31 botiquines para proveer medicinas en los entornos rurales

I.P.
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Son puntos de suministro adscritos a una farmacia cercana que abren un mínimo de 5 horas semanales. Los últimos autorizados son Quintanilla del Agua y Cilleruelo de Abajo tras el traslado de sus titulares

Lucía Jiménez atiende el punto de atención farmacéutico de Buniel 4 horas cada día y es la titular, junto a otros dos titulados, de la farmacia de Villalbilla. - Foto: Alberto Rodrigo

Una treintena de botiquines, la mayoría concentrados en la zona sur de la provincia, permite que los vecinos de núcleos dispersos o poco poblados sigan teniendo a mano los medicamentos, evitando así que la población -personas mayores principalmente-, tenga que peregrinar con sus recetas a farmacias de la capital o localidades próximas. Con el último concurso de traslados se cerraron en junio de 2019 dos farmacias en el Arlanza, las de Cilleruelo de Abajo y Quintanilla del Agua-Tordueles. Inmediatamente sus alcaldes solicitaron la ‘reconversión’ de esas farmacias en botiquines. En ambos casos están ya autorizados en los mismos lugares que ocupaban hasta hace 9 meses las farmacias, y se han pintado y acondicionado tras el traslado de los titulares de ambas plazas a Cantabria.

El botiquín de Quintanilla queda adscrito a la farmacia de Silos, mientras que el de Cilleruelo lo está a la de Villafruela. En este último caso, el local no era municipal, por lo que se ha alcanzado un acuerdo con su propietario. Ambos regidores esperan que próximamente los dos botiquines estén operativos, como también lo está el de Villahoz, que ha tenido que solicitar nueva apertura para adaptar su horario a la nueva legislación; éste depende de la farmacia de Tordómar. 

Esos 31 despachos de medicamentos se suman a las 120 farmacias que en estos momentos hay en la provincia, 81 de ellas en la capital y el resto en el medio rural. Todos prestan un servicio fundamental, sobre todo los enclavados en los pueblos, cada día más despoblados y donde sus vecinos son testigos de la desaparición de otros servicios como las oficinas financieras y los consultorios médicos.

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Tal es así que de hecho la viabilidad de muchas farmacias rurales está comprometida por la cada vez menos población, por lo que haya un decreto nacional que reconoce su trabajo asistencial, social y sanitario y las dota con una ayuda que no es importante en cuantía pero que supone un reconocimiento al trabajo de estos profesionales.

Al presidente del colegio de farmacéuticos de Burgos, Miguel López de Abechuco le gusta poco el término botiquines y prefiere llamarlos puntos de administración farmacéutica. Asegura que cumplen la misma función y satisfacen la misma necesidad a la población que una farmacia. Hay en todo caso, unas normativas según las cuales las botiquines tienen que abrir un mínimo de 5 horas a la semana, pero pueden hacerlo más, y tiene ordenador y la receta electrónica.

Lo más habitual es que los farmacéuticos se desplacen a los pueblos con estos despachos los días que el médico pasa consulta para facilitar atender cualquier prescripción médica de forma inmediata. Los vecinos controlan, en todo caso, los días y horario de sus botiquines.      

López de Abechuco explica que hay dos tipos de botiquines o de llegar a tenerlos. Unos que solicitan los ayuntamientos y otros que se abren cuando se cierra una farmacia. En el caso de Burgos, siempre ha sido por traslados o bien a la capital u otras localidades o autonomías, como los últimos casos. Hace algunas décadas era fácil optar a las que se cerraban, hoy la escasa población hace inviable su rentabilidad, de ahí los botiquines, "que  aunque más pequeños y con menos horas abiertos, son una prolongación de las farmacias, generalmente las más cercanas, por lo que no hay que menospreciar ese servicio en absoluto, sino destacar la importante atención que prestan a pueblos son pocos vecinos".