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El 90% de consultas en Patología Mamaria son causas benignas

GADEA G. UBIERNA
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De 2.500 primeras citas que atiende el HUBU, unas 230 son por cáncer. El resto se deben a tumores de varias clases, dolores o secreciones que no suelen tener mayor problema pero que alarman mucho

El jefe de Ginecología, Modesto Rey, explica que la mayor parte de las anomalías del pecho no se deben al cáncer. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

La sección de Patología Mamaria de Ginecología del HUBU atiende cada año una media de 2.500 primeras consultas, de las cuales unas 230 son por cáncer de mama. Todas las demás están motivadas por cuestiones benignas: otros tumores, dolores, secreciones de distintos colores... Son patologías que no suelen tener importancia -las más de las veces ni siquiera tratamiento-, pero que alarman mucho a las mujeres porque cualquier anormalidad del pecho se asocia casi de inmediato con un proceso maligno. «Si te notas un bulto o una secreción, consúltalo. Pero tenemos que intentar disminuir el grado de ansiedad con el que se perciben estas cosas», comenta el jefe de Ginecología en el HUBU, Modesto Rey, mientras explica cuáles son las patologías benignas de la mama más frecuentes.

Aparte de los tumores malignos más característicos -epitelial, ductal, infiltrante...- en la mama pueden aparecer otros tipos de tumores que solo de forma excepcional acaban derivando en cáncer, como explica Rey refiriéndose a los phyllodes y a los fibroadenomas. Los primeros son «especiales» y pueden ser tanto benignos como malignos, por lo que «muchas veces» sí se abordan con criterios oncológicos, entre otras cosas porque tienden a reaparecer. «No son frecuentes, pero de vez en cuando los vemos», apunta el ginecólogo, antes de añadir que los fibroadenomas, en cambio, son tumores «muy benignos» que casi siempre aparecen en mujeres jóvenes. Una vez que se ha confirmado el diagnóstico mediante punción, se suele plantear un control periódico porque pueden aumentar de tamaño y deformar la mama o, «muy excepcionalmente, malignizar».

También alarmante es la detección de una secreción, que puede ser de distintos colores:blanquecina, marronácea, verdosa o, incluso, sanguinolenta. Estas últimas (formalmente llamadas telorragias) son las más «preocupantes», salvo que estén asociadas a un traumatismo o a una causa semejante que las explique, y, como en las demás, sobre todo si son espontáneas;esto es, si el líquido sale sin necesidad de apretar el pezón o la mama. 

Rey apunta que, a veces, este líquido con sangre está vinculado a cáncer, «pero es infrecuente y lo  habitual es que se produzca por papilomas»;es decir, «pequeños crecimientos en las partes finales de los conductos de la mama, que pueden tener cierta tendencia a malignizar». Así, lo habitual es que se quiten en quirófano, tratando de individualizar, «pero si hay más de un conducto afectado o no se puede delimitar, hacemos una resección superior, inferior o de todo».

Lácteas o dilataciones. En cuanto a secreciones hay más tipos. Las lácteas suelen ser blanquecinas y se producen por alteraciones hormonales (exceso de prolactina) o en mujeres que han tenido hijos, porque las glándulas mamarias mantienen la actividad. «Rara vez es espontánea y, salvo trastornos hormonales, no hay que hacer nada», explica Rey.

Tampoco es necesario tratamiento en el caso de que la secreción se produzca por una dilatación de los conductos de la mama (galactóforos) por causas diversas y no siempre atribuibles a la lactancia. «Se dilatan y acumulan ahí productos de desecho, porque nuestras células se mueren, los tejidos se descaman permanentemente y pueden acumularse en esos conductos y, cuando se aprieta, puede salir un contenido marrón, verdoso...», cuenta Rey, aclarando que esas son las denominadas secreciones 'de ectasia ductal'. «Generalmente no tienen ninguna importancia, aunque pueden alarmar, pero no es más que un acúmulo de desechos», concluye.