Una 'guerra' entre madres luchadoras

SPC
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Reese Witherspoon y Kerry Washington muestran en la serie 'Little Fires Everywhere' la relación entre dos mujeres y sus familias, la cual navega entre la afinidad y la enemistad

Una 'guerra' entre madres luchadoras

Dos potentes intérpretes de Hollywood y un tema polémico, Reese Witherspoon y Kerry Was-hington exploran brutalmente la maternidad y el racismo entre las mujeres en Little Fires Everywhere, la adaptación para la pequeña pantalla del éxito literario Pequeños fuegos por todas partes, obra de la estadounidense Celeste Ng, que aún no tiene fecha de estreno en España, pero llegará.
Al igual que en el libro, esta nueva serie consigue transmitir con éxito los enfrentamientos que muchos han definido como mommy wars (guerra entre madres), pero especialmente aquellos referidos a los estilos de crianza.
Además, la producción va aún más allá con los problemas raciales. En el caso de ambas mujeres, que se ven a ellas mismas como liberales, estos se dejan ver en microagresiones representadas en miradas, comentarios y saboteos que van aumentando en importancia.
La ficción se estrenó en Estados Unidos en la plataforma Hulu obteniendo una buena aceptación del público y críticas mayoritariamente positivas por parte de la prensa especializada. Aunque Little Fires Everywhere no ha logrado los aplausos unánimes que tuvieron Big Little Lies y The Morning Show, las dos producciones anteriores de Witherspoon, por fallos en actuación, dirección, producción, fotografía o guion.
Su personaje de Elena Richardson es, en la superficie, demasiado parecido al de Madeline McKenzie en Big Little Lies. Ambas son rubias, ricas y fascinadas con la cultura de «vivir bonito», aunque Little Fires Everywhere esté anclada a finales de los 90, cuando Instagram no era si quiera el embrión de una idea.
Ese parecido superficial es suficiente como para que se tracen similitudes entre las dos producciones, como que la acción discurra en comunidades de clase alta o media alta o que explore las diferentes maneras de ser madres, que se sienta la tensión entre las residentes que llevan años con la recién llegada y que la imagen de perfección esconde una terrible fealdad.
Tal vez si la producción hubiese salido más adelante habría sido más fácil apreciar la habilidad de Witherspoon para encarnar a una mujer tan dominada por «lo que debe ser», que se ha convencido a sí misma de que no es tan racista, clasista y estirada.
Y, sobre todo, que no entiende cómo va ofendiendo con sus agresiones pasivas, hasta que explota una bomba social que amenaza con su matrimonio y termina con el incendio de su casa.
Por su parte, Kerry Washington lleva con ella tanto la dignidad como la fuerza, dos cualidades rescatables de Olivia Pope, el personaje que la hizo una estrella en Scandal.
La actriz, que da vida a Mía, crea momentos mágicos en la relación de su personaje con su hija Pearl (Lexi Underwood) y transmite a la perfección esa indignación callada de los que han sido abusados y subestimados por años. Desde que se ve a Washington por primera vez y, sin que abra la boca, es evidente que Mía lleva un gran peso sobre sus hombros.
Toda la acción gira en torno a la relación entre Elena y Mía, que arranca con los intentos de ambas mujeres de subsanar la antipatía que se tuvieron inicialmente y las lleva a una cercanía con resultados catastróficos.
El detonante de la historia aparece con una pareja anglo, ambos cercanos de Elena, que espera que se haga oficial la adopción de una bebé china abandonada y una amiga de Mía, una inmigrante indocumentada que la dejó en medio de una crisis de depresión postparto y madre de la bebé.