"La Bakimet era la historia de la condición humana"

Á.M.
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Eguiluz, en el parque del Vena - Foto: Valdivielso

Blowin´in the wind XIII.Francisco 'Paco' Pérez Eguiluz. Inspector jefe de Policía Nacional. Jubilado.

Cuando has pasado media vida en las calles de una ciudad pequeña, sucede que el personal te conoce. De muchas formas, es verdad. Eguíluz (con y sin acento), Pérez Eguíluz, el jefe, el poli, el madero, el parlamentario sin parlamento, el tipo ese que siempre va delante de las manifestaciones...  Para la mayoría es simplemente Paco. Así, en hipocorístico. Hoy podríamos añadir ‘el jubileta’ a la retahíla, pero hasta enero del año pasado era el inspector jefe de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional en Burgos, un policía al que los perros no ladraban. Un tipo que vio lo suficiente como para saber apreciar que "Burgos es una ciudad estupenda que ha mejorado una barbaridad". Rebobinemos.

Paco creció en un barrio que, en realidad, era un pueblo. "Recuerdo la calle, nos pasábamos el día jugando en las calles o en la era. A la ciudad bajábamos en San Pedro o a bañarnos al río en verano, para nada más. Era como vivir en un pueblo". El barrio al que se refiere es El Crucero. La ‘era’, una campa donde se ‘jugaba’ al fútbol antes de que la rapiña inmobiliaria acabara con ella y negara a los vecinos más humildes del lugar las preciosas vistas de la ciudad que tuvieron antaño. Allí, en la calle Ángel García Bedoya, una de las que flanquean la autovía de ronda, creció el hijo de un cartero apasionado del balonpié. "De cuando era niño echo de menos la nieve. Íbamos hasta Fuente Prior a tirarnos con los plásticos por las cuestas. Hoy ya no se hace eso", lamenta.

A pesar de las limitaciones económicas, su padre se las arregló para enviarle a "Maristas, un colegio de pago, donde hice el bachillerato". "La Universidad se me hacía lejos. Me encontré con un amigo que me dijo que estaba preparando las oposiciones de inspector y a mí lo de opositar me parecía una buena opción de vida, así que me puse a ello. Así encontré mi vocación". Por entonces había ‘dos’ policías nacionales: estaba la Policía Armada y el Cuerpo General de Policía, "la famosa policía secreta, que es la oposición que aprobé yo". Le mandaron a la Escuela General de Policía, en Madrid, en septiembre... de 1975. En menos de tres meses expiraría la dictadura. "Fuimos la última promoción de Franco y la primera del Rey. El día que murió Franco nos levantamos y fuimos tan tranquilos a la Escuela. Teníamos que ir vestidos de traje y yo tenía dos trajes y dos corbatas: una marrón y otra roja. Me puse la roja sin motivo alguno y me fui tan feliz. Joder, el profesor de lo que se llamaba Social (Información) me puso en pie y me echó una bronca del 15. Al principio ni siquiera entendía por qué. Esa tarde toda la promoción fue a clase con corbata negra". Pensaron que venían días convulsos, pero nada más lejos de la realidad. "Estaba todo tan tranquilo que, como no teníamos que hacer cola, fuimos tres veces a ver a Franco. El Burgos jugó contra el Rayo dos días después y estuvimos en el campo tan a gusto. Eso sí, en silencio".

Su primer destino en la policía secreta fue Bilbao. Fronteras, para más señas. "Después pasé a la comisaría de las Siete Calles, en el casco viejo. Estaba en un palacio antiguo y enfrente había siete bares, pero cuando íbamos no nos servían en ninguno. Se hacían los locos y te tenías que ir. Luego me fui a la mili y al volver me destinaron a otra comisaría, donde estuve hasta que en el 93 conseguí venir a Burgos". De Bilbao guarda un gran recuerdo "y muchas buenas amistades" fraguadas en un principio claro: no hablar de política. "Íbamos a los chocos y lo pasábamos bien. Nos apuntábamos a todo y no teníamos miedo a nada. Cuando eres joven el peligro no te asusta. Además, vives en una pensión y lo último que te apetece es ir a la pensión, así que te pasas la vida en la calle, trabajando". También recuerda haber comido mucha N-I desde que se casó hasta que consiguió plaza en su ciudad.

 

'LA BAKI'. Su primer encargo en su ciudad natal fue la Brigada de Estupefacientes. "Hicimos buenos servicios, trabajamos muy bien", evoca. Después en Delincuencia Urbana, ambas divisiones de la Policía Judicial. Y en ambas se topó con la barriada de Bakimet, un poblado chabolista erigido sobre los restos industriales de la zona Oeste en el que la droga era moneda de curso legal y acaba derivando en la comisión de delitos mucho más graves que el tráfico de estupefacientes, por lo que en el coto a ‘la Baki’ trabajo intensamente casi toda la Policía de la ciudad.

Algunos de los protagonistas de aquellos años son historia de la delincuencia. Adquirió un particular protagonismo Carlos Pisa Heredia: ‘El Huevo’. "Le conocí pronto. Le robó y destrozó el coche a un amigo... Estuve de apoyo en una de las redadas de las que consiguió fugarse". ‘El Huevo’ acabó detenido por gravísimos cargos (violación, atropello mortal...). No era el romántico que algunos gitanos quisieron ver en él por aquello de tener en jaque a toda la policía de Burgos. "La Bakimet es una historia sobre la condición humana, tanto sobre la buena como sobre la mala. A mí ‘La Chula’, la madre de ‘El Huevo’, me hacía unos cafés tremendos, buenísimos. Nos pasábamos allí casi todo el día porque todo lo que se robaba en Burgos o bien empezaba o bien acababa allí, pero lo peor fue la heroína. Fueron unos años muy difíciles en los que conocí a muchos grandes chavales que murieron por culpa de esa mierda. Era doloroso ver tirados los cadáveres de chicos a los que conocías y sabías que eran buenas personas dominadas por la droga, que los sometía de una forma bárbara".

Muchas muertes se adjudicaron a sobredosis de ‘caballo’, "pero la verdad es que no se metían más de lo habitual, sino de más pureza". Un suceso que sacudió la ciudad fue la muerte de dos jóvenes y el ingreso con graves secuelas de otros varios a cuenta de una partida de heroína demasiado pura. "Normalmente tenía un 10 ó un 15% de pureza. Aquel día llegó el envío de Valladolid y la mujer de ‘El Chiti’ (otro conocido delincuente rival de ‘El Huevo’) lo empezó a vender, pero no estaba cortada porque ‘El Chiti’ andaba de fiesta. Aquello fue tremendo".

La Bakimet fue borrada del mapa a comienzos de siglo (en 2006) tras un largo, tedioso y caro proceso de realojo de las familias que se dedicaban a negocios honestos (mercadillos, chatarra...). Años después, la Policía comprobó que una serie de butrones en el suelo de las chabolas daba acceso a antiguos sótanos y túneles fabriles que habían servido de vía de escape a aquellos delincuentes históricos: ‘El Huevo’, ‘El Oso’, ‘El Chiti’, ‘El Lolo’... Unos murieron enganchados, otros mataron y pagaron cárcel y otros siguen prófugos. No es una historia con final feliz.

 

DEL SUR A GAMONAL. Eguíluz sigue siendo hoy un defensor de que "los policías tienen que estar en la calle, cerca de los vecinos y de los comerciantes, saber qué pasa". Por eso estaba en sintonía con el Plan Policía 2000 que lanzó Juan Cotino, director general del Cuerpo durante el gobierno de Aznar (sucesor, por cierto, de Ángel Olivares). La pretensión era tener a pie de calle al mayor número de uniformados posible, en lugar de dividir las comisarías por brigadas (Judicial, Información, Seguridad...). "Se crearon los Módulos Integrales de Proximidad (MIP), y a mí me pusieron al frente del número 2, que abarcaba toda la zona Sur de la ciudad. Duró poco. Lo deshicieron y me tocó formar de nuevo la Brigada de Seguridad Ciudadana con pocos medios y un segundo que me ayudó mucho y hoy es el jefe de la Judicial. Lo peor fue ponerme el uniforme. Yo había ingresado de secreta en los años 70 y así había sido siempre. Después ya no me lo quité". De hecho, se jubiló como inspector jefe de esa Brigada.

Así fue como reservó un palco para asistir a los disturbios de Gamonal... Dos veces. "Lo de Eladio Perlado fue otra historia. Había manifestaciones todos los lunes y la mayoría eran gente mayor a los que habían metido el miedo en el cuerpo diciéndoles que sus casas se iba a caer (aquel año se había producido el hundimiento del Carmel, en Barcelona, por las obras del metro). Teníamos buena relación. ¡Si hasta me traían chorizos del pueblo! Al final se montó un follón una noche que estábamos solos una inspectora y yo. Al día siguiente, el alcalde Aparicio detuvo la obra y se acabó. De hecho, los policías que vinieron de refuerzo desde Valladolid no llegaron a salir de la Comisaría. La de 2014 fue algo muy diferente".

Hoy mismo se cumplen cinco años desde que el entonces -y hoy- alcalde, Javier Lacalle, decretara la paralización de las obras tras cinco noches de vandalismo. "Al principio se hacían las convocatorias -de manifestaciones- de forma correcta, pero los de siempre dijeron que no, que había que ir contra el PP. Si eso lo hubiera hecho el PSOE, no te quepa la menor duda de que ya tendríamos ahí el bulevar. Advertí a los convocantes de las manifestaciones que los radicales la iban a preparar y se quitaron de en medio, pero ya era tarde. También lo advertí en reuniones con el subdelegado (José María Arribas), mi jefe, la Policía Local, la Guardia Civil y varios representantes municipales lo que iba a ocurrir, pero todos, con la excepción de Salvador de Foronda, decían que no, que eso no iba a ninguna parte". Unos hachas, oigan.

Grupúsculos de "izquierda castellana y los anticapitalistas", bien conocidos por la Policía, "se estaban reuniendo para reventarlo todo, como así sucedió". La posibilidad de disolver a estos grupos estuvo sobre la mesa desde el minuto uno, pero los políticos y sus palmeros prefirieron quedarse mirando. "La orden siempre fue aguantar. Nunca se dieron órdenes de disolver, salvo el último día a un grupo de 15 ó 20, que son los que organizaban y conocían el barrio". Sobre la gestión de aquellos días, Eguíluz resuelve que es "agua pasada", pero no esconde que "se pudo haber controlado mejor y haber minimizado los efectos" del vandalismo que se cebó con el mobiliario público y las sucursales bancarias de la calle Vitoria. También rechaza la idea de que a la ‘fiesta’ se sumaran radicales venidos de fuera. "Nosotros no los detectamos. Lo que sí había era mucho chaval que en vez de irse a las Llanas se cubría la cara e iba a tirar piedras a ver si salía en la tele". Hubo casi 50 detenidos. Los mismos grupos trataron de replicar los sucesos por la obra del Coliseum, donde hoy se citan casi 10.000 personas en cada partido del San Pablo. "Su objetivo era montar otro follón, pero se quedaron sin apoyo popular", remacha Eguíluz.

 

40 AÑOS DESPUÉS. Más de cuatro décadas de servicio, el Bilbao de los años de plomo, la mutación de un Burgos expansivo, nueve condecoraciones, una larga nómina de amigos en todas las fuerzas y cuerpos de seguridad y toda suerte de experiencias dan para hacer balance. Y el de Pérez Eguíluz es de agradecimiento a una profesión que se convirtió en vocación, a una ciudad en la que es feliz y a "los muchos buenos compañeros, sobre todo patrulleros, que he tenido".
No suele dedicarle tiempo a pensar en qué pudo haber pasado si esto o aquello. Si, por ejemplo, los atracadores que le pusieron un revolver contra el pecho en una sucursal de la avenida del Cid hubieran apretado el gatillo. "Un policía tiene que estar en la calle, y en la calle pasan cosas". Aunque en Burgos, puntualiza, pocas. "Esta es una ciudad muy tranquila, una ciudad de paseo". Una ciudad que "ha mejorado muchísimo con las peatonalizaciones" y de la que lamenta la situación en la que está quedando Gamonal, en buena medida por las cicatrices de los disturbios. "No sé si con bulevar o sin él, pero en la calle Vitoria hay que hacer algo. Voy cada semana a por un décimo de lotería que juego desde hace muchísimos años y cada vez veo más comercios cerrados, gente más mayor sentada en medio banco... Los vecinos tienen que insistir a los políticos y, sobre todo, no hacer caso a los extremos. Lo peor que hay en la vida son los extremos".
Y hay quien todavía le reclama para el servicio, pero no para el policial. A la pregunta de si le han ofrecido entrar en política contesta sin titubeos. "Sí, últimamente me han tocado. Pero yo no soy político, para eso hay que tener muchas tragaderas. A veces me inclino para la izquierda y otras para la derecha. Mira, mi primera actuación policial fue retirar del metro una pancarta de la ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores, de inspiración leninista). Ni siquiera así éramos conscientes de estar bajo una política de presión. Incluso pasaron cosas buenas. Por ejemplo, que yo entrara en la Policía", bromea. Sí, eso lo hicieron bien.