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Magia, 25 años después

Javier Herrero (EFE)
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Marta y Marilia, o lo que es igual, Ella Baila Sola, vuelven a pisar los escenarios recuperando los temas y la ilusión que las llevaron al éxito

Marta Botía (d) y Marilia Casares, en un estudio en Madrid. - Foto: Fernando Villar

Marta Botía y Marilia Casares cortaron de manera abrupta su convivencia como Ella Baila Sola en 2001, apenas un lustro después de crear uno de los proyectos de mayor éxito de la música española. Ahora, con sus bodas de plata, se reencuentran en los escenarios como si el divorcio no hubiese sucedido.

«La magia sigue ahí», aseguran  estas excompañeras de instituto que solían dar conciertos en el parque del Retiro de Madrid, al comprobar que sus voces y sus guitarras siguen empastando.

Tanto la una como la otra racionalizan su separación con cinco millones de copias vendidas en solo cinco años. «Nos criamos juntas unidas por la cadera y era muy importante darnos espacio. Esto lo hemos hecho cuando nos ha apetecido de verdad», alega Botía (Madrid, 1974), la primera en independizarse con el álbum Cumplir lo prometido (2002) y la única que luego intentó revitalizar Ella Baila Sola con otras socias.

«Nos hemos echado de menos y este tiempo nos ha ayudado a enriquecernos, a vivir experiencias por las que queríamos pasar. Eso ha hecho que volvamos con más cariño que nunca, valorando lo que recorrimos juntas y el contacto con la gente», añade Casares (Cuenca, 1974), que no grabó nueva música hasta Subir una montaña (2013).

Mientras estuvieron juntas, publicaron tres discos de estudio que fueron un éxito, especialmente el primero, Ella baila sola (1996), al que siguieron E.B.S (1998) y Marta y Marilia (2000).

«Ojalá supiéramos la fórmula mágica. Nosotras hacíamos las canciones que nos gustaban, de una manera inocente y guerrera. Éramos jóvenes y así lo mostrábamos. El público se identificaba con las letras, honestas y directas a la hora de hablar de todo», opinan.

Con temas como Amores de barra añadieron una importante muesca de empoderamiento femenino a la música española, haciendo frente a clichés, como cuando se negaron a aparecer en unas jaulas en su primer videoclip.

«Nos encontramos con una industria acostumbrada a decirle al artista lo que tenía que hacer, pero nosotras veníamos como cantautoras con una idea más clara de lo que queríamos decir, que no era caer en ciertos tópicos sobre la mujer», rememoran.

Vivieron noches de gloria, como el Premio Ondas o su nominación a los Grammy Latino. Tras una de esas galas de premios, hasta se fueron de copas con U2. «Me puse a hablar con ellos y acabamos de fiesta por Madrid. Ir en su compañía era como Moisés y el mar Rojo, que se te abren todas las puertas», recuerda Botía divertida.

El tiempo pasaba y cada vez se insistía más en los desencuentros, hasta que llegó el anuncio de la disolución. «Ha habido momentos en que no nos hemos soportado, como en cualquier tipo de relación y más cuando tienes un trabajo que exige una convivencia y que es además un negocio, todavía más aún cuando tratamos con algo tan subjetivo como la música», alegaron.

«Muy poca comunicación»

Veinte años después, al menos durante la entrevista las bromas vuelven a fluir entre ellas. Reconocen, no obstante, que desde su separación había habido «muy poca comunicación», la necesaria para temas comunes de los que había que estar pendientes. Desmienten así de paso lo que su exrepresentante Gonzalo Benavides declaraba recientemente a Vanity Fair sobre que solo él se ocupaba de renovar el registro del nombre de la banda.

«No vamos a entrar ahí, le tenemos cariño y le mandamos un abrazo. Igual ese día estaba un poco así. Ella Baila Sola es importantísimo para nosotras y siempre lo hemos cuidado», asegura Casares ante las protestas de su excolaborador, que lamentaba haberse quedado fuera del reencuentro.

Este también declaró que en 2009 había habido una primera aproximación. «Hablábamos de ello, había momentos en que sí, momentos en que no, que si ‘yo ahora quiero, yo ahora no quiero’. Ha estado abierto, pero aún queríamos hacer nuestras vidas», dicen.

«Esta vez yo llamé a Marta para hablar de otras cosas. Entonces surgió lo del 25 aniversario y una tercera persona dijo que sería bonito celebrarlo», rememora Casares. «Habíamos hecho lo que queríamos: investigar cada una por nuestra cuenta, tener nuestras aventuras, y este era el momento perfecto para reencontrarnos y compartirlo», añade su compañera.

Ni siquiera las restricciones de la COVID-19 las desalentaron. «No sopesamos ni un segundo retrasar la gira. Todo el mundo quiere que pase, hay ganas por parte de los promotores, de los músicos y de la gente», apuntan.

¿El entendimiento podría llegar para hacer nueva música? «Ojalá. Cuando nos juntamos es fácil que surja una canción. Es cuestión de darle el tiempo necesario para que eso crezca, pero no nos estamos poniendo obligaciones, solo disfrutar de los conciertos», precisa Casares. Después de una primera toma de contacto en junio en el festival Starlite de Marbella (Málaga), con los nostálgicos de éxitos como Lo echamos a suertes, el día 27 de julio volverán al Starlite, concierto tras el que recalarán en Alicante (13 de agosto), el Puerto de Santa María (16 de agosto) y el municipio sevillano de Mairena de Aljarafe (10 de septiembre).