La Ribera Blanca se estrenará con no más de 480.000 botellas

I.M.L.
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La reducida cosecha y el bajo rendimiento del albillo mayor conllevan que esta primera añada de la Ribera Blanca vaya a ser muy escasa

Cata organizada en la puesta de largo de los nuevos blancos de la DO Ribera del Duero. - Foto: José Ignacio Berdón

El estreno de los vinos blancos de la Denominación de Origen Ribera del Duero en el mercado está pendiente de que concluya el proceso administrativo y el Consejo Regulador empiece a entregar las primeras contraetiquetas de esta variedad en la historia de esta zona de calidad. La expectación de los consumidores ya se palpa en los establecimientos enológicos de la capital ribereña, donde el consumo de este tipo de vinos ya ha sufrido un incremento, a pesar de que todavía no lleven la certificación de la DO en la botella. «Ponme un blanco, pero que sea Ribera», le especificaba un cliente a la camarera en un céntrico establecimiento arandino, donde su personal ha detectado que esta consumición ha subido en las últimas semanas.

Mientras, en las bodegas que ya elaboraban vinos blancos con esta variedad autóctona antes de la modificación del reglamento de Ribera del Duero, el mosto de esta añada ya está completando su proceso de fermentación. «Va mejor que en años anteriores», valora Ricardo Peñalba, de Bodegas Torremilanos, una de las elaboradoras históricas de la DO y que siempre ha mantenido esta variedad en su oferta de vinos. «Nosotros siempre hemos apostado por este tipo de vino, mi padre llegó a comprar 200.000 kilos de albillo en el año 2000 para elaborarlo. Ahora solo lo hacemos con producción propia porque seguimos la tendencia ecológica y biodinámica», puntualiza.

La escasa cosecha de albillo mayor, que ha rondado los 600.000 kilos, 81.840 menos que en 2018, va a provocar que la añada de estreno de este tipo de vinos en la DO sea casi testimonial. «La producción general se ha reducido un 40% y, eso, en el albillo, se acentúa al ser viñas viejas, con más de 60 años, que tienen una producción menor y que tardan más en recuperarse de episodios como la helada de la añada de 2017», explica Peñalba. Si a eso se le suma que el rendimiento de esta variedad es menor que la de la tempranillo, del orden de 0,6 litros por kilo de uva, la cosecha de 2019 serviría para elaborar en torno a 480.000 botellas, siempre y cuando la producción de albillo se destine íntegra a los blancos Ribera. Esta cifra se puede ver mermada en el caso de que se mantenga la costumbre de utilizar esta uva para la elaboración de los rosados, que también se van a poder llamar oficialmente claretes, o incluso de los tintos.

Sin embargo, las particularidades de esta variedad llevan a pensar a los expertos a que los vinos de esta añada tardarán meses en salir al mercado, a la espera de que pasen por el necesario proceso de maduración en barrica para ganar en matices. «Con las condiciones que marca el reglamento, un mínimo del 75% de albillo mayor, no sé si muchos de los vinos que algunos hacemos, por lo menos yo, se podrán comercializar como de la DO», comenta Peñalba, que mantiene la tradición de Torremilanos de elaborar blancos con aportaciones de otras variedades, «aunque tengo uno de 2015 que sí podría llevar la contraetiqueta de Ribera del Duero».

Ante estas circunstancias, es probable que los blancos elaborados en esta zona vitivinícola se comercialicen unos bajo la marca de calidad de Vinos de la Tierra de Castilla y León, como ya venían haciendo muchos, y otros con el marchamo de la DO. La estrategia comercial puede variar mucho entre las, al menos, 30 bodegas que estaban elaborando blancos antes de la entrada en vigor del nuevo reglamento.

A partir de ahora, empezarán los movimientos de plantación y de compra de uva según el mercado vaya demandando más los particulares vinos que proceden de la variedad albillo mayor.


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