"Vamos de espejo, para que vean que el cáncer se supera"

G.G.U
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Josefina Andueza y Charo Mena, voluntarias testimoniales de la AECC - Foto: Valdivielso

Josefina Andueza y Charo Mena saben bien qué siente una persona recién operada de cáncer de mama, porque han pasado por ello. Así, entienden que hay ocasiones en las que es más fácil desahogarse con un extraño que con la familia y, una vez recuperadas, se apuntaron al voluntariado testimonial de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) para ofrecer sus oídos, su experiencia y su tiempo a quienes están en el comienzo del proceso. «Pero nosotras recibimos mucho más de lo que damos», matiza Andueza.
El grupo de testimoniales está compuesto por una veintena de personas diagnosticadas y operadas de tumores en el pecho que, en parejas, acompañan a la psicóloga clínica de la AECC, Inmaculada Martínez, en las visitas de los lunes y los viernes a las y los pacientes que lo solicitan, porque también hay hombres. De hecho, el 1% de los cánceres de mama detectados en el HUBU son en varones. Pero el objetivo de Andueza, Mena y sus compañeras de voluntariado es el mismo en todos los casos: «Nuestra misión es de escucha, de dejar que se desahoguen y que compartan con nosotras las dudas que no trasladan a su familia para no añadir preocupación. Y que entiendan que todas esas emociones entran dentro del proceso normal de la enfermedad».
Para ello, una vez que el equipo de la AECC entra en la habitación, se pide a familiares y visitantes que salgan y se genera un espacio de intimidad con la persona afectada, que puede expresar sus sentimientos, dudas y temores sin tapujos. «Te preguntan por el tratamiento, por las pruebas, por lo que viene a partir de ese momento, pero también hay mucha preocupación por temas laborales o por los recursos económicos», recalcan las voluntarias, destacando que en estos últimos dos supuestos se les aconseja que contacten enseguida con la trabajadora social de la asociación. «Hay preocupaciones en todos los sentidos», explican.
Mena acaba de celebrar su quinto aniversario operada y sana, mientras que Andueza ha cumplido cuatro años y medio. Se apuntaron decididas a este grupo de voluntariado de la AECC y, como el resto, recibieron una formación específica para el cara a cara con cada paciente. Pero, admiten, a veces es inevitable no revivir situaciones que se creían olvidadas o que no haya casos que toquen un poco más que otros. «Pero cuando eso ocurre sabemos que tenemos que hablar de inmediato con Inma [psicóloga oncológica de la AECC] para evitar que nos afecte más», señalan estas dos mujeres, que sonríen cuando recalcan que su propósito sería inviable si ellas no estuvieran fuertes. «Vamos de espejo, para que quienes están en la cama vean que hemos pasado por la enfermedad y que es algo que se supera», enfatizan.
Tras tres años y medio ofreciéndose como apoyo para otras personas han aprendido que, muchas veces, cinco minutos de escucha son más eficaces que mil consejos. Aunque hay uno que nunca se les olvida: «Anota todas las dudas en una libreta, para que cuando vayas al médico, te las resuelva». Así, al desahogo se añade confianza.