Vacaciones de balcón y sofá

S.F.L.
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Los pueblos de Las Merindades y La Bureba se quedan esta Semana Santa más vacíos que nunca. Los empresarios del sector turístico y de la hostelería lamentan grandes pérdidas en la mejor época del año

El MOnumento Natural de Ojo Guareña esperaba de 4.000 a 5.000 visitantes en abril. - Foto: S.F.L.

Los hosteleros y empleados del sector turístico la definen como la mejor época del año para trabajar. Otros tachan días en el calendario para disfrutar del primer puente con familiares y amigos. La Semana Santa cobra cada año más relevancia como la fecha más importante para el turismo nacional en España. Para muchos se trata de uno de los periodos vacacionales más esperados, ese que consigue alejar de los rigores del invierno y da oxígeno y recarga pilas para llegar hasta las vacaciones largas, las buenas. Las de verano.
Sin embargo, si todos los ciudadanos del mundo recordarán 2020 será por cómo un virus cambió sus vidas. La libertad del ser humano se ha visto reducida a ir a comprar, sacar al perro, la basura y aquellos que pueden, trabajar. Estas fechas tan deseadas coinciden en pleno confinamiento, después de llevar ya semanas encerrados y con el único plan de seguir quedándose en casa.
Este periodo del año destaca por la cantidad de gente que aprovecha a viajar y a conocer rincones del país. En los últimos tiempos, los pueblos han cogido impulso y cada vez resulta más habitual que la gente opte por visitarlos. Muchos de ellos sufren una gran ebullición convirtiéndose en atractivos turísticos. Los de la comarca de Las Merindades y de La Bureba no iban a ser menos. Según los datos de oficinas de turismo, de los profesionales de la hostelería y hospedería y de los dueños de todo tipo de negocios, la Semana Santa equivale a julio y agosto, pero todo más concentrado.
Los pueblos que acostumbran a tener calles vacías, silencio y tranquilidad, durante la Pascua se olvidan de ello. No obstante, la crisis del coronavirus les ha puesto en jaque, obligando además a dejar atrás eventos y tradiciones que son el devenir de la mayoría de ellos.
Esta crisis se siente por igual en la totalidad de ambos territorios donde cualquier localidad, por pequeña que sea, sufre las consecuencias de la pandemia. Si bien, las medidas de contención no están afectando a sus ciudadanos de la misma manera. Mientras que en los municipios más grandes y poblados la apertura de negocios esenciales dan algo de vida a las calles, en los más despoblados, en los que apenas se cuentan decenas de habitantes, el silencio casi absoluto retumba contra las paredes de las edificaciones.
La zona de Las Merindades, con sus atractivos naturales, sus zonas de senderismo y pueblos con encanto, tienen un gran tirón de visitantes durante todo el año, pero sin duda, la Semana Santa despunta por los cuatro costados. Carreteras sin tráfico, aparcamientos vacíos y terrazas de bares y restaurantes recogidas hacen de lo que iba ser una estampa idílica una historia para no dormir. Las cuevas turísticas de Ojo Guareña, el principal reclamo de la zona, acumulan 2.250 cancelaciones de grupos y particulares que tenían pensado visitarlas en el mes de abril. Las previsiones que barajaban los responsables correspondían a cifras de 4.000 a 5.000 personas durante este mes.
En las mismas condiciones se encuentran otras poblaciones como Frías, Tobera, Oña o Poza de la Sal, en las que el turismo se alza como la primera industria. Monumentos emblemáticos como el castillo de la ciudad fredense, el monasterio San Salvador oniense o el Espacio Natural de Félix Rodríguez de la Fuente, en la villa salinera, cuelgan en sus puertas el cartel de cerrado. «Lo más desconcertante de esta situación es que no sabemos cuándo acabará», declaran fuentes de la Mancomunidad Raíces de Castilla (Frías, Oña y Poza).
Los vecinos de dichos pueblos acostumbran a convivir en estas fechas con viajeros de diversos lugares de la nación y del extranjero. «Mi hija me trae los recados porque yo no tengo ganas ni de salir. Ver el pueblo tan parado me produce una inmersa tristeza», afirma Mercedes, una vecina de la villa condal desde su terraza. En 2019, más de 150.000 personas se acercaron a estos tres municipios, siendo abril -que coincidió con Semana Santa- julio y agosto los meses que más afluencia de gente recibieron las oficinas de turismo. El parón general de los viajes provocado por la alerta sanitaria hace también que los dueños de los negocios aparte de este sector, como establecimientos de moda, ferreterías, droguerías, librerías, bares, restaurantes y un largo etcétera tengan que coger aire para responder a ¿Qué ocurrirá cuando se levante el confinamiento? Carlos, el dueño de la taberna fredense La Roca, asegura que prefiere no pensarlo. «Días como hoy triplicamos el servicio de comidas», apunta.  
Luis Mari, del bar-restaurante El Cazador de Oña, se lo toma con positividad. Es consciente de que la responsabilidad de las personas juega un papel muy importante y que de todos depende que el confinamiento acabe cuanto antes. No tiene por costumbre disponer de tanto tiempo libre como ahora y por ello, entre otras labores, está limpiando y arreglando los pequeños desperfectos que han ido apareciendo en el local. Intenta no echarse las manos a la cabeza haciendo cuentas y apenas piensa en una fecha de apertura. «Será cuando tenga que ser», expone.
La ida y venida de vehículos ha cesado. La ciudadanía copera por el bien de todos y este año pasará las vacaciones de Semana Santa en casa. Las carreteras tan frecuentadas hasta que estallase el estado de alarma por veraneantes, trabajadores y turistas se muestran a día de hoy libres de peso y humos. Quienes más notan la casi total suspensión del tráfico son las estaciones de servicio, cuyos propietarios prevén que las ventas en combustible y demás artículos bajen prácticamente el cien por cien porque «al ser fiesta nadie se mueve». 
LA ELECTRÓNICA TENDRÁ QUE ESPERAR.

El Festival Elektrees -que se iba a celebrar el jueves en El Soto de Villarcayo- venía pisando fuerte. Cerca de 3.000 amantes de la música electrónica de la provincia burgalesa y aledañas marcaron el 9 de abril en el calendario y habían comprado las entradas a un mes del evento. Las actuaciones del sevillano Wade, que iba a ser el encargado de abrir por todo lo alto el festival, Ben Klock, Kobosil, Paula Cazenave, Andrés Campo, Ben Sims, FJAAK y Technasia harían vibrar hasta el amanecer al público.
Sin embargo, la organización se vio obligada a cancelar la fiesta ante la crisis del coronavirus. Fuentes de la organización declaran que cuentan con una nueva fecha para su celebración y que el cartel apenas iba a cambiar, excepto un artista. Por el momento no quieren adelantar más información y solo esperan que el proyecto pueda llevarse a cabo. Asimismo, agradecen a todas las personas que tanto interés han mostrado en asistir.