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Roberto Peral

Habas Contadas

Roberto Peral


Marcianos

19/04/2021

Tal y como se están poniendo las cosas en nuestro doliente planeta, no juzga uno descabellado ir pensando en mudarse a Marte, aunque de momento el piso haya que comprarlo sobre plano (las obras de construcción comenzarán en 2054) y tengamos que dar crédito a la palabra de los promotores de la urbanización y confiar en que, para cuando nos entreguen las llaves, ya se haya inventado un mecanismo capaz de transformar el dióxido de carbono en oxígeno y exista un sistema protector que nos permita sobrevivir a la radiación. Por lo demás, uno supone que Nüwa, la ciudad del planeta rojo que está proyectando un distinguido grupo de científicos internacionales del que forma parte el burgalés Alfredo Muñoz, no se diferenciará mucho de los núcleos urbanos de la vieja Tierra, y tendrá su hospital, y su parque de bomberos, y sus tiendas de moda, y sus supermercados, y sus jardines.
El único problema de trasladar nuestra residencia 54,6 millones de kilómetros más allá lo constituye el transporte (parece ser que el viaje entre un planeta y otro dura unos 520 días), además de algunas molestas tormentas de arena y la certeza de que en Marte hace un frío que pela, extremo este que nunca quebrantó el ánimo de los vecinos de nuestro suelo bendito. Por lo demás, uno está convencido de que nos aclimataremos la mar de bien, porque hace mucho tiempo que nos hemos acostumbrado a convivir sin escandalizarnos con comportamientos bien marcianos: uno escucha al concejal conservador Jorge Berzosa sostener que la cultura debe desarrollarse en libertad para, a continuación, exigir que el Ayuntamiento pueda censurar la programación del Espacio Tangente, y le parece que ese señor acaba de bajarse de un platillo volante; o asiste al bochornoso espectáculo que brinda Isabel Díaz Ayuso en la guerra electoral madrileña al patalear enredada en las barbas de Marx, y no puede evitar concluir que solo un extraterrestre recién descolgado de la bóveda celeste sería capaz de soltar en público tamañas majaderías sobre el fantasma del comunismo sin avergonzarse un ápice. Así que no se preocupen: estamos más que preparados para mudarnos a un apartamento con vistas a Júpiter.