Citas que salvan vidas

A.G.
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Los profesionales de la Unidad Mamográfica alertan de que una de cada ocho mujeres a las que se les llama para hacerles la prueba no acude, una situación que van a estudiar para conocer las causas

El Equipo: Charo Arenas, María José Pereda, Belén Ortega, Francisco Rojo, y Elsa María Mediavilla (de i. a d.). - Foto: Luis López Araico

Para muchas mujeres que sufren o han sufrido cáncer de mama, el viaje por esta patología, que supone una durísima experiencia vital, comienza en la Unidad Mamográfica de la Gerencia de Atención Primaria, ubicada desde 1994 en los bajos del servicio territorial de Sanidad. Con una plantilla formada por cuatro profesionales  -la técnica especialista en radiodiagnóstico Belén Ortega, la técnica en cuidados auxiliares de enfermería Elsa María Mediavilla y dos administrativos, Charo Arenas y Francisco Rojo- y coordinada por la médica María José Pereda, todos los años ve a más de 10.000 mujeres a las que realiza esta prueba rápida y sencilla, la mamografía, que ha demostrado ser capaz de reducir la mortalidad por este tumor en las mujeres de entre 40-74 años hasta un 40%.  «No se puede evitar la aparición de este cáncer pero sí detectarlo cuando es de pequeño tamaño, con lo que se consigue la curación en más del 80% de los casos. La mamografía es la mejor prueba de detección precoz de la que se dispone en la actualidad y que facilita la detección de entre el 90 y el 95 por ciento de los tumores, aunque sean muy pequeños», recuerdan los profesionales que trabajan dentro del Programa de Detección Precoz de Cáncer de Mama en Castilla y León.
Por esta efectividad, en el momento en el que una mujer de Castilla y León cumple 45 años recibe una carta de la Consejería de Sanidad en la que se le ofrece la posibilidad de beneficiarse de esta actividad preventiva y se le manda una cita. A partir de ese momento se le repetirán estas pruebas -que son gratuitas- cada dos años hasta los 69. Una mamografía es una radiografía de los pechos que utiliza bajos niveles de radiación y que puede resultar para determinadas algo incómoda porque para conseguir la mejor imagen se necesita comprimir la mama durante unos pocos segundos. «A algunas les duele mucho, incluso hay quien se marea, pero también hay muchas mujeres que no notan ninguna incomodidad», explica Belén Ortega, que indica que las posibles molestias no son una razón para no acudir a la cita.
Y es que este asunto les preocupa mucho. Tanto, que en la carta que envían a las mujeres con el día y la hora para acudir a la unidad se ha incluido un mensaje que recuerda que una de cada ocho no acude a la cita -«un dato preocupante», según los sanitarios- y se les pide que no sean una de estas absentistas. Por varias razones: La primera, por lo que supone de prevención de una enfermedad tan grave como es el cáncer, y después, porque ausentarse supone hurtar a otra mujer de una cita a la que sí hubiera asistido. En 2019 un total de 1.435 mujeres que fueron citadas no acudieron. Las que sí se sometieron a la mamografía ascendieron a 11.114, alguna menos que en el año anterior debido a las obras de reforma realizadas en las instalaciones que supusieron paralizar la actividad durante unas cuantas semanas.
«No venir es malgastar recursos de la sanidad pública y va muy unido también a la responsabilidad de  cada persona por su salud. Este es un programa de prevención y entendemos que quizás las mujeres no le estén dando la suficiente importancia porque no ven el beneficio inmediato, pero lo tiene, sin ninguna duda. Si de forma autónoma deciden que no quieren hacerse la mamografía les pedimos que, por responsabilidad, avisen para que, de esta manera, otra mujer pueda beneficiarse de la prueba», indicó María José Pereda, que avanzó que se va a hacer un análisis sobre cuáles son las razones por las que se falla a las citas aunque la experiencia de las técnicas indica que tienen que ver mayoritariamente con olvidos o descuidos más que con una falta de conciencia sobre la utilidad de la prueba.
El pasado mes de noviembre, como decimos, se remozaron las instalaciones de la Unidad y se incorporó un mamógrafo digital de mayor calidad, lo que supuso un parón que ha redundado en una lista de espera, incrementada después y de forma bastante importante por el confinamiento. Para ponerse al día se ha incorporado un turno más por la tarde.
Las mamografías, una vez realizadas, se envían al HUBU y a partir de ahí realizan un viaje con varias paradas que provocan que los resultados no le sean remitidos a las mujeres hasta unos 15 o 20 días después de hacerse la prueba. Porque del hospital van  a Valladolid y de allí a Madrid (sede de la empresa con la que la Junta tiene el convenio para realizar su lectura e interpretación), para hacer después el mismo recorrido a la inversa.
Si todo está normal, la Unidad Mamográfica es la que envía la información a la mujer pero si hay indicadores de algún nivel de malignidad en la imagen o casos que necesitan más pruebas complementarias, las imágenes se derivan a Patología Mamaria del HUBU, desde donde se contacta con las mujeres en un tiempo muy breve de apenas un par de días. «El hecho de que se les diga que les tienen que hacer pruebas complementarias suele asustar mucho pero no quiere decir que haya malignidad», precisa Pereda. 
Además de la Unidad de Mamografía de Burgos hay otras tres fijas en Miranda, Villarcayo y Aranda y una móvil que va recorriendo los pueblos de la provincia.