancó la bata y le hirió con las uñas, por nombrar un ejemplo.

Hablando de la plantilla, que en el pasado ha soportado carencias graves, ¿cómo está ahora?

Se van a incorporar estos días dos oftalmólogos, uno o dos radiólogos y un hematólogo. Pero volvemos a las andadas y tendremos problemas para completar toda la plantilla. 

Hace dos semanas que se recuperó la actividad quirúrgica, ¿ha sido una decisión correcta?

No hay más remedio. La cirugía urgente siempre la hemos mantenido. Y la no demorable, que son por ejemplo cánceres in situ que hay que operar cuando antes para que no progresen, la reanudamos a finales de abril. Los pacientes no covid siguen ahí y hay que atenderles. Por ahora no hemos visto que haya habido consecuencias negativas.

Ahora mismo, ¿cómo se encuentra el hospital en cuanto a ocupación de camas y capacidad asistencial?

Ahora mismo hay cinco pacientes covid y 30 no covid, y 62 camas libres, o sea que, poco a poco, el balance se va recuperando. En Urgencias igual, los pacientes no covid están regresando. 

¿Y en cuanto a cifras de personal contagiado y de baja o aislamiento por la covid-19?

Hemos tenido muy pocas bajas, y afortunadamente ningún fallecido. Hemos hecho test de anticuerpos a todo el personal del hospital, incluyendo contratas como limpieza y seguridad. Hemos hecho PCR y las vamos a repetir ahora.

El máximo fue a mediados de abril, con 24 entre infectados y en aislamiento. En estos momentos hay 10 profesionales entre positivos y aislados. Y casi todos fueron porque al principio cometimos un error, cuando no sabíamos casi nada, atendimos a una mujer muy mayor con una patología que aparentemente nada tenía que ver con el covid y resultó positiva. Hemos aprendido que hay que tratar a todos los pacientes como si fueran covid, aunque la PCR sea negativa.

Sin embargo, de los que trabajaron en la planta covid, la más peligrosa, no se contagió casi nadie, salvo la médica que he mencionado, porque iban protegidos.

¿En qué consiste el plan de desescalada que se ha ideado para el Hospital de los Santos Reyes?

Empezamos este lunes 11 de mayo. Nos han autorizado a desescalar desde el nivel de alerta 3 directamente al 1 gracias a que cumplimos unos estándares: tener dos circuitos, covid y no covid, en urgencias; tener planta covid y no covid en ingresos; garantizar que en las salas de espera se minimice el riesgo de contagio con la distancia de seguridad y se da mascarilla al que no la trae; hacer PCR a todo el personal; etc.

El plan de desescalada consiste en recuperar la actividad ordinaria y programada. Empezaremos con dos quirófanos diarios, para atender procesos preferentes. En consultas empezaremos citando cada 20 o 25 minutos, para que no se aglomeren en la sala de espera. Serán casi todas consultas primeras, empezando por las preferentes. Y comenzaremos también con las pruebas radiológicas, para que cuando vayan a las consultas estén ya hechas. También empezaremos con otras pruebas diagnósticas, como cistoscopias y endoscopias digestivas.

Tanto en el hospital como en el Centro de Especialidades habrá un triaje en el acceso donde se tomará la temperatura con termómetros inhalámbricos, cedidos por las asociaciones de vecinos, y se darán mascarillas a los que no las lleven. Además, contamos con la colaboración y responsabilidad de los usuarios. 

En Aranda estamos pendientes de que se avance en los trámites para la construcción de un nuevo hospital. ¿Se ha tomado nota de algunas necesidades para incluirlas en esa nueva infraestructura hospitalaria?

Sí, me lo comentaba el Director de Gestión, Antonio García. Ya lo habíamos pensado antes y la pandemia nos ha reforzado la idea. Tenemos que contar con una sala diáfana, que normalmente no se usará pero que estaría disponible si se repite una pandemia así, con espacio amplio, tomas de oxígeno y gases, tenemos que tener dos circuitos claramente definidos en Urgencias, habitaciones con presión negativa, una Unidad de Cuidados intermedios para pacientes infectados, etc.

¿Cree que la sociedad ribereña está concienciada de la necesidad de su responsabilidad para reducir el riesgo de rebrotes o aumento de contagios? ¿Qué le pediría?

Hasta ahora ha dado un ejemplo impresionante de disciplina y responsabilidad. Pero hay que seguir, hemos ganado la primera batalla, pero no la guerra. El virus sigue ahí, y el porcentaje de infectados con toda seguridad no llega para proporcionar lo que se llama ‘inmunidad de rebaño’. O sea, que va a volver. Y no sabemos cómo ni cuando. Puede mutar, de hecho, la patología que vemos ahora es distinta de la del principio. Es un virus con múltiples manifestaciones, difíciles de identificar.

Les pediría que no bajen la guardia, que no se relajen. Que los hábitos adquiridos, como el lavado de manos, los mantengan. Que eviten aglomeraciones. Que usen mascarillas en sitio concurridos o medios de transporte colectivos. Y quería decirles también que nos van a tener siempre aquí, que no están solos, que les atenderemos, aunque nos vaya la salud en ello, tengan la edad que tengan.