Grisaleña atrae a 2 familias más con la mejora del agua

S.F.L.
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Las obras de la infraestructura se realizarán en tres fases y doce fincas rústicas contarán con el servicio

La población en Grisaleña ha aumentado de 39 a 50 vecinos en el último año. - Foto: DB

El Ayuntamiento de Grisaleña ampliará la red de suministro de agua en tres calles del municipio para que doce fincas rústicas dispongan del servicio, con el fin de atraer nuevos vecinos en busca de una vida más tranquila. El equipo de gobierno local ha solicitado una subvención a la Diputación a través de los Planes Provinciales para ejecutar las obras -que se realizarán a lo largo de tres fases- y una vez que termine la primera, dos familias compuestas por cinco y dos miembros se trasladarán al pueblo con intención de residir de forma continua.

La intención del Consistorio consiste en actuar en tres tramos de dos céntricas vías -travesía El Peral y calle La Varga- y así dotar a futuros residentes de unas condiciones óptimas para vivir. El presupuesto total de los trabajos asciende a 32.018 euros e incluye la pavimentación y el aumento de la red de abastecimiento y saneamiento. La localidad pretende iniciar las labores requeridas en la primera parte de la obra en las próximas semanas para que las siete personas que desean cambiar de domicilio lo hagan cuanto antes.

Esta inversión corresponde a una de las primeras fases de saneamiento ya que el terreno de los  ‘nuevos vecinos’ se sitúa dentro del casco urbano pese a que las calles carecen de dicho servicio. En las siguientes fases y a petición de otros interesados, se «facilitará el acceso a fincas urbanas en ruina y se incrementarán las inversiones para ampliar la red en otras calles», declara el primer edil del municipio, Aitor Goikoetxea.

Pese a que los presupuestos de 2020 no se han aprobado de momento, el alcalde tiene en mente un trabajo referente al agua que, expondrá a los ciudadanos «en cuanto tenga ocasión de celebrar un pleno». La idea que baraja consiste en un proyecto urbanístico integral de recuperación de ruinas y fincas abandonadas para atraer nuevas familias a la localidad burebana. «Para ello destinaremos parte de la cuantía de las inversiones en rehabilitar calles por fases, en función de las necesidades», adelanta Goikoetxea.

En el primer periodo de las obras se suministrará agua y saneamiento en una de las vías donde una familia pretende mudarse, de tal manera que quedará lista para abastecer a cuatro fincas más en un futuro. La segunda -que se pretende ejecutar antes de que finalice el año- garantizará que otros tres terrenos dispongan del servicio básico. Y con la tercera parte, con la que la obra concluiría finalmente, el Ayuntamiento dará servicio a una última calle con cinco zonas más con posibilidad de que se edifiquen viviendas.

Pese a que los municipios pequeños corren cada vez más riesgo a la extinción como consecuencia de la pérdida de la población, Grisaleña muestra una tendencia contraria. En el último año se han instalado en la localidad dos familias y son ya cinco los niños que residen diariamente. En doce meses el número de habitantes ha pasado de 39 a 50, lo que supone un aumento del 22%. 

IRAITZ MARTÍN: «Contra menos cosas tengo, más feliz me siento»

El joven bilbaíno Iraitz Martín, de 25 años, se cansó del ajetreo de la ciudad y decidió cambiar de aires. Dejó su vida, su trabajo y sin mirar hacia atrás, tomó un nuevo rumbo. Se trasladó a Briviesca, ciudad en la que residen algunos miembros de su familia, donde vive en un piso alquilado con sus perros.

Sin embargo, el vasco -que se define a sí mismo como hippie- asegura que necesita mantener contacto con la naturaleza y qué mejor manera que vivir en un pueblo para lograrlo. «No necesito grandes comodidades y soy consciente de que contra menos cosas tengo, más feliz me siento», declara.

Se ha hecho con un granero y cuando el tiempo se lo permite trabaja en la transformación del inmueble en una vivienda. Además, también ha comprado una casa prefabricada de un módulo y la ha colocado en el terreno. Una vez que las obras de ampliación de la red de agua y saneamiento estén terminadas se trasladará junto a su pareja a vivir a la pequeña localidad en busca de la tranquilidad y de respirar aire fresco.

CHARO GARCÍA: «La gente nos trata muy bien y nos hemos adaptado»

Charo García es la matriarca de una familia compuesta por cinco miembros que se trasladará a Grisaleña una vez dispongan de agua y servicio de saneamiento en su vivienda de dos plantas. «Soy hija, mujer y madre y mi marido y yo hemos decidió cambiar la ciudad por el pueblo», apunta.

Actualmente, residen en la capital burebana y, aunque la vida en el municipio sea tranquila, sienten que necesitan un mayor sosiego. Desde que adquirieron su terreno y edificaron una casa han hecho un grupo de amigos con los que se sienten muy a gusto. «La gente nos trata muy bien y nos hemos adaptado», manifiesta.

La familia está compuesta por el matrimonio, dos niñas y el abuelo materno. Consideran que el pueblo será un lugar idóneo para educar a las jóvenes y el más apropiado para el más mayor. Confiesan que el ir a trabajar a diario a Briviesca no es ningún esfuerzo ya que por la carretera nacional no se tarda ni diez minutos. Para ellos vale más la tranquilidad que el alboroto de un gran municipio.