Los gimnasios pierden 830 euros al día

L.M.
-

La mayoría de las instalaciones lleva parada desde el inicio del estado de alarma. Sportia ultima las medidas de seguridad, distanciamiento y desinfección para abrir en cuanto pueda con clases personales

Las distancias de seguridad de 1,5 metros, bien claras para que todo el mundo las respete. - Foto: Luis López Araico

Desde que el Gobierno ha flexibilizado en parte las salidas de los ciudadanos a la calle, las ocho de la tarde se han convertido sin lugar a dudas en la hora punta. Nada más culminar con los aplausos a los sanitarios y personal que vela por la seguridad estos días, miles de burgaleses abandonan sus casas para pasear, tomar algo de aire y hacer deporte. La práctica de ejercicio se ha disparado y los corredores, ciclistas o patinadores llenan las aceras, zonas verdes y calzadas a falta de instalaciones donde poder practicar sus disciplinas. Los gimnasios fueron unos de los primeros centros que echaron la persiana como consecuencia de la crisis sanitaria de la COVID-19, algunos incluso antes de decretarse el estado de alarma. Valga como ejemplo el complejo del beUp, en Villalonquéjar, que lleva con la llave echada desde las 15.30 horas del viernes 13 de marzo. «Llevábamos valorando desde hacía dos días el cierre, viendo las noticias y valorando cómo hacerlo para poder acogernos a un ERTE», explica el jefe de Operaciones de la cadena, Manuel Abajo.

Desde entonces y hasta que Burgos entre en la fase I, donde podrán comenzar a abrir para impartir entrenamientos personales, estos negocios deberán permanecer restringidos al público, un coste que en Sportia cifran en 833 euros cada día. Alquiler, facturas de agua y luz son las principales partidas que han tenido que seguir afrontando. Sin embargo, la actividad en el interior de las instalaciones de esta cadena hace días que ha regresado, y ya se encuentran prácticamente preparados para acoger socios en cuanto las autoridades lo permitan. Eso sí, entrar en un gimnasio distará mucho de lo que venía siendo hasta la fecha; en los dos centros de Sportia en Burgos (calle Cordón y Vitoria) están colocando todo tipo de aparatos destinados a la desinfección de las personas que accedan a los mismos, así como han dispuesto sus máquinas de ejercicio para marcar muy bien la distancia de seguridad de 1,5 metros entre usuarios. Nada más acceder uno pasa por un felpudo impregnado con virucida para limpiar las suelas de los zapatos o zapatillas. Enfrente tiene al recepcionista, protegido con una mampara de metacrilato y una máscara de plástico. Antes de entrar a las instalaciones deberá lavarse las manos con un gel desinfectante y medir su temperatura mediante una cámara termográfica. «Es un coste elevado, pero necesitamos que los burgaleses que vengan se sientan seguros al cien por cien», explica Emilio Lozano, gerente de Sportia.

Una vez uno ha superado todas esas ‘pruebas’, con una pulsera contactless (sin contacto) los tornos se activan automáticamente y se puede pasar hasta los vestuarios. «Hemos dispuesto dos circuitos para que las personas que entran no coincidan en ningún momento con las que se van, todo ello sin que los clientes toquen en ningún momento puertas o cualquier otro elemento del gimnasio», apunta. Esta nueva disposición, además, se refuerza en el interior de la instalación, donde se han separado todas las máquinas -bicicletas, pesas, cintas de correr...- con el metro y medio recomendado, se han marcado espacios para cada cliente es las salas destinadas a actividades como zumba, aerobic o body pump o se ha modernizado el sistema de ventilación para purificar el ambiente de manera rutinaria, amén de un proceso de limpieza con ozono. «Vamos a seguir combinando las clases online que hemos programado para la cuarentena con las presenciales para que nadie se pierda nada», afirma Lozano.

Mientras que en Sportia tienen ya todo casi listo, a falta de últimos retoques, en beUp tienen decidido esperar hasta la fase III (prevista para principios del mes de junio), cuando los gimnasios podrán reabrir con un 30% de su aforo, para volver a la actividad. «Tenemos más de 12.000 metros cuadrados de espacio, los clientes pueden estar tranquilos que habrá espacio para todos», asegura Manuel Abajo. Con el punto de mira a más largo plazo que en Sportia, comenzarán esta semana que viene con las labores de desinfección certificada y mantenimiento tras meses sin movimiento. Además, van a poner en marcha un sistema de cita previa, al estilo del que se ha iniciado en los comercios, para evitar avalanchas de usuarios. «Todo apunta a que el retorno de clientes será del 90%, lo que es una gran noticia», asegura. También han devuelto cuotas a los burgaleses que, por razones obvias, no han podido acudir al centro, y preparan ofertas.

Entrenamiento individual. Esta modalidad será la primera que se ponga en marcha en Sportia, y el aforo estará supeditado a la presencia de personal. «Cada usuario estará la hora o el tiempo que se estime con un entrenador», explica Lozano. Cada vez que se utilice una máquina esta deberá ser limpiada por si la vuelve a utilizar otra persona. Además, el profesional estará protegido con una mampara personalizada y acoplada a una diadema a la cabeza. «Todos los empleados pasarán el test la semana que viene», sentencia Lozano, que no ha dejado en el aire ningún detalle.