La Fundación de Lobatón se implica en buscar a Mª Ángeles Andrés y Borja Lázaro

Angélica González / Burgos
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«Nuestra entidad se propone ser útil y convertirse en un lugar al que las familias puedan dirigirse y un intermediario eficaz ante la Administración», explica el presentador del mítico programa 'Quién sabe dónde'

Borja Lázaro desapareció el 7 de enero de 2014 a los 34 años en La Guajira (Colombia).

En el año 2013 y por mediación de la asociación de familiares de desaparecidos Inter-SOS se celebró en el Senado una comisión especial sobre personas desaparecidas en la que participaron desde altos cargos del Ministerio del Interior a familias afectadas, asociaciones y el periodista Paco Lobatón, archiconocido por haber presentado durante seis años el programa Quién sabe dónde que se dedicaba, precisamente, a buscar a la gente de la que súbitamente un día la familia dejó de conocer su paradero. Era la primera vez que en España se daba una aproximación de la envergadura de este hecho haciendo público que existen entre 10.000 y 14.000 denuncias de personas desaparecidas.

Las conclusiones contundentes a las que llegó la comisión y la unanimidad política que suscitó el tema -que ya se ejerció en 2010 para considerar el 9 de marzo el Día de las Personas Desaparecidas- suponen para Lobatón un acicate para impulsar QSD Global. Fundación Europea por las Personas Desaparecidas que ahora dirige. «Busqué personas para poner en marcha esta herramienta que es la fundación, que fue presentada el año pasado precisamente en el Senado».

La página web de la entidad contiene un listado de personas desaparecidas en el que se encuentran el joven fotoperiodista Borja Lázaro, con estrechos vínculos en la localidad de Sedano, que desapareció en Colombia en 2014 y la octogenaria María Ángeles Andrés, desaparecida en 2011 en Melgar de Fernamental cuando daba un paseo. Precisamente un  espacio que Lobatón tiene en el programa La Mañana  de La 1 de Televisión Española sirvió para que en mayo pasado se hiciera una exhaustiva búsqueda de Mª Ángeles Andrés con ayuda experta, ya que en él se entrevistó al hijo de la anciana. Desgraciadamente no se obtuvieron resultados.

También ha aparecido en la misma franja televisiva la madre de Borja Lázaro, «una mujer llena de coraje», según la define Lobatón, que ha llegado hasta las autoridades europeas para que se tenga en cuenta su problemática. Éste es uno de los objetivos de la Fundación QSD: hacer visible esta circunstancia vital que está machacando a tantas personas.

Lobatón afirma que con el tema de los desaparecidos está empezando a pasar lo que en su día con la violencia de género: «Eran realidades que estaban ahí pero que no se nombraban y, por lo tanto, no existían». Su programa Quién sabe dónde ayudó mucho a la visibilidad y tuvo unos resultados muy positivos, con la resolución del 70% de los casos. En los seis años que estuvo en emisión les llegaron hasta 10.000 peticiones de las que atendieron en antena alrededor de 1.500, algunas de las cuales estaban vinculadas a la Memoria Histórica, concepto que tardaría muchos años en conocerse y colocarse en primer plano informativo.

¿Esta experiencia le ha servido para saber por qué la gente un buen día parece haber sido tragada por la tierra? Parece que no: «Cada caso es cada caso. Esto es una ley de oro. Pero te digo algo, eso de desaparecer para iniciar una nueva vida en otro sitio es una casuística muy excepcional, de hecho en el programa hicimos una lista reservada para proteger a los que no querían ser buscados y solo se apuntó un 1 por 10.000. Lo normal es que la gente desaparece forzada por distintas circunstancias que les resultan insuperables». Los adolescentes son un colectivo prototípico «pero no es que de repente se vuelvan aventureros sino que están en un trance que no saben qué hacer con su vida», afirma Lobatón, que recuerda un caso en el que ahora trabaja su fundación: un chaval cordobés del que se piensa «que ha podido ser abducido por ideas políticas».

Qué quieren las familias

 

En la comisión especial que se desarrolló en el Senado, todos los implicados coincidieron en que es necesario implementar una serie de medidas para mejorar la situación, además de defender por unanimidad que la desaparición de un ser querido es «tal vez la situación más dolorosa a la que se puede enfrentar un ser humano, incluso más que la propia muerte». En este sentido, se solicitaron algunas modificaciones como la mejora del procedimiento de la conexión de las bases de datos, propiciar la designación de responsables provinciales de coordinación y seguimiento de las actuaciones que se lleven a cabo con respecto a las personas desaparecidas, impulsar el funcionamiento de alerta por desaparición de menores o añadir la figura del desaparecido a la lista de competencias de la Oficina de Atención a las víctimas en sedes judiciales para lo cual habría que dar consideración de víctimas a los familiares que realicen las denuncias.

Además de esta primera cita en la que se puso sobre la mesa el drama de las desapariciones sin causa aparente, la Fundación de Lobatón celebró en noviembre del año pasado el I Foro Europeo de Familias de Personas Desaparecidas, cuyo principal objetivo fue que las familias que lo sufren hablaran con voz propia «en primera persona del singular y del plural: contando sus vivencias particulares y las que son compartidas por otras muchas familias. Uniendo a la fuerza de sus sentimientos, la fortaleza de sus razones para pedir que se actúe más y mejor en la búsqueda de los desaparecidos, en la investigación de las causas, en el despliegue de dispositivos». El propio Parlamento Europeo también celebró unas jornadas en las que se pidió más formación de los profesionales, desarrollo de nuevas tecnologías anti-desapariciones, adecuada financiación de las ONG que dan consuelo a las familias, desarrollo de una ventanilla única y una base de datos única sobre personas desaparecidas.

La «muerte tacaña»

 

Paco Lobatón cuenta que cuando una persona desaparece, a su familia «se le detiene la vida y se instala en la incertidumbre, que es un dolor más corrosivo que la pérdida total debido a la ausencia de duelo». El veterano periodista ha acuñado la expresión la ‘muerte tacaña’ para referirse a que una desaparición no deja espacio para el duelo: Hace 20 años desapareció la joven Cristina Bergua «y los padres me dicen que no la van a encontrar con vida y que hay un duelo que no pueden hacer». En cualquier caso, asegura que «mientras no hay evidencia de muerte hay esperanza de vida».

Lobatón, lejos de abrumarse por el grandísimo éxito de su programa e intentar cambiar de registro, se implicó personalmente incluso después de que desapareciera de la parrilla. Y lo hizo como voluntario y colaborador de Inter SOS. Ahora ha dado un paso más: «Queremos que nuestra fundación sea útil, que las familias tengan un lugar al que dirigirse para que la Administración responda. Nuestra aspiración es ser un intermediario eficaz entre la sociedad sufriente -incluidas las asociaciones a las que no venimos a sustituir- y la Administración para que dé respuestas concretas y eficaces».