Más indefensas tras la pandemia

Marta Ostiz (EFE)
-

Millones de niñas en todo el mundo han visto retroceder sus derechos más básicos y se han convertido en uno de los colectivos más vulnerables como consecuencia del coronavirus

Cuatro de cada 10 jóvenes africanas de entre 20 y 24 años se casaron siendo niñas, siendo este uno de los continentes en el que más prolifera esta práctica

Víctimas de matrimonios forzosos y obligadas a dejar la escuela para ayudar a sus familias: solo como dos ejemplos básicos, millones de niñas en todo el mundo han visto retroceder sus derechos más básicos y se han convertido en uno de los colectivos más vulnerables como consecuencia de la pandemia.

Las cifras que trasladan ONG y organismos internacionales con motivo de la celebración ayer del Día Internacional de la Niña son abrumadoras: 12 millones de pequeñas habrán sido obligadas a contraer matrimonio a lo largo de 2020 y hasta 743 millones dejarán de asistir a la escuela.

Y es que, las medidas de confinamiento impuestas para hacer frente a la crisis sanitaria se han convertido en una trampa para las niñas de los países más pobres, y la primera consecuencia para la mayoría de ellas ha sido la interrupción de su educación con el cierre de las escuelas.

Además, la COVID-19 está suponiendo un aumento de la pobreza, lo que las obliga a trabajar para mantener a sus familias, a quedarse sin comida y a convertirse en las principales cuidadoras de personas cercanas enfermas.

La asistencia a los centros educativos no solo es imprescindible para su aprendizaje, sino que ejerce un efecto protector frente a todo tipo de violencias en su contra, desde las que puedan sufrir en su familia hasta violaciones o matrimonios forzosos.

En este sentido, Save the Children calcula que a lo largo de este año 12 millones de menires habrán sido obligadas a casarse -muchas de ellas con hombres de edad avanzada-, un incremento que supone revertir 25 años de progreso en los que se había conseguido reducir estas tasas.

«Estos matrimonios violan los derechos de las niñas y las dejan en mayor riesgo de depresión, violencia de por vida, discapacidades y de muerte, incluso durante el parto, dado que sus cuerpos no están preparados para dar a luz», advierte la directora de Sensibilización y Políticas de Infancia de Save the Children, Catalina Perazzo.

De hecho, una de las consecuencias directas del matrimonio infantil y de que las niñas se vayan a vivir en pareja son los embarazos precoces. No obstante, un contexto de violencia y explotación sexual combinado con el aumento de la inseguridad alimentaria y económica provocada por la pandemia, es lo que lleva a que muchos padres y madres sientan que no tienen otra alternativa que obligar a sus hijas a contraer matrimonio.

Desde Educo, ONG centrada en la educación y protección a la infancia, alertan de que 743 millones de niñas han dejado de acudir a la escuela como consecuencia de la pandemia y muchas de ellas, sobre todo las que viven en situación de vulnerabilidad, probablemente no volverán al colegio.

Diferencias culturales

La responsable de Protección Infantil de esta ONG, Laurence Cambianica, explica que en determinadas realidades es difícil que los padres y madres permitan a sus hijas ir a los centros educativos, ya que no siempre ven los beneficios que tiene para ellas y sus familias el poder continuar con sus estudios.

En otras ocasiones lo ven, incluso, como un riesgo para ellas porque consideran que los colegios no son seguros o bien están lejos de sus casas y sus hijas tienen que recorrer un largo camino solas.

Por todo ello, estas organizaciones hacen un llamamiento internacional y reclaman una mayor implicación de los gobiernos para crear espacios para que las niñas puedan expresar sus opiniones y necesidades. Las ONG de Desarrollo Comosomos X, Fundación Xaley, KUBUKA, Médico del Mundo y Wanawake Mujer presentaron ayer la campaña La voz de las niñas, para concienciar sobre la importancia del trabajo de las entidades en el terreno para que millones de niñas no vean truncado su futuro.