Burgos blindará los escaparates de los comercios históricos

Á.M.
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El Ayuntamiento trabaja en catalogarlos dentro de la próxima modificación del PGOU. Mientras, Licencias está vetando los proyectos que supongan la pérdida de identidad de los locales

Pilar Canales, frente a la Librería Espolón. - Foto: Luis López Araico

La historia de la ciudad se puede leer en sus comercios, un relato en serio riesgo de desaparición. La hostelería ha sucumbido a las fuerzas centrípetas y puja por colonizar espacios cargados de recuerdos, lugares emblemáticos que no sólo están en la memoria colectiva de la capital; también fueron testigo o escenario de capítulos cruciales de su pasado. Si se pierden, una parte de Burgos morirá son ellos.
La preocupación municipal por el despliegue de las franquicias, cadenas de comida rápida o restauración en el casco histórico viene de lejos. No porque se ejecuten inversiones, se cree empleo y se reanimen locales inertes; todo eso está muy bien. Es un problema de formas, y más en concreto de reformas. La protección de aquellos elementos (escaparates, puertas, rótulos...) que se consideran dignos de preservación está planteada en la revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que se vuelve a retrasar sin fecha fija.
Mientras, y a la vista de la avalancha de peticiones de licencias de obras para transmutar comercios en bares y restaurantes, en Licencias han comenzado a hacer el trabajo y están poniendo condiciones a los empresarios que adquieren o alquilan locales que se consideran representativos de una época o un movimiento arquitectónico.
Lo han comprobado en las obras -ya iniciadas después de un largo proceso para la obtención de licencias- para la conversión de la antigua librería de viajes Sedano y la zapatería Melgosa, contiguas y en el Espolón, en una pizzería (Pizza Station). El Ayuntamiento ha obligado a sus promotores a restaurar y preservar el escaparate curvo de la zapatería y el rótulo de la fachada de la librería. Lo han hecho, está incluido en el proyecto y se quedarán formando parte del Espolón.
A diferencia de cualquier otro barrio de la ciudad, donde es suficiente con presentar una declaración responsable para poder comenzar una obra de reforma de un local comercial, en el centro histórico pesa una protección que obliga a los comerciantes y hosteleros a presentar los proyectos y obtener los oportunos permisos antes de mover un ladrillo. Si no se respeta ese procedimiento, la maquinaria se mueve. Lenta, como acostumbra, pero implacable. De hecho, ya se han dado varios casos en los que se han paralizado obras durante meses o se han impuesto sanciones económicas.
Caso a caso.

La concejala de Licencias y Urbanismo, Ana Bernabé, explica que el «gran trabajo que están haciendo en Licencias» pretende prologar la futura protección de los elementos más significativos a través de la citada modificación del PGOU, que está contratada hace más de un año pero que «va para largo». La pregunta es qué elementos se deben proteger. «Eso es lo que hay que establecer. Como norma general, trataremos de mantener los escaparates y rótulos, pero puede que los elementos de mayor valor estén dentro del local. Esto ocurre con alguna farmacia y con otros comercios que se están analizando», amplía Bernabé. Llegado el momento, quedarán catalogados como lo están algunos edificios o incluso los árboles singulares de la ciudad.
Otro local que se ha topado con la prohibición de reformar su fachada es la juguetería Chapero. «El expediente está parado porque no hay acuerdo entre los técnicos municipales y el promotor. Querían quitar el escaparate actual y por el momento no han presentado alternativa». En ese caso, sucede que Chapero, cuyo establecimiento se inauguró en 1966, llegó a un acuerdo con un gigante del juguete (Toy Planet) que, según la versión municipal, le pide que adapte su escaparate de la Plaza Mayor a los colores de la franquicia, algo por lo que los técnicos no pasan.
Mientras se concretan los espacios o elementos a proteger, en Fomento han comenzado a elaborar una lista que contiene los comercios que deberán preservar su fachada tal y como la conocemos actualmente, a los que se suman aquellos que ya han recibido la instrucción. Aunque el día de mañana albergaran la consulta de un dentista, una hamburguesería o un gimnasio, su fachada será la que vemos actualmente.
Así, a Melgosa, Sedano y Chapero se suman la librería Espolón, el café España, la sombrerería Teodoro, la tienda Santos Soria, las dos farmacias de la Plaza Mayor, el despacho de imaginería A la Villa de Madrid (que cesa su actividad de forma inminente para albergar un local de hostelería cuyo promotor se topará con la obligación de mantener el escaparate actual), el ultramarinos Venancio García y el restaurante Ojeda.
Bernabé subraya que esta protección no estará reñida, al menos a priori, con la posibilidad de cambiar la actividad del local. «La catalogación prácticamente queda reducida a las fachadas, no condiciona el interior salvo que al hacer la ficha concreta de cada local se aprecie lo contrario. Esa ficha también determinará lo que no tiene valor y puede desaparecer», concreta. En la sempiterna pugna entre el progreso y la memoria, seguro que hay un término medio que permite a la ciudad conservar sus recuerdos y sus valores patrimoniales y a los comerciantes y empresarios adaptarse a la demanda.