El mordisco eterno

R.P.B.
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La editorial burgalesa Notorious publica 'Drácula', libro que honra la cinta protagonizada por Bela Lugosi en su 90 aniversario

Fotograma de la película de 1930.

"Con su impecable frac y su tenebrosa capa negra, Bela Lugosi estableció para siempre la imagen de marca de uno de los héroes que más juego han dado a la literatura y el cine. La película de Tod Browning de 1931 ha quedado como la más mítica de una interminable saga de films vampíricos con el legendario Conde Drácula como protagonista". Con estas palabraspresenta la editorial burgalesa Notorious su último libro, Drácula, con la que conmemora el 90 aniversario de una obra maestra del cine a través de la mirada de tres prestigiosos expertos que la analizan desde múltiples perspectivas: el original literario, su importancia en el cine de terror, las influencias, las continuaciones, las parodias...". Aunque la obra analice minuciosamente la película desde múltiples puntos de vista, dedica también un capítulo a la película homónima rodada en español y protagonizada por el actor cordobés Carlos Villarías ese mismo año.

Pero si hay un personaje que se eleva en el nuevo libro de Notorious es el actor que encarnó al eterno vampiro del celuloide: el gran Bela Lugosi, aquel magiar que había hecho obras de Shakespeare en Europa, pero cuyo papel del eterno conde transilvano, ya en Hollywood, marcó para siempre. "El actor húngaro se ha convertido en el epítome del intérprete devorado o, en este caso, vampirizado por su personaje más característico y por el género del que forma parte indisoluble: el terror gótico, ofreciendo así a sus colegas, tanto contemporáneos como posteriores, un trágico ejemplo a evitar, a riesgo de perder su alma. Una lección bien aprendida por Germán Robles o Christopher Lee, triunfantes prófugos de su propia condición vampírica", escribe Jesús Palacios.

Expatriado húngaro, Bela había nacido curiosamente en Transilvania, en Lugos (o Lugoj), de donde había tomado su apellido; se trataba de un territorio compartido por Rumanía y Serbia pero con una fuerte minoría húngara. "Había medrado en Estados Unidos dentro de diversas compañerías de teatro nacional magiar y se había ido introduciendo en Broadway aprendiendo papeles fonéticamente. A Dráculo incorporó una serie de idiosincrasias que sería indisociables de un personaje que el él mismo redefinió a partir de su particular fraseo y entonación lleno de inflexiones extemporáneas su mímica extravagante, su intensa, invasiva, presencia en el espacio ajeno, sus modales atildados y su propia proyección sexual. Todo ello ofrece una creación integral, propia, de un personaje que aparece separado del resto, como si imitase una humanidad que ya le queda lejana. Un ‘extraño en tierra extraña’, tal y como Lugosi era. Con la materialización de la película, Lugosi se hizo sinónimo de Drácula, se hizo uno con su imagen: ‘Yo soy Drácula’, decía en su primer diálogo. Lo fue hasta el final".

En el momento en que Bela Lugosi interpreta al vampiro en la pantalla es un hombre mayor de cincuenta años. "Y esa será la imagen icónica que quedará registrada para siempre en la retina y la memoria de los aficionados al cine de terror, amén de en el imaginario popular: la de un hombre elegante, de ojos hipnóticos y manos mesméricas, pero de edad avanzada yatractivo maduro. Una imagen engañosa, que se superpondrá eternamente a la del guapo adolescente que se había abierto camino en los escenarios húngaros desde las más humildes tablas de provincias, a comienzos del siglo XX, hasta llegar al Teatro Nacional de Hungría, en Budapest, hacia 1913".

La historia y la leyenda de Lugosi en Hollywood -imposible separar una de otra- son una suerte, escribe Jesús Palacios en el libro, "de mito original, acompañado por su propio folklore y tradiciones, que adopta a veces el aspecto de una obra moral sobre los peligros fáusticos de alcanzar la fama y la gloria en el salvajemente competitivo mundo del cine, y otras el de una oscura metáfora de la propia naturaleza vampírica del cinematógrafo, esa sofisticada linterna mágica capaz de proyectar los sueños y pesadillas del inconsciente colectivo, pero también y al mismo tiempo de robar el alma a quienes participan en su oscura ceremonia de confusión entre ficción y realidad, tanto a uno como a otro lado de la cámara o la pantalla. La vida de Lugosi se transforma en símbolo de la esencia netamente vampírica de la cámara, actor arrebatado por la siniestra capacidad nigromántica del celuloide para dar la vida eterna, al tiempo que para despojar a sus víctimas de identidad y voluntad propias".

encasillamiento. Como recoge el libro Drácula, el papel del conde eterno marcó la carrera de Lugosi. "Éxito internacional y clásico atemporal pese a sus muchos problemas de producción y no pocos defectos, inmortalizará universalmente al actor húngaro como el Conde Drácula definitivo y definitorio durante casi tres décadas grabando a fuego su imagen icónica en el imaginario colectivo y dando forma en la persona y personalidad de Lugosi a una nueva versión moderna del arquetipo fáustico, redefinida por Hollywood para el siglo XX y la Era del Pop. Pero, por supuesto, para que ello ocurra, para que la imagen registrada por la cámara cobre vida inmortal, su modelo real debe perder la suya. De una u otra forma, Lugosi debe pasar a engrosar, metafórica y quizá literalmente, la legión de los hombres sin alma que han sido devorados y escupidos como cáscaras vacías por la Fábrica de Sueños desde sus inicios".

Así, en adelante a Bela Lugosi sólo le ofrecieron papeles en películas de terror. Pero la leyenda ya estaba en marcha. Como cuenta Palacios, "Bela Lugosi fue enterrado con su capa de Drácula (verdad) a expresa petición propia (falso: fueron su viuda e hijo quienes tomaron la decisión, creyendo que sería del gusto del fallecido, amén de un detalle muy apreciado por la prensa de Hollywood). Su cuerpo había sido hallado en la cama con el guion de un nuevo proyecto de Ed Wood en las manos (...) Durante sus últimos años, Lugosi coleccionó libros y objetos de vudú, brujería y ocultismo (cierto), dormía en un ataúd vestido de Drácula, habiendo llegado a creerse encarnación viviente de su personaje (falso). Y así, hasta el infierno y más allá...".