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«El concepto de la raza es obsoleto»

A.G.
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Entrevista con la directora del Centro Nacional de Investigación en Evolución Humana (Cenieh)

María Martinón-Torres - Foto: Alberto Rodrigo

Sonríe tanto y tan seguido que hasta debajo de la mascarilla rosa que lleva puesta se le nota; habla de su trabajo deprisa como una ametralladora, con un marcado acento gallego que ella cree que ya ha perdido y una pasión que contagia a la interlocutora a los dos minutos de comenzar la conversación. María Martinón-Torres (Orense, 1974), médica y paleoantropóloga, especializada en Antropología Forense por la Universidad Complutense y en Evolución Humana por la de Bristol, dirige el Centro Nacional de Investigación en Evolución Humana (Cenieh) desde diciembre de 2017, lo que le ha quitado algo de tiempo para sus propias investigaciones pero le ha dado, asegura, el privilegio de aprender de las de los demás. Vive con un geólogo y arqueólogo holandés al que conoció en una excavación en Georgia y tiene una niña y un niño cuya crianza es para ella una forma de centrarse, según dice, «en las cosas que son importantes de verdad». Le gustan los relatos cortos (tuvo una librería en Madrid especializada en ellos), la ciencia-ficción, la música clásica (estudió hasta séptimo de piano), David Bowie y las series de investigación y forenses. Ahora mismo está viendo Line of Duty.

¿Cómo ha atravesado el centro la crisis sanitaria provocada por la covid y que aún perdura?

Ha sido un año muy complicado porque la pandemia ha supuesto un reto y una dificultad importantes para todos, ha sido complicado  tratar de seguir haciendo una vida normal en el ámbito laboral cuando todo eran incertidumbres. Pero todo lo malo trae su cara buena y a pesar de que fue un tiempo muy complicado el centro fue capaz  no solo de mantener su actividad sino que en algunos casos y en algunos ámbitos ha brillado, ha sido excelente y yo lo considero un hito con un mérito adicional. Ser capaces de seguir trabajando y además hacerlo con excelencia como se ha hecho durante este tiempo de pandemia es loable, singular y a mí, personalmente, me ha supuesto una satisfacción y un orgullo contar con un equipo de este nivel.

Imagino que, al menos al principio, tuvieron que trabajar desde casa...

Sí, durante el confinamiento estricto así fue, desarrollamos un plan de contingencia y una reorganización de tareas de manera que nadie dejó de trabajar. La parte que más se vio afectada por no poder venir fue la de los laboratorios y los equipamientos tuvieron que tener un tiempo de parón obligatorio pero se hizo todo el trabajo que se podía hacer de forma remota: informes, interpretación de datos que se habían obtenido en momentos anteriores, puesta al día de todos los análisis... Porque no se trata solo de los equipamientos, de las máquinas, de que metas unas muestras y te salga un resultado, esto requiere análisis de técnicos y de científicos que los interpretan, no salen unos números mágicos, hay que saber lo que significan. Y ha sido un año espectacular en el aspecto de las publicaciones científicas.

¿A esto se refería cuando hablaba de excelencia?

Exacto. Ha sido un año de excelencia porque quitando el parón de la parte del confinamiento más estricto se mantuvo el nivel de solicitudes a nivel internacional para el uso de las instalaciones y de la infraestructura, que fue más alto que nunca, así que seguimos diversificando. Y sobre las publicaciones ha sido uno de los años más fructíferos, en revistas del mayor impacto como Nature o Science y en algunas de ellas, las portadas. Solo en lo que va de este año llevamos tres publicaciones y dos de ellas son portadas. Esto son hitos singulares en tiempos de grandes dificultades, se ha mantenido el listón muy alto con el mérito añadido de hacerlo en un contexto de muchísima incertidumbre y estrés emocional. 

¿Considera que es posible hacer que los burgaleses se sientan tan orgullosos de esas publicaciones y de esas portadas como de la Catedral, por ejemplo?

Creo que sí. Es que publicar en esas revistas es como si nos hubiéramos llevado la medalla de oro de una disciplina deportiva pero en la evolución humana, o como si nos hubieran dado el Oscar a la mejor película o como, aunque yo no entiendo de fútbol, ganar en la primera liga o en el campeonato muy importante teniendo a Ronaldo a Messi y a todos los mejores juntos. Y todo se ha hecho en plena pandemia que ha sido tan difícil con un gran trabajo de equipo, todos a una y funcionando de una forma muy generosa, haciendo un esfuerzo en un momento en el que era muy difícil hacerlo. Una de las portadas fue la de Nature con el enterramiento más antiguo en África, un fósil de un niño de tres años de edad que excavamos y lo conservamos y estudiamos y lideramos desde aquí y llegamos a la conclusión de que era la evidencia más antigua de un enterramiento humano: un niño que fue colocado deliberadamente en posición flexionada, lateral, recostado... literalmente, como si pusieras a un niño a dormir y probablemente con algún tipo de sudario o mortaja de carácter natural y con la cabeza apoyada.

Entiendo que esto significa que había cuidados en aquel momento entre unos y otros...

Cuidados, intención, despedida... esas características tan humanas. Hay determinadas cosas que nosotros perseguimos desde nuestros programas, comprender el comportamiento que no fosiliza, por ejemplo. Entonces, la manera en la que tú te encuentras un cuerpo te dice algo sobre la historia de ese cuerpo y sobre el grupo. Una disciplina que está cobrando en el Cenieh una gran importancia estratégica es la tafonomía, la vida de los huesos después de la muerte, cuál es la secuencia de sucesos que hace que yo me los encuentre de esta manera, que no va a ser igual si el cuerpo ha sido canibalizado, si se ha caído accidentalmente o si alguien lo ha colocado deliberadamente en una posición determinada como es en este caso, que hablamos de un grupo que hace 78.000 años había desarrollado un vínculo sentimental con un niño que ya no estaba vivo. 

¿Cuál es la otra portada que le ha hecho sentir tan feliz?

Una investigación en la que hemos participado con el análisis de fósiles del yacimiento de Nesher Ramla, en Israel, en un estudio liderado por la Universidad de Tel Aviv. Estudiamos a qué especie podía pertenecer y se concluyó que pertenecía a una población hasta ahora desconocida que tiene características neandertales y otras primitivas y creemos que puede representar al ancestro de los neandertales. Esto  ha sido una pequeña revolución porque son una especie europea y nosotros llevábamos tiempo diciendo que los primeros europeos en realidad vienen de Asia. Es un tipo de evidencia fósil que viene a ratificar nuestras propuestas de que Asia tiene más peso que Africa en el poblamiento de Europa.

¿Qué parte de estos éxitos tienen que ver con el equipo humano con el que cuenta el centro?

Es verdad que el Cenieh como parte de ese grupo de infraestructuras científicas y técnicas singulares (ICTS) tiene una serie de equipamientos que son únicos, en algunos casos a nivel nacional y europeo, y que, en general, es muy difícil de encontrar en otros sitios, algo que es un valor añadido. Ahora, puedes tener un Ferrari, que si no tienes un buen conductor no haces nada. Y aquí tenemos los mejores conductores, un equipo internacional y multidisciplinar con geólogos, arqueólogos, biólogos, médicos, químicos, físicos, conservadores y todas las disciplinas que te puedes imaginar. Nuestro equipo humano es de lo mejor y muy especializado, tanto los investigadores como los técnicos. 

¿Qué significa, por ejemplo, que una investigadora como Leslea Hlusko haya decidido venirse al Cenieh y a Burgos? 

Pues un fichaje como el de Messi o el que sea el mejor futbolista, que yo no entiendo. Tú puedes tener equipos de investigación muy buenos en muchos sitios, y les hay, pero la riqueza es encontrar un centro como el nuestro en el que en la misma localización tienes todos los ámbitos necesarios para abordar cualquier estudio de evolución humana que te interese, aquí tenemos todas las disciplinas y esto hace que el trabajo sea completo. Viene el investigador con sus datos y sabe que va a poder tener una discusión sobre la mesa con los mejores.

¿A estos mejores les gusta, además, la ciudad?

Les encanta. Parte del atractivo de venir aquí es la ubicación. Tenemos mucha gente de fuera que hace un cambio importante si ha vivido en una gran ciudad, pero están felices porque Burgos es espectacular, tiene una gran calidad de vida, seguridad y mucha tranquilidad y ahora está radiante en pleno centenario de la Catedral. Además, está dentro de una provincia monumental en todos los sentidos; para las personas que estudiamos el patrimonio, no habrá otra con mayor riqueza que esta. Y todo esto suma a la hora de atraer a estos talentos.

Hay mucha multiculturalidad en su plantilla. ¿Qué le aporta esto al trabajo?

La riqueza humana es la de la diversidad, cuanto más diferentes seamos más podremos aportar y aquí hay un ámbito de interacción riquísimo porque cada uno trae cosas diferentes de sus orígenes y de su experiencia profesional. El científico tiene que tener una visión amplia y lo más objetiva posible pero si todos miramos las cosas desde el mismo sitio nos estaremos perdiendo muchos matices de la realidad y por eso la evolución humana, que es un tema tan universal, está tan libre de fronteras y de cualquier tipo de interpretación estrecha. 

¿Es este, pues, un buen espacio para funcionar como antídoto del racismo y la xenofobia?

Hombre, claro. La historia de la evolución humana si algo nos enseña es que el éxito de la especie fue, precisamente, el de la diversidad; las especies demasiado estrechas, demasiado parecidas entre sí, demasiado endogámicas, están condenadas a la extinción, es difícil que una especie que esté muy aislada se mantenga. Parte de la extinción de los neandertales probablemente tuvo que ver con haber estado aislados durante mucho tiempo porque Europa era un territorio de difícil acceso. Para nosotros habernos mezclado con ellos nos dio una serie de ventajas que nos permitieron adentrarnos en un territorio nuevo. La historia de la evolución humana habla del éxito de la diversidad.

Entiendo que le explicaría esto con gusto a quienes mantienen discursos públicos racistas y xenófobos.

¡Es que a la luz de la antropología y de la biología el concepto de la raza es obsoleto, ya no existe, no tiene ningún peso! Todo el que ha pensado que la validez de una comunidad estaba basada en la raza pura está equivocado, es que es todo lo contrario. A nosotros nos vino bien mezclarnos con otra especie -no con otros sapiens de otras regiones geográficas sino con otra especie diferente- y probablemente gracias a eso estamos aquí, somos un crisol de humanidades extintas. Además, cuanta más diversidad haya genéticamente somos más fuertes. 

¿La gestión le ha quitado tiempo para la investigación?

Evidentemente, la tengo que compaginar ahora mucho más con otros temas y es cierto que me deja menos tiempo para mi investigación individual pero ha sido tremendamente enriquecedor lo que he tenido que aprender para poder gestionar y ayudar a los trabajos de otros, así que científicamente me siento más enriquecida. Ahora tengo que tener los cinco sentidos en otras cuestiones como las burocráticas pero es positivo. La gestión siempre ha sido muy denostada porque es ardua, dura y diré que, a veces, desesperante, por el tipo de arquitectura que tiene, que te viene impuesta. Ahora, para mí han sido muy positivos estos años porque yo creo que si quieres conseguir cosas tienes que conocer las reglas del juego y una vez que te metes, conocer el lenguaje, los problemas, las tuercas que hay que apretar... y todo esto es estimulante. Prefiero estar en el lado en el que se puede hacer algo y no en el del que se queja. Viví mucho tiempo en ese otro lado en el que no comprendía por qué había cosas que no se podían hacer. Ahora lo comprendo y las intento desbloquear. 

¿Cómo diría que es su estilo de gestión?

Facilitar las cosas. Yo no digo ‘esto no se puede hacer’, digo ‘vamos a intentar ver de qué forma lo podemos hacer’, pero para esto hay que aprender las trampas de la burocracia y cómo sortearlas, leer mucho y tener un buen equipo gestor, que aquí lo tenemos.

Durante mucho tiempo la gente de la ciencia se ha quejado, y con mucha razón, del abandono económico e institucional de la misma. ¿Cree que la pandemia ha revertido esta situación?

Lo que ha hecho la pandemia, de momento, es mostrar a la sociedad lo importante que es la ciencia. El miedo que tengo es que haya ocurrido porque es un momento de urgencia y que nos centremos solo en las llamadas ciencias aplicadas con esa dualidad mal entendida de la ciencia básica y la ciencia aplicada. Ahora la gente quiere la vacuna pero es que detrás de eso hay muchos años de investigadores que se han dedicado a estudiar, por ejemplo, de qué estaba hecha la membrana de una célula o cómo funciona una mitocondria y a esto la gente no le ha prestado atención. Si no hubiera habido muchos años de investigación básica de gente en cuyas tesis de estudios celulares, químicos, etc, no aparecía la palabra ‘vacuna’ ahora no la tendríamos.

¿Esto puede tener que ver con la falta de cultura científica que hay en la sociedad?

Es que no es sencillo, lo estamos viendo ahora con las vacunas y la desinformación. La gente ahora, porque tiene miedo y tiene prisa, quiere comprender en un momento algo para lo que hay muchas personas que estudian una carrera que dura muchos años. Solo para comprender cómo funciona el cuerpo se tarda años y como nos ha entrado la urgencia de entender ahora en dos tuits y 140 caracteres todos son expertos en vacunas. Tenemos la urgencia de querer saber más que nadie pero para eso hay que leer mucho, digerirlo e ir a las fuentes fiables.

Se ofrecieron desde el Cenieh al anterior ministro de Ciencia, Pedro Duque, para liderar la investigación molecular, un proyecto que haría a España «singular y revolucionaria» y él lo vio con buenos ojos. ¿Cree que su sustituta, Diana Morant, lo seguirá apoyando?

No la conozco aún y espero poder hacerlo pronto, la vamos a invitar y confío en tener su apoyo. Pero no soy adivina aunque por eso mismo, en general, soy optimista y siempre pienso bien de entrada, y sobre todo porque el proyecto es realmente novedoso.

¿Lo puede explicar de una forma sencilla?

Es un ejemplo bonito de lo que decíamos antes sobre la ciencia básica y la ciencia aplicada. No es directamente aplicación pero en nuestro interés por maximizar la información que se puede extraer de la evidencia, desarrollamos técnicas para hacer hablar a los muertos, literalmente, que luego resulta que son útiles para otros campos. Si yo me he esforzado por desarrollar una técnica para extraer las proteínas, evidentemente va a hacer que todo el método de biología molecular se adelante y servirá para otros estudios. Todo el mundo sabe ahora lo importante que es el ADN para cualquier campo: médico, forense, de identidad... entonces cualquier mejora de técnicas de análisis de ADN afecta a muchísimos campos. 

¿Se van a poder beneficiar de las ayudas europeas a la recuperación post-pandémica?

Sí, estamos ya preparando proyectos. En este sentido va el laboratorio de arqueología experimental que vamos a estrenar, donde se reproducirán determinadas actividades de los homínidos (descarnar un hueso, por ejemplo), se registrarán las marcas que quedan y empezaremos a tener un repertorio de cómo son esas marcas si se corta un hueso cuando está fresco o cuando está seco o cuando se percute... Tendremos una biblioteca de marcas, de manera que si voy al yacimiento y me encuentro una voy a poder compararla y saber su origen. 

Usted hizo su tesis doctoral sobre el aparato dental en los homínidos. Ahora otra investigación ha descubierto por un diente el sexo del conocido como ‘chico de la Gran Dolina’, que es una chica. ¿Qué tienen estas piezas que nos dan tanta investigación?

Los dientes son la joya de la corona, la joya del esqueleto, porque proporcionan información muy variada, es la caja negra de un individuo porque nos da muchos datos. Primero, a qué especie pertenece, algo que para nosotros es fundamental porque cada una de las características del diente tiene un gran componente hereditario, de manera que si tú comparas cuánto se parecen unos dientes de un individuo a los de otro, asumes que cuanto más se parecen más genéticamente relacionados están. También nos hablan sobre la dieta que tenían o si utilizaban los dientes como ‘tercera mano’, lo que nos sirve para saber si eran diestros o zurdos. Y nos habla sobre el sexo, porque el diente está hecho de dos tejidos: la dentina, que está dentro,  y el esmalte, que es el blanco, lo que vemos cuando una persona sonríe. La cantidad proporcional que hay de cada uno de estos tejidos varía según el sexo del individuo de manera que las mujeres suelen tener un esmalte relativamente más grueso o la dentina más pequeña y los hombres, lo contrario. Esto lo estudiamos en uno de nuestros proyectos más importantes a nivel de comunicación que es el de la colección Ratón Pérez. Gracias a la colaboración ciudadana tenemos una colección extraordinaria de dientes en los que no tenemos que estimar o adivinar si son de hombre o mujer porque lo sabemos y así en una muestra tan grande podemos ver esa proporción entre dentina y esmalte y gracias a eso desarrollamos una serie de fórmulas con las que, si te traen un diente aislado, puedes decir casi con un 90% de probabilidad si es un hombre o una mujer.

 ¿Por qué cree que a las niñas y las jóvenes aún les cuesta optar por carreras científicas?

Creo que es un asunto con varios factores pero, al margen, es importantísimo que haya visibilidad, que tengan referentes porque no se puede escoger lo que no se conoce. 

¿Cree que hay que superar aquella dicotomía de la que antes se hablaba mucho sobre ser de ciencias o ser de letras?

Sí, por favor. El Cenieh es la única de las infraestructuras científicas y técnicas singulares de ciencias y humanidades y yo lo llevo con mucho orgullo. Un científico que no lea otra cosa... ¡qué pobreza! y uno ‘de letras’ que no tiene un conocimiento básico de cómo funciona la naturaleza pues también qué pobreza ir por el mundo así, sin entender nada. Pobreza por un lado y por el otro.

¿Ha estado este verano en las excavaciones de Atapuerca?

¡Hombre, por supuesto, y que no me lo quiten nunca!

¿Qué se siente cuando se toca esa tierra?

Que está viva. Si hay una tierra de la que no paran de salir personas e historias es aquella y eso nos provoca mucha emoción, allí estamos siempre con el corazón en vilo.