¿Más cerca o más lejos del terruño?

A.S.R
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Leticia Núñez y Antonio Linaje, burgaleses en el colectivo Jóvenes de Castilla y León en Madrid, ven como una 'oportunidad' el cambio de modelo de desarrollo que debe promover la pandemia, aunque no las tienen todas consigo

Leticia Núñez y Antonio Linaje. - Foto: DB y Alberto Rodrigo

Las grandes pinceladas de los retratos de Leticia Núñez y Antonio Linaje son idénticas a las de un porrón de jóvenes burgaleses que a los 18 años hicieron las maletas para ir a estudiar a la universidad fuera de su tierra y ya no volvieron. Unos se mantienen en la gran ciudad encantados, otros resignados y algunos, como ellos dos y todos los que integran el colectivo Jóvenes de Castilla y León en Madrid, con la esperanza de volver. Desde la Villa y Corte ondean sus banderas y reivindican sus razones. También en la era del coronavirus. 
Núñez y Linaje forman parte del pelotón de empleados que han abrazado el teletrabajo. Pero mientras la primera, periodista en el Grupo Prensa Ibérica, nacida en Aranda pero de Ciruelos de Cervera, lo hace en Madrid, su compañero en la lucha se trasladó a la capital ribereña en cuanto su empresa, una consultora de políticas y proyectos públicos, impuso este formato unas semanas antes del decreto del estado de alarma sanitaria. Y desde sus distintas atalayas convienen en que esta crisis no tiene por qué alejarlos de la meta de asentarse definitivamente en su tierra. Es más, quizás los acerque. 
«Dependerá del modelo de desarrollo económico y social que adoptemos como país. No me gusta hablar de que el virus es una oportunidad, porque lo que ha generado es mucho dolor, pero sí nos ha puesto entre la espada y la pared. El modelo actual es insostenible, hasta ahora ha pasado por aglomeraciones en macrociudades y esto genera muchos problemas de habitabilidad, movilidad, medio ambiente... y ahora se suma un riesgo de contagio importante», señala Linaje, que, entre idas y venidas, lleva cuatro años y medio en Madrid. Defiende una necesaria reflexión sobre el asentamiento en ciudades más pequeñas y el medio rural. Pero no a cualquier precio. Es necesario, anota, el acceso a servicios sanitarios, educativos, de infraestructuras y a las tecnologías. Mucho se teme que la clase política no está por la labor de promover ese análisis y se remite a los errores cometidos tras la crisis de 2008. 
Núñez preconiza igualmente un cambio de hábitos que puede aproximar a los burgaleses en la diáspora a su terruño. 
«Todo esto puede generar nuevas oportunidades para los pueblos. Se puede desviar la mirada a las zonas rurales, donde es más fácil llevar una vida más sostenible», expone e insiste en ese lado positivo que hay que sacar de esta dura realidad, aunque personalmente no las tenga todas consigo. El periodismo es difícil y extraño en estos tiempos, pero esta joven que lleva 12 años en Madrid no pierde la esperanza de acercarse a sus raíces. Está loca por volver. El año pasado estuvo de junio a octubre en Onda Cero y «quién sabe si no surge otra oportunidad que me devuelva allí». El teletrabajo se presume como un buen aliado. 
Linaje desconoce cuánto tiempo más lo abrazará, pero sí cree que su implantación en empresas que nunca lo habían adoptado puede facilitarle el regreso. Confiesa que con ello ha soñado. «A veces hay que tener cuidado con lo que se desea. Yo pensaba en volver así a Aranda, pero esto no es Aranda. Son cuatro paredes, que son las de la casa de mis padres, y ya». 
Cuando ambos regresan de ese futuro al presente y al pasado más reciente, lo que ven no les gusta. Censuran el maltrato y olvido de comunidades como Castilla y León, más evidente durante esta crisis. Hablan de rabia e impotencia. 
«Si algo ha puesto de manifiesto esta crisis son las carencias que tiene Castilla y León en, por ejemplo, sanidad, sobre todo lo que ha pasado en Soria y Segovia», lamenta Núñez y se indigna ante la actitud de los responsables políticos de la Junta. Hacia los que, dice, el colectivo seguirá levantando la voz «para reclamar soluciones y también para proponer si así lo consideran». 
En la misma línea se pronuncia Linaje. «En algunos territorios cuentan con medios tan ínfimos que estamos en grave desventaja frente al virus», advierte y añade que nunca imaginó que la situación se desmadrara tanto en Castilla y León. Cierto es, apostilla, que tampoco pensó que atacaría a Madrid como lo ha hecho cuando hizo las maletas para pasar este tiempo en Aranda. 
en el punto de mira. Los madrileños, propios y extraños, han estado en el punto de mira. Cuando la covid-19 mostró su peor cara, y especialmente en la Ribera del Duero, muchos dedos apuntaron acusadores a quienes llegaban de la capital. Ni Leticia ni Antonio han sentido ni escuchado recriminación alguna, pero este sí reconoce que le escuece que metan a todos en el mismo saco. 
«Yo sigo considerando mi casa a Aranda, Burgos y Castilla y León y sí me ha molestado verlo en las redes sociales y en los medios», admite al tiempo que defiende la responsabilidad con la que, por lo menos él, ha actuado cuidándose muy mucho de entrar en contacto con familiares y amigos más allá de sus padres, con los que vive, desde el momento en el que llegó a su hogar. 
A oídos de Leticia tampoco ha llegado ninguna mala palabra. Ella decidió no enfilar la A-1 también por responsabilidad. «Si el gran foco de la pandemia ha sido Madrid y yo estaba aquí, siempre te va a quedar la duda de si lo puedes contagiar. Aunque no lo he pasado ni he tenido síntomas, no quería arriesgarme», remacha. Desconoce qué pasará cuando el confinamiento se levante y aparezca por Ciruelos. No llegará la sangre al río.