Los suicidios superan a las muertes en carretera

Ángelica González
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En 2017, último año del que el Instituto Nacional de Estadística ha ofrecido datos, se registraron 18 fallecidos en accidentes de tráfico y 26 por lesiones autoinflingidas

Los suicidios superan a las muertes en carretera - Foto: Alberto Rodrigo

Jesús Sánchez, psicólogo clínico del Hospital Universitario de Burgos y miembro del grupo de trabajo que ha elaborado el documento de Sacyl Proceso de Prevención y Atención de la Conducta Suicida, no lo duda: el suicidio es un problema de salud pública y los entre 25 y 30 que se producen anualmente en esta provincia «pueden y deben reducirse». ¿Cómo? «Con la normalización de que no solo la enfermedad mental sino los problemas de la vida pueden generar una ideación suicida en cualquiera, que quienes lo intentan o lo consiguen  no es gente apartada de la sociedad ni tangencial sino que viven en casas normales como las de todos  y viven situaciones como las que vivimos todos». Sánchez, que lleva veinte años estudiando este fenómeno y atendiendo a muchas personas y familias que han pasado por ese trance tiene otra cosa también muy clara: «No se trata de identificar si la persona quiere morir sino que es imprescindible actuar sobre el sufrimiento que está sintiendo. En todo este tiempo he llegado a la conclusión de que quien se suicida o lo intenta es porque el sufrimiento que está padeciendo es insoportable y no encuentra otra salida y esto tiene que ver con la vulnerabilidad, con la desesperanza y la indefensión que les provoca pensar que nada de lo que hagan va a mejorar su situación».
En esta tesitura se ven no solo la veintena o treintena de personas  que consiguen quitarse la vida anualmente en Burgos y sus familias sino que hay otras 300 aproximadamente que lo intentan todos los años y que tienen que ser atendidas por ello. La cifra es un cálculo del jefe del servicio de Psiquiatría del HUBU, Jesús de la Gándara, que en ella engloba desde intentos gravísimos de terminar con la propia vida hasta pequeños actos impulsivos sin consecuencias importantes que no obstante y, a juicio de Sánchez, conviene no minimizar: «Creo que es frivolizar con este asunto decir que un intento autolítico es una llamada de atención: hay que dar importancia a cualquier intento y tener en cuenta que no es cierto eso de que quien lo quiere hacer de verdad no lo anuncia: cualquier ‘llamada de atención’ puede terminar en suicidio y casi todos los profesionales hemos visto situaciones así».
Los números de los suicidios en Burgos son estables y no llamativos con respecto a otras provincias -con una tasa de ocho por cada cien mil habitantes- pero desde hace ya una década superan al de los muertos en accidentes de tráfico, según las cifras recogidas por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Así, el último año en el que los siniestros en carretera produjeron más personas fallecidas que los actos que provocaron la propia muerte fue 2009. Desde entonces, todos los años las cifras se han comportado en sentido contrario. En 2010 se registraron 26 suicidios y 22 accidentes de tráfico; en 2011, 31 frente a 24; en 2012, 34 y 31; en 2013, 24 y 23; en 2014, 26 frente a 21; en 2015, 32  y 11; en 2016, 29 frente a 18 y en 2017, 26 frente a 18.
Jesús Sánchez reflexiona sobre el hecho de que han sido las numerosas medidas que la sociedad ha adoptado las que han provocado que descienda la mortalidad en los accidentes de tráfico. Mayores multas, mejoras en el firme y en los vehículos y anuncios publicitarios impactantes han sido algunas de ellas y no ve inoportuno que en relación al suicidio se realice alguna campaña a nivel estatal. En cuando a las iniciativas que se deben tomar, recordó que ya se está trabajando en algunas en Castilla y León y que en un año o algo más se evaluará si el Proceso de Prevención y Atención de la Conducta Suicida, publicado en 2018, ha conseguido su objetivo, que los servicios sanitarios intervengan más ágil y coordinadamente.
En Burgos existe desde hace casi dos años el programa Abrazos de vida para personas con ideación suicida y supervivientes a un suicidio (se llama así a la familia y los amigos de alguien que ha puesto fin a su vida). Lo ha organizado la Asociación de Salud Mental (Asam) y consiste en grupos de apoyo dirigidos por profesionales cualificados. Esta entidad tiene dos teléfonos a los que se puede llamar si se está pasando por una situación difícil o si se necesita ayuda: 947073905 y 695131291.

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