De Burgos a Guernica

R.P.B.
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Un 26 de abril de hace ahora 82 años, cien pilotos alemanes de la Legión Cóndor despegaron con sus aviones desde el aeródromo de Burgos para protagonizar el más famoso bombardeo de la Guerra Civil Española

El bombardeo fue el origen de la pintura más famosa del siglo XX, obra de Picasso.

En Guernica no se hablaba de otra cosa en el tradicional mercado de los lunes que de los furibundos bombardeos aéreos sufridos por las localidades vecinas de Durango y Elorrio. La destrucción de los d os enclaves d e comunicación vitales de la retaguardia vasca tenía preocupada a la población, que veía cada vez con más resignación el avance de las tropas sublevadas. Con alrededor de 5.000 habitantes, Guernica era todo un símbolo: depositaria de las esencias vascas, l a localidad llevaba a gala ser el lugar en el que las juntas generales se reunían desde tiempo inmemorial bajo un viejo roble, emblema de la libertad del pueblo vasco. Era el 26 de abril del año 1937. Un día antes, en el Palacio de la Isla de Burgos -cuartel general del ejército sublevado y centro de operaciones para la campaña del norte- se había celebrado una reunión d e a ltos mandos a la que asistieron, entre otros, el coronel Juan Vigón, jefe de Estado Mayor de Emilio Mola, a su vez responsable del ejército del Norte, y Wolfram von Richthofen, jefe de la Legión Cóndor.

 

Mola estaba decidido desde el mes de marzo a tomar Bilbao, para luego hacer lo propio con Santander y Asturias y acabar, de una vez por todas, la guerra en el norte. Así lo manifestó entonces: «Si la rendición no es inmediata, arrasaré Vizcaya». La aviación fascista lanzó estas amenazas en cuartillas para amedrentar a la población civil y provocar que se entregara. Fue en vano. El día 25 se decidió golpear en el corazón de Vizcaya. En una plaza capital y emblemática por muchas razones. Aquella tarde se decidió destrozar Guernica. En el Hotel Infanta Isabel de Bu rg os, ubicado en la plaza de Castilla, se alojaban desde finales del mes de marzo los pilotos alemanes de esa Legión Cóndor comandada por Von Richthofen, quien a su vez había fijado su residencia en la capital burgalesa, si bien muy diferente a la de sus hombres (que no era mala, ya que los extranjeros tenían preferencia para un buen alojamiento): vivía en un más que cómodo chalet del paseo de Pisones que había sido expropiado a su dueño, un letrado republicano. Los oficiales de la Legión Cóndor, alrededor de un centenar, habían hecho notar su presencia desde el principio: no en vano, al poco de instalarse, en la fachada del hotel ya ondeaba la esvástica. Pero no fue el único lugar : las dependencias de la Caja del Círculo de la calle Concepción [] Los nazis se alojaban en el Hotel Infanta Isabel, en la plaza de Castilla, donde ondeaba la esvástica fueron asimismo `tomadas' por los nazis.

 

LA OFENSIVA. A pesar de que las autoridades republicanas habían intentado impedir que se celebrara el mercado como medida preventiva ante un hipotético ataque, nadie pudo detener la entrada de muchos campesinos en Guernica. La actividad era, pues, frenética. A las cuatro y media de la tarde, hora de la siesta, la campana mayor sonó anunciando una ofensiva aérea. Instantes después, un solitario bimotor alemán DO17 de la Legión Cóndor con tres tripulantes a bordo, que había [] Se lanzaron 28.000 kilos de bombas que destruyeron casi el total de la villa vizcaína despegado minutos antes del aeródromo de Burgos, hizo su aparición en el cielo y bombardeó la villa volando a baja altura en dos pasadas. Soltó 12 bombas d e 5 0 kilos. El infierno acababa de empezar. Segundos después, tres S79 de la aviación italiana, que habían salido desde Soria, lanzaron toda su munición: 36 bombas de 50 kilos. Para cuando la población quiso reaccionar, salir de sus refugios y auxiliar a los heridos, ya viajaba procedente de Bu rg os un bombardero Heinkel-111 con cinco tripulantes que soltó una carga más mortífera que las anteriores: bombas de 250 kilos. Un a hora más tarde, otro He-111, escoltado por cinco cazas italianos, volvió a la carga. La situación aún no era catastrófica, ya que los ataques habían sido escogidos con tino, como el puente de Rentería sobre el río Oca, que a pesar de todo quedó en pie. Fue a partir de las seis de la tarde cuando dio comienzo la ofensiva más dura. Las alarmas antiaéreas retumbaron de nuevo entre el caos de los vecinos de la villa cuando tres escuadrillas de bombarderos JU-52, también procedentes de Burgos, aparecieron como relámpagos: eran 19 aviones con cinco tripulantes cada uno que precipitaron 20 toneladas de bombas, la mayor parte de ellas incendiarias. La enorme humareda provocada impidió la visión de los últimos aviones, que descargaron casi a ciegas, provocando una destrucción brutal, casi completa, de la localidad. E l ataque se había realizado en formación de cuña, lo que les había permitido bombardear `en alfombra'. Pero aquello no fue el fin. Varios cazas hicieron pasadas rasantes y ametrallaron blancos humanos que corrían despavoridos huyendo de las bombas. A las siete y media de la tarde Guernica era un desolador cuadro en llamas. Fueron tres horas de bombardeos en las que la Legión Cóndor y la Aviazzone Italiana lanzaron sobre el enclave vizcaíno 2 8 toneladas de bombas, destrozando 271 edificios (el 74 por ciento del total), aunque quedaron en pie la Casa de Juntas, las fábricas de armas y el ancestral árbol de los vascos.

 

LAS VÍCTIMAS. El Gobierno vasco cifró en casi 2.000 las víctimas mortales, y aunque la guerra de cifras se mantiene abierta todavía hoy, los últimos estudios hablan de 250 muertos (muchos de ellos fallecidos en los propios refugios) como el número más ajustado a la verdad. Con todo, la autoridad del bando sublevado negó el bombardeo, acusando a los mandatarios republicanos de haber incendiado el pueblo antes de caer derrotados. Guernica está destruida por el fuego y la gasolina. La han incendiado y convertido en ruinas las hordas rojas al servicio del perverso y criminal Aguirre .., decía una Nota oficial firmada por Franco el 29 de abril.

Los rebeldes llegaron incluso a negar que había en territorio español aviación alemana, tesis respaldada por la Iglesia. Al día siguiente, George Steer, reportero de The Times y The New York Times y amigo del lehendakari José A ntonio Aguirre, viajó a Guernica y quedó impactado. Sus crónicas posteriores marcaron a medio mundo y contribuyeron a hacer del ataque a Guernica uno de los mitos republicano y vasco de la Guerra C ivil que después Picasso, en su más famosa obra, pigmentaría con el color de la posteridad. Bilbao cayó en junio de ese mismo año; Santander, en agosto; Asturias, en octubre. Sólo los guerrilleros del maquis no se dieron por vencidos. Mola, responsable del frente del Norte, no pudo ver conseguido su objetivo: la avioneta en la que viajaba se estrelló el 3 de junio en la localidad burgalesa de Alcocero.

 

*Fuentes: Castro, Luis, Capital de la Cruzada (Crítica). Beevor, Antony, La Guerra Civil Española (Crítica). Gernikazarra Historia Taldea.

(Este artículo fue publicado en Diario de Burgos en abril de 2007, con motivo del 70 aniversario del bombardeo)