El deporte como lección de vida

I.M.L.
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El deporte como lección de vida

Juanma López Iturriaga comparte con 200 chavales las enseñanzas que aún practica de su época de baloncestista

El medallista Juanma López Iturriaga se enfrentaba ayer en Aranda a un público duro, al que hizo frente con su desparpajo y la sabiduría que le ha dado la experiencia en el ámbito deportivo a nivel profesional. Y para que no se relajase, la primera pregunta desde el auditorio, compuesto por dos centenares de alumnos de toda la comarca ribereña, llegaba antes incluso de que comenzase su exposición. «¿Quien es mejor, tu o Pau Gasol?», le preguntaba Edu, a lo que Iturriaga respondía con un revés: «¿Quién crees tu que es mejor, Gasol o yo?». Intercambio de preguntas que Edu zanjaba asegurando que Itu era mejor, algo que agradeció el ponente afirmando que «ya son dos personas que opinan lo mismo: tu y mi abuela», recibiendo risas y aplausos del respetable.

Una vez que el ponente había tomado el pulso al auditorio, y que los chavales comprobaron que no iban a asistir a una charla aburrida de una hora, empezaron a entrar en materia, después de enseñarles un vídeo con una selección de sus mejores jugadas, que el protagonista todavía mira sonriendo (y eso que hace 30 años que se retiró del deporte en activo) y un de los anuncios de televisión que protagonizó hace décadas.

Iturriaga dejaba claro que cualquier proyecto en la vida, sea hacer un trabajo de grupo en clase o montar o formar parte de una empresa, es algo muy similar a hacer deporte, para a continuación ir desgranando algunas de las enseñanzas que él aún pone en práctica de su época de baloncestista. La constancia en el esfuerzo, «pim pam, pim pam, pim pam, así hasta que lo logres, poco a poco pero sin parar»; el aplazamiento del premio, comentando con Lucía Pascual, una alumna de 16 años del IES Sandoval y Rojas, la incertidumbre que provoca después de tanto esfuerzo «el tener que esperar para saber si hemos llegado dónde queríamos», o la necesidad de tener objetivos ilusionantes y retadores para luchar con ellos, manteniendo una pequeña charla con una alumna de 10 años del CEIP Maximino Sanmiguel de la Cámara de Gumiel de Izán, Celia, con la que utilizó el símil del caballo y la zanahoria.

Uno de los momentos más participativos de la charla fue a la hora de valorar el concepto de autoexigencia, al preguntar el público si se exigían mucho, normal o poco. Iturriaga escogió a Yago, también de Gumiel de Izán, que desde la primera fila le dijo «es que me exijo poco porque me da pereza casi todo». «Así no vamos bien, amigo», le recomendaba Iturriaga para sugerir al auditorio que el equilibro que le parece más ajustado entre exigencia e indulgencia es el 80% para la primera y 20% para la segunda, «porque hay que dejar un huequito para soportar los tropezones».

Los asistentes a esta cita también se llevaron otros consejos como la sana costumbre de aprender algo cada día «porque te sube la autoestima», la necesidad de afrontar las adversidades como un reto a superar, huir del victimismo, aprender a gestionar el ego y a aprovechar la fuerza de la colaboración porque «juntos somos más poderosos que separados».

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