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El gran maestro del siglo XXI

J. Villahizán (SPC)
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Este creador infatigable de obras tan excelsas como 'Las bicicletas son para el verano' o 'Viaje a ninguna parte' regresa en el centenario de su nacimiento para sacudirnos la conciencia con su particular mala leche

El gran maestro del siglo XXI - Foto: Jose Haro

Este año se cumplen los centenarios del nacimiento de dos monstruos del celuloide: Luis García Berlanga y Fernando Fernán Gómez. El primero tuvo lugar a mediados de junio y casi eclipsa al segundo, cuyo aniversario tiene lugar el próximo 28 de agosto. Entre los dos, el cine español aglutina a algunos de sus creadores más insignes y reconocidos, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Fernán Gómez (Lima, Perú, 1921-Madrid, 2007) es y será siempre un maestro ecléptico, un creador total y un agitador global. Actor cumbre, reputado cineasta, académico de la Lengua, autor teatral y literario, nunca se dejó atrapar por el ejercicio de una única disciplina, lo que le convirtió en una figura clave y especial de la cultura española contemporánea.

Su trayectoria, una de las más brillantes del séptimo arte, fue reconocida en todos los ámbitos, desde la concesión del Príncipe de Asturias de las Artes a los premios Goya de la Academia.

Nació el 28 de agosto de 1921 en Lima, durante una gira que su madre realizaba por Latinoamérica, la actriz Carola Fernández Gómez, y fue inscrito en el consulado de Buenos Aires, por lo que conservó la nacionalidad argentina hasta 1970, cuando se nacionalizó español.

A los tres años llegó a España y ya a los nueve se incorporó al cuadro artístico de su colegio. Desde 1934, participó en grupos de teatro de aficionados, y fue su afición a la interpretación la que le llevó a abandonar sus estudios de Filosofía y Letras para dedicarse a la escena, donde debutó como profesional en 1938 en la compañía de Laura Pinillos.

Allí le descubrió Jardiel Poncela, quien le dio su primera oportunidad al ofrecerle, en 1940, un papel como actor de reparto en su obra Los ladrones somos gente honrada.

Así comenzó una carrera como intérprete cinematográfico que le llevó a rodar más de 150 películas a lo largo de casi 60 años. 

En los años 50 del pasado siglo decide dar el salto a la dirección con Manicomio (1952). Fue un estrepitoso fracaso, sin embargo, el éxito como cineasta le llegó cinco años más tarde con La vida sigue adelante.

Después realizó otros filmes, escribió y montó obras de teatro y recibio innumerables premios que fueron desde el Lope de Vega, por la pieza teatral Las bicicletas son para el verano, hasta el Espasa Calpe de humor por su novela El ascensor de los borrachos pasando por el Goya de 1987 al mejor director y actor por El viaje a ninguna parte. Todo ello sin olvidar el Oscar por Belle Époque, de Fernando Trueba, en el año 1994.

En 1963, realizó El mundo sigue, un melodrama neorrealista, y al año siguiente El extraño viaje, una obra basada en una idea de Berlanga, y de tintes esperpénticos. Esos dos filmes, hoy considerados fundamentales en la Historia del cine español, fueron en su día censurados por la dictadira franquista.

En los años 70, el talento de Fernán Gómez encontró el cauce adecuado a través de la sabia de los nuevos cineastas del momento, como Carlos Saura, Víctor Erice, Manuel Gutiérrez Aragón o Pedro Olea.

Tal fue así que las nuevas generaciones de directores no hicieron sino consolidar la ya extensa trayectoria del actor, quien estuvo presente en dos de las películas con las que España ganó el Oscar, Belle Époque, de Fernando Trueba, y Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar.

Lo más íntimo

En su libro de memorias El tiempo amarillo (1990), Fernando Fernán Gómez desvela las anécdotas de un chiquillo que corría por las castizas calles de Madrid para aprenderse de memoría cuáles eran las películas que se proyectaban en cada cine de la capital y así poder contarselas a su abuela. Historias del populacho y de patio de vecinos que siempre han sido muy del agrado del intérprete.

En su recorrido íntimo, histórico y temporal, el autor se adentra también en el Madrid político prefranquista, en los avatares de la dictadura y en las aspiraciones de la democracia. Un viaje que llega hasta finales de 1997, en el que mezcla su relato vital con menudencias familiares y una memoria prodigiosa sobre cada una de sus películas.

Al final y por encima de todo, Fernando Fernán Gómez ha sido un actor colosal que ha interpretado toda clase de papeles, cientos de personajes, en el cine, el teatro y la televisión. Sin embargo, a pesar de ello, él solo se reconocía bajo la defición de cómico, aquel que representa simple y llanamente papeles.