Sonorama trabaja alternativas por si no hay festival

I.M.L.
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La organización espera a la postura del Gobierno ante los grandes aforos para decidir sobre la edición 23, pero no quiere dejar a la ciudad sin eventos culturales de primer nivel aunque cambien el formato

El control de aforo y la seguridad sanitaria en los conciertos del centro de la ciudad se antoja difícil. - Foto: M.A. Valdivielso

La cascada de suspensiones de festivales de música mantiene en vilo a los incondicionales de Sonorama Ribera y a gran parte del tejido económico arandino. Mientras pasan los días, a falta de tres meses escasos para la fecha de inicio fijada, desde la organización siguen trabajando en todas las posibilidades, sumando a la celebración y al aplazamiento, la alternativa de celebrar un calendario de eventos culturales a lo largo del verano en Aranda.

"El Estado que es el que tiene que delimitar los espectáculos de grandes aforos, nos gustaría que hubiese una aclaración como en Portugal", argumenta Javier Ajenjo, director de Sonorama Ribera, sobre las incertidumbres para tomar una decisión definitiva, a lo que añade rotundo que "lo que sí que está claro es que no se va a perder un año, en el caso de no haber un Sonorama al uso habría algo especial, tendremos actividades a lo largo del verano porque tenemos muy claro que detrás hay un equipo que tiene que trabajar", pensando en toda esa maquinaria que mueve un concierto o festival, que son unos de los colectivos del ámbito cultural que peor lo está pasando.

Así las cosas, aunque "seguimos trabajando como si hubiese festival" repite de forma insistente Ajenjo, lo que tienen claro desde Art de Troya, asociación que sustenta las más de dos décadas de este macroevento, es que, de ser, no sería una suspensión sino un aplazamiento. "Lo que se haría sería posponer a 2021, no suspender, porque suspender acarrearía romper una serie de contratos y eso no podemos hacerlo, y posponerlo a este año es una locura, porque podíamos trasladarlo a septiembre, pero si en esa nueva fecha no se puede celebrar por lo que sea, sería peor", aclara Javier Ajenjo.

Lo que sí que parece claro es que, de celebrarse, el mayor problema para Sonorama Ribera sería asegurar la seguridad sanitaria de los concierto en el centro de la ciudad, una de las señas de identidad de esta cita festivalera. "En el recinto hay otras medidas que control que estamos estudiando para este año y los sucesivos, hay túneles de desinfección, arcos, de todo", reconoce Ajenjo sobre la amplia oferta de medidas que valoran para el Picón, sin olvidar el pero más grande. "Eso es una cosa pero Aranda centro es otra, es muy complicado, y no entendemos el festival sin el centro, sería muy complicado hacer solo una mitad", asegura.

Apoyo institucional. Haya o no festival, su organización requiere que los recursos que recibe de las administraciones públicas se mantengan sí o sí para asegurar la continuidad del evento.

"Estamos en contacto con autoridades para mantener los convenios porque el festival son 365 días, no cinco, estamos promocionado constantemente y ese coste para nosotros está por encima de 300.000 euros sin hacerle. En el caso de no encontrar las ayudas, estaría complicado seguir adelante", avisa Ajenjo.

La Junta de Castilla y León ya ha confirmado a la organización que cuente con 25.000 euros (un 0,025% del presupuesto total del festival) pero aún está pendiente el apoyo del Ayuntamiento de Aranda, que aportó 80.000 euros en 2019 (el 2% del presupuesto global), más 20.000 euros en servicios y exenciones de tasas, mientras que la ciudad recibe actividades gratuitas por parte del festival por valor de 400.000 euros. "Vamos a seguir trabajando para mantener esas ayudas porque entendemos que el impacto mediático que se ha producido a lo largo del año, todo lo que se ha hecho, nos fastidiaría que se entendiera el festival que reporta tanto solo sujeto a su celebración o no, hay que darle el valor que tiene de muchos años y de un futuro", añade el director del festival.