El alma expresionista y rebelde del barón

Agencias
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El Museo Thyssen expone hasta marzo la colección privada del aristócrata con autores de la vanguardia alemana y rusa como Nolde, Ernst Ludwig Kirchner, Erich Heckel o Kandinsky

Una mujer observa el cuadro ‘Les Vessenots en Auvers’ de Van Gogh en la exposición ‘Expresionismo alemán’. - Foto: Fernando Alvarado

Coleccionismo, expresionismo y pasión por el arte. El barón Thyssen (Scheveningen, Holanda, 1921-Sant Feliu de Guíxols, 2002) era una persona  tremendamente emprendedora y un gran amante de la creación de vanguardia alemana y rusa. Ahora, el museo que lleva su nombre le rinde homenaje, justo un año antes de la celebración del centenario de su nacimiento, con la exposición Expresionismo alemán en la colección del Barón Thyssen, en donde se reconstruye gran parte del conjunto original sobre expresionismo germano y europeo que poseía el empresario.  
Expresionismo alemán, que podrá visitarse hasta el próximo marzo, es, según anunció ayer el director del museo, Guillermo Solana, «un doble ensayo», por un lado reconstruye la colección original del barón y por otro ofrece una imagen más nítida sobre sus primeras decisiones como coleccionista.
«Mi padre me había inculcado que el arte moderno, para él, cualquier cosa después del siglo XVIII, era una basura y mientras él estaba vivo me impidió comprarlo», afirmó el barón en una entrevista con el New York Times en los 90.
El recorrido de Expresionismo alemán está integrado por obras del propio museo, de su viuda, Tita Cervera, y sus hijos Francesca y Alexander. Algunos de ellos se ven por primera vez en España.
La exposición es un magnifico recorrido por los principales nombres del expresionismo alemán, con sus pinceladas expresivas y su paleta de arriesgados colores, que rompieron con la tradición y fueron perseguidos por el nazismo. Es también una oportunidad para forjarse una imagen más precisa de la faceta como coleccionista de arte del barón. 
El aristócrata dio un giró radical a la tradición familiar cuando en 1961 compró El beso de Emile Nolde, la primera obra contemporánea de su colección.
A la acuarela de Nolde, le siguieron otros autores como Ernst Ludwig Kirchner, Paul Klee, Vasily Kandinsky o Erich Heckel. En su pasión sobre los pintores expresionistas había una fuerte carga emocional: «Es como una descarga eléctrica, como una droga», solía decir.