Esterilizan todas las mascarillas que fabrican los vecinos

S.F.L.
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Los hermanos veterinarios han bajado la actividad a la mitad y solo atienden urgencias

César y David Padilla regentan el Centro Veterinario Padilla desde 2008. - Foto: DB

La emergencia sanitaria producto de la propagación del coronavirus y que ha provocado la declaración del estado de alarma, ha generado un aumento de la necesidad de productos sanitarios, que en múltiples ocasiones son realmente difíciles de encontrar. La cruda situación por la que está pasando el país también ha sacado el lado más solidario de muchas personas. La cooperación es un arma eficaz para sobrellevar el confinamiento, principalmente para aquellos que no pueden salir de sus domicilios ni siquiera para realizar sus compras. Así, varios vecinos de Briviesca -cada vez más- confeccionan desde sus hogares mascarillas para combatir la extensión del virus. Una iniciativa que lanzó el Ayuntamiento y que ha calado hondo.

Para que dichos materiales se puedan distribuir entre las residencias de ancianos, trabajadores del hogar y los propios residentes han de estar esterilizados. Es en este tramo de la cadena -que incluye la entrega de material, confección, desinfección y reparto- cuando entran a escena los hermanos veterinarios César y David Padilla, los cuales regentan el Centro Veterinario Padilla de la capital burebana desde 2008. Se encargan de la esterilización de todas las mascarillas fabricadas en los hogares de los briviescanos y sin su función la Policía Local y el Ayuntamiento no podrían llevar a cabo el correspondiente reparto.

Su quirófano se ha transformado en una sala de desinfección y al contar con un autoclave para esterilizar el material sanitario que utilizan a diario no vieron problema en colaborar en la acción. También disponen de una termoselladora para envasar las mascarillas de tres en tres o de cuatro en cuatro, de tal manera que cuando se realiza el reparto en centros sanitarios y domicilios los vecinos dispongan al menos de esa cantidad. Los veterinarios han gastado cuatro bobinas de papel de 200 metros cada una y el problema con el que se enfrentan a día de hoy es que su proveedor ya no dispone de mucho producto.

Igualmente, los facultativos continúan con sus labores aunque han dejado de lado -hasta que todo vaya volviendo a la ‘normalidad’- las consultas prescindibles y únicamente atienden a aquellos animales que requieran una observación, operación o tratamiento urgente. Aseguran que la actividad laboral se ha visto reducida al menos a la mitad pero siguen examinando a mascotas no solo de Briviesca sino de localidades cercanas, de otras ciudades e incluso de Francia. En el centro se realizan de media semanalmente ocho o diez operaciones. En época de confinamiento el porcentaje también ha disminuido.

Durante los últimos días han tratado algunas picaduras de víbora en perros, partos por cesárea y alguna cirugía de carácter inaplazable. También a animales que padecen enfermedades crónicas y necesitan una medicación específica. La vacunación es obligatoria para los perros y por ello la proporcionan.

Los hermanos acuden cada día a su puesto de trabajo para aportar su granito de arena ante la alerta sanitaria pero también para garantizar el bienestar de las mascotas, aquellas que para muchos son un miembro más de la familia.