Un patio infinito a la libertad

ADRIÁN DEL CAMPO
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El ilustrador arandino Nano Lázaro vuelve a la actividad tras el parón por la COVID-19 con un mural en una casa rural de Vadocondes

El ilustrador arandino Nano Lázaro posa entre los murales que ha pintado en el patio de La Casona de Vadocondes. - Foto: Alberto Rodrigo

Cajeras, camareros, sanitarios, barrenderos, empresarios, agricultores... De todos estos empleos y de cómo les está afectando la crisis vírica se han escrito ríos de tinta, pero ¿cómo  ha repercutido y está repercutiendo esta alerta sanitaria en la rutina de un ilustrador? Para conocer la respuesta no hace falta ir muy lejos y la da Nano Lázaro. Al artista arandino la declaración del estado de alarma le pilló en medio de la creación de un mural en la casa rural La Casona de Vadocondes. "Me fui el viernes pensando en volver el lunes y ya el domingo me di cuenta de que el lunes no podía moverme del sitio. Legalmente sí podía, porque yo no era de los sectores que tenían el cese de negocio, pero mi mujer es enfermera, ha tenido que trabajar mucho y yo me he quedado con la niñas por conciliación y por estar tranquilo. No teníamos necesidad de correr. Por responsabilidad decidí quedarme en casa", recuerda Nano Lázaro.

En ese periodo de confinamiento, al ilustrador le ha dado "tiempo a todo". Confiesa que sus hijas le han ocupado "mucho", algo por lo que se considera un "afortunado". "Están en una edad muy maja, seis y ocho años, y creo que voy a recordar este confinamiento por lo cómodo que he estado con ellas. Nos han dado una lección, han estado encantadas a pesar de tener que estar en casa", destaca Nano Lázaro mientras confiesa que su carácter activo tampoco le ha dejado aburrirse en la cuarentena.

Las semanas entre cuatro paredes hacen dar muchas vueltas a la cabeza y el ilustrador no se escapa a esa máxima. Tras aseverar que su preocupación principal es la salud, "estamos todos bien, no hay ningún problema", confiesa que también pensaba en el trabajo: "Mi labor no es esencial, se puede decir que es un capricho, y me preguntaba: veremos a ver cuando la economía se caiga, pero ahora estoy muy contento porque todo el trabajo que tenía pendiente me lo han conservado. Además no implica grandes riesgos, trabajo solo y casi todo es al exterior. Estoy contento a corto y medio plazo. ¿El año que viene? Pues igual estoy criando grillos, pero ya lo pasaremos cuando toque", añade. 

A mediados de abril, casi un mes después de aquel fin de semana marcado por la incertidumbre en el que se decretó el estado de alarma, el ilustrador decidió retomar la actividad, regresar a Vadocondes para continuar su trabajo en el patio de la casa rural. "Volví con muchas ganas. Ya lo echaba de menos, lo primero por estar en un espacio tan abierto, que me parecía una maravilla", destaca. En ese momento al  mural todavía le quedaba más de la mitad, ahora ya luce completo, dibujando una especie de continuidad del paisaje que se ve más allá de las paredes de hormigón que limitan el patio de La Casona. Los motivos naturales se mezclan con la ribera del Duero mientras la parte oriental del jardín Zen se corona con un cielo que en días soleados se entrelaza con el real. Ahora, visto con perspectiva, es fácil interpretar la nueva obra de Nano Lázaro como un patio infinito en el que la pintura engaña a la mente y difumina las barreras en un tiempo en el que la libertad se añora más que nunca.