Excelencia gastronómica

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Nueve profesionales, establecimientos y marcas de garantía recogen los sextos premios de la Academia Castellana y Leonesa de la Gastronomía

El burgalés Miguel Cobo recogió el premio al mejor cocinero de Castilla y León. - Foto: Rubén Cacho (Ical)

La Academia Castellana y Leonesa de Gastronomía y Alimentación entregó ayer una decena de galardones a destacados referentes gastronómicos de una Comunidad que cuenta probablemente con una de las despensas más ricas de Europa. Establecimientos, profesionales y marcas de garantía de media docena de provincias recogieron su galardón por haber destacado dentro del sector durante el pasado año.
Los agraciados en esta sexta edición, dentro de las nueve categorías, fueron el restaurante Ambivium (Peñafiel, Valladolid), el cocinero burgalés Miguel Cobo, los profesionales de sala Marcelino Calvo y Nino Martínez, la bodega Javier Sanz (La Seca, Valladolid), la Indicación Geografica Protegida (IGP)Morcilla de Burgos, la empresa Beher (Guijuelo, Salamanca), la bodeguita de San Segundo (Ávila), Mesón del Cerrato (Tariego de Cerrato, Palencia), la Denominación de Origen Protegida (DOP) Cebreros y la D.O. Queso Zamorano en su 25 aniversario.
El premio al mejor restaurante se lo llevó Ambivium, ubicado en la bodega Pago de Carraovejas desde 2017, cuando Pedro Ruiz Aragoneses -director general de Alma Carraovejas- hizo una apuesta gastronómica de primer nivel en busca de algo diferente que posicionara al restaurante y la zona como un destino de gastronomía de vanguardia.
El galardón al mejor cocinero fue para Miguel Cobo, de arrasadora personalidad y trayectoria potente. Con un carácter perfecionista, se mantiene en un continuo desafío creativo que le lleva a la búsqueda de nuevos espacios como el que abrirá en Burgos en unas semanas.
El binomio Marcelino Calvo y Nino Martínez han hecho de la sala del restaurante El Ermitaño (Benavente) un oasis de placer, educación y buen gusto. Su trabajo sincronizado inspira y es ejemplo para los jóvenes profesionales.
La mejor bodega fue para Javier Sanz Viticultor, tras cinco generaciones dedicados a cuidar la viña y elaborar con ella vinos de calidad en la DO Rueda. La bodega ha realizado un encomiable trabajo de recuperación de variedades en desuso como la malcorta o colorado.
El mejor producto se lo llevó la morcilla de Burgos, que gracias al reconocimiento de la I.G.P. tiene en sus manos su defensa y la obligación de dar garantía al producto, así como su investigación, desarrollo y promoción para que no se pierda ni su nombre ni la identidad y calidad.
La mejor industria agroalimentaria recayó en Bernardo Hernández (Beher), de Guijuelo por ser modélica, tanto en sus instalaciones, distribución y venta del producto, como en su control de calidad en los procesos de crianza del cerdo ibérico.
La bodeguita San Segundo de Ávila recogió el premio al mejor local de vinos o copas, que por primera vez se entregó a un local especializado en vinos, con incontables referencias servidas por copas y bien acompañadas por tapas de calidad.
El mejor restaurante tradicional fue para el Mesón del Cerrato, en la localidad de Tariego, donde se siente la tradición nada más cruzar su puerta y la cocina hace honor a la tierra y a sus productos.
El premio revelación fue para la DOP Cebreros, donde el trabajo de un grupo de viticultores empeñados en que no desaparecieran las viñas ha logrado estar en boca de todos al elaborar buenos vinos, sorprendentes y singulares.
Por último, la DO Queso Zamorano recibió una mención especial por 25 años defendiendo el queso con leche de ovejas churras y castellanas.