Culmina la mejora de San Pedro de Arlanza

R.P.B.
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El Instituto de Patrimonio Cultural de España ha invertido 2 millones de euros en consolidar el cenobio vinculado al origen de Castilla pero alerta de que la zona más antigua está en riesgo

Culmina la mejora de San Pedro de Arlanza - Foto: Luis López Araico

Pocos lugares ofrecen una imagen más sugestiva y hermosa que el enclave en el que se erige el Monasterio de San Pedro de Arlanza, cuna de Castilla: casi oculta entre los sabinares, la milenaria abadía se antoja un milagro cuyas piedras encierran una historia mítica. Tras varios meses de obras, buena parte de su estructura luce remozada. El Ministerio de Cultura y Deporte, a través de la Subdirección General del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), ha invertido dos millones de euros en su restauración; una actuación que se ha centrado en consolidar la estabilidad del monumento y evitar el avance del estado de deterioro. También se han tomado medidas para garantizar el acceso público de las estancias situadas en la planta baja. Los trabajos han incluido tanto el tratamiento de los solados existentes como la instalación de nuevos solados especiales para la accesibilidad, así como rampas de madera para salvar accesos escalonados y escaleras que permiten la ampliación del recorrido turístico. Asimismo, se han incorporado elementos explicativos que contribuyen a la mejor comprensión del inmueble.
Pero si las actuaciones acometidas han permitido garantizar la conservación del monasterio y suponen una mejora en las condiciones de acceso y el disfrute del público, no se debe pasar por alto una realidad, de la que han sido conscientes los responsables de estas tareas: parte del cenobio -precisamente su parte más antigua, la del refectorio- se encuentra en un estado lamentable. Su ruina avanza, poniendo en serio peligro la supervivencia de esas estancias, en las que hoy por hoy el Estado no puede intervenir, toda vez que están en manos privadas como consecuencia del despiece del monasterio durante la Desamortización de Mendizábal (siglo XIX).
Así, se produce hoy una contradicción: mientras buena parte de los espacios de la abadía ha sido rehabilitada -se ha llevado a cabo la limpieza y restauración en la iglesia y los dos claustros, así como el acondicionamiento de los espacios de las plantas superiores con la instalación de una nueva cubierta y la realización de trabajos arqueológicos que han sacado a la luz elementos originales de las etapas medieval y moderna, integrando todo ello ahora en el recorrido de la visita-, la otra ofrece su cara más triste, presa de un abandono secular. Para la arquitecta responsable de esta última actuación, lo más importante ahora «es el mantenimiento», porque de lo contrario la intervención habrá constituido sólo una tirita. A ese imprescindible mantenimiento contribuiría la instalación de un sistema eléctrico que ampliara las posibilidades de disfrute del lugar por parte del turismo y para el desarrollo de actividades culturales. Nada se mantiene mejor que aquello que está habitado. En este sentido, se ha demostrado que este enclave mítico siempre ha gozado de interés por parte del público. Durante las obras de consolidación, y dentro del programa ‘Abierto por rehabilitación’ (consistente en visitas guiadas de carácter gratuito en los principales proyectos de conservación y restauración promovidos por el Ministerio de Cultura a través del IPCE), entre los meses de julio octubre de 2018 pasaron por el Monasterio de Arlanza más de 2.600 personas.
El Monasterio de San Pedo de Arlanza fue fundado el año 912 por Gonzalo Fernández, padre del Fernán González, y se convirtió pronto en uno de los centros monásticos más importantes del incipiente reino de Castilla. Asentado sobre vestigios romanos y visigodos, los restos más antiguos conservados corresponden a su iglesia, construida en el año 1080, y al citado refectorio. El complejo vivió largos siglos de esplendor, con numerosas ampliaciones y transformaciones arquitectónicas. En 1835, a consecuencia de la Desamortización de Mendizábal, el conjunto fue súbitamente abandonado. Se inició entonces un proceso de deterioro y saqueo, favorecido por el aislamiento del edificio. En 1931 el conjunto fue declarado Monumento Histórico-Artístico.
En los años 50 del siglo pasado se promovió el proyecto de embalse en el valle de Arlanza que pretendía anegar el conjunto, y pudo haber provocado la destrucción total del monasterio. En 1952 se determinó el traslado de las partes fundamentales del edificio -la iglesia y parte del claustro procesional- y en 1964 se iniciaron las obras del embalse. Finalmente, el proyecto fue paralizado. Entre 1980 y 1983 se emprendieron unas primeras obras de restauración del monasterio debido a su estado de deterioro. Como continuación a estos trabajos, el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) encarga la realización de un informe donde se refleja la necesidad de acometer una serie de medidas que garanticen la estabilidad y la estanqueidad del conjunto.